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Lunes, 11 de Diciembre de 2017

Hiperia

El estudio de las manifestaciones psíquica de la epilepsia ha permitido vislumbrar la posibilidad de que el funcionamiento hipersincrónico del cerebro no tenga por qué ser necesariamente patológico. En este apartado profundizaremos en el estudio de esta cuestión, llegando a la conclusión de que determinadas hipersincronías cerebrales han de ser consideradas fisiológicas. Propondremos el término hiperia para denominar a esos encendido fisiológicos hipersincrónicos cuando dan lugar a vivencias psíquicas. A lo largo de nuestro estudio hemos tenido ocasión de aludir ya en diferentes ocasiones a la estrecha relación que guarda el funcionamiento hipersincrónico de nuestro cerebro con el aprendizaje: en efecto, decíamos al hablar de las epilepsias reflejas y del kindling que nuestro cerebro “aprende” a ser epiléptico, es decir, tiene una tendencia muy fuerte a constituir en fijos e indefinidos los modos de funcionamiento hipersincrónico, concretamente ante estímulos repetitivos, los cuales, aunque incialmente no dan lugar a respuesta hipersincrónica, ésta sí aparece si el estímulo se repite un número conveniente de veces (kindling). Es más, si el estímulo continúa repitiéndose suficientemente, la respuesta hipersincrónica del cerebro se hace indeleble, es decir: a partir de ese emomento, cada vez que aprece ese estímulo el cerebro reponde indefectiblemente con un encendido hipersincrónico. Este fenómeno se conoce con la denominación: potenciación a largo plazo.

Por tanto, nuestro cerebro es sumamente sensible a cualquier estímulo repetitivo. Por decirlo de una manera gráfica: ante un estímulo que se repite, nuestras estructuras cerebrales se ponen alerta, especialmente aquellas zonas de nuestro cerebro que son más epileptógenas (hipocampo, amígdala, cuerpo calloso, circuito límbico). Si el estímulo sigue incidiendo repetitivamente, eas zonas más epileptoides, acaban por dar una respuesta hipersincrónica: este nuevo circuito hipersincrónico que acaba de aparecer por primera vez (kindling), nosotros lo interpretamos como un nuevo engrama (un nuevo dato memoria). Si el estímulo sigue repitiéndose todavía por más tiempo, entonces el engrama, es decir, ese circuito hipersincrónico, se hace definitivo: es decir, se ha pasado de un dato de memoria de fijación (o memoria a corto plazo) a un dato de memoria de evocación (memoria a largo plazo). Así pues, los enecendidos hipersincrónicos que se producen tras estímulos suficientemente repetitivos no serían más que la fisiogenia del aprendizaje.

Un dato muy importante que viene a confirmar lo que hemos hipotetizado en el párrafo anterior viene constituido por el siguiente hecho: como consecuencia de la potenciación a largo térrmino, es decir, la consolidación definitiva de circuitos neuronales de hipersincrónicos se traduce en la aparición de cambios anatómicos en la neurona, en cuyas dendritas aparecen unas nuevas vesículas (neuroplasticidad cerebral). Pues bien, este nuevo tejido neuronal (estas nuevas vesículas) parecen constituir el almacén de la memoria. Efectivamente, las enfermedades que producen la destrucción de estas vesículas, como es el caso de las diferentes demencias, cursan con pérdida de la memoria.

Estos hechos neurofisiológicos de nuestro cerebro han llevado a  autores como Michel Baudry a postular que “la epilepsia puede representar un efecto secundario de un eficaz mecanismo de aprendizaje”.

Pues bien, nuevapsiquiatría postula una hipótesis que corrige y supera esa afirmación de Baudry: no es que la epilepsia sea un efecto secundario del aprendizaje, sino que la epilepsia, mejor dicho, determinadas formas de funcionamiento epiléptiforme o hipersincrónico de ciertas áreas de nuestro cerebro (hipocampo, giro dentado), constituyen el propio mecanismo neuropsicológico del aprendizaje, es decir, la herramienta de la que se sirve nuestro cerebro para aprender y fijar (memorizar) los datos que se le han proporcionado repetidamente. Efectivamente, cuando un estímulo ocurre de forma repetitiva, nuestro cerebro se pone en guardia y reacciona dando lugar a una sincronización de un gran número de neuronas: este encendido hipersincrónico sirve para que se constituyan puntos de unión entre todas esas neuronas. Es decir, esa hieprsincronía genera nuevos puntos de neurorrecepcion interneuronales, los posibilita la unión entre sí de todas las neuronas de ese nuevo circuito. Tras los primeros encendidos hipersincrónicos, los puntos de unión (los puntos de neurorrecepción persinápticos y postsinápticos) son todavía inestables pero a medida que el encendido hipersincrónico se repite, esos puentes de comunicación se irán haciendo más y más consistentes, hasta acabar determinando una unión estable y definitiva de todas las neuronas de ese circuito. Es decir, lo que en un principio era un encendido kindling todavía ocasional, se ha transformado ahora en un kindling definitivo o, mejor, dicho, en una potenciación a largo plazo.

Ésta sería la explicación neurofisiológica de la adquisición de la memoria: ese transformarse en definitivos, ese constituirse en datos de memoria, no es otra cosa que haberse transformado ese circuito neuronal, inicialmente ocasional, en un circuito neuronal perenne, el cual puede el sujeto ahora activar a voluntad. Por tanto, un dato de memoria, o engrama, no es más que un circuito neuronal determinado que, merced a sucesivos encendidos hipersincrónicos, se ha vuelto estable: normalmente el circuito no está encendido y el engrama reposa silencioso en nuestra memoria; pero, en un momento dado el sujeto puede activar ese circuito y entonces el dato de memoria se hace manifiesto en nuestra conciencia.

Lashley realizó experimentos entre 1921 y 1955, que ponían de manifiesto que la destrucción de un determinado engrama, o dato de memoria, depende más de la extensión de la lesión cerebral que de la localización de la misma, evidencia que apunta en la dirección de nuestra hipótesis de que el engrama ha de ser concebido, no tanto como un soporte molecular estático en el que, a modo de la información que metemos en el disco duro de un ordenador, constituye un dato, sino como un circuito funcional que puede incluir un gran número de neuronas y que, por tanto, puede ser muy extenso, circuito que sólo se activa cuando el sujeto quiere hacer consciente ese engrama.

La explicación que acabamos de ofrecer acerca de cómo se constituyen los engramas nos parece muy operativa. Entre otras posibilidades, es muy lógico suponer que varios engramas comparten parte de sus neuronas, lo que nos ayudaría a comprender, entre otras importantes funciones, la función paradigmática del lenguaje, es decir, el hecho de que nuestro cerebro coloque y clasifique las palabras, no de forma caprichosa, sino atendiendo a relaciones de de significación existente entre ellas, por ejemplo, en una balda todo lo referente a las frutas, en otra todo lo relativo a los colores, en la de más allá cuanto alude a los tamaños, etc. Es decir, el concepto “pera” estaría formado por, digamos, un circuito con un total de 10.000 neuronas en el que a su vez se pueden distinguir una serie de subcircuitos componentes: la porción X (supongamos que 500 neuronas), que estaría presente también en todos los conceptos que impliquen el engrama “verde”, la porción Y (otras 200 neuronas), válida para cuantos conceptos conlleven el engrama “ovoide” y la porción Z (2000), propia de todos aquellos conceptos que entrañen el engrama “fruta”.

Este modelo explicativo permitiría comprender por qué cuando la memoria empieza a deteriorase, se van perdiendo los significantes, no uno a uno y por separado, sino en grupos paradigmáticos; o por qué cuando nos confundimos solemos cambiar un significante por otro del mismo grupo paradigmático y decimos, por ejemplo, “limón” en vez de “naranja”: efectivamente, los dos comparten la porción de circuito neruronal que conforma el engrama fruta y los dos comparten igualmente la porción del circuito neuronal que significa “ácido”. Por tanto, cuando la unión estable de los circuitos empieza a deteriorarse por efecto de la demencia, es más probable que digamos “limón” cuando queríamos decir “naranja”, que no “limón” en vez de “fresa”, pues aquellos los dos cítricos comparten un mayor número de neuronas comunes “limón” y “fresa”.

Esta concepción de la memoria a base de circuitos funcionales, que en parte son compartidos por muchos engramas, permite además entender fácilmente por qué que la memoria reciente se deteriora antes que la memoria antigua: en realidad no se trata tanto de memoria antigua versus memoria reciente, como de memoria genérica versus memoria específica. En efecto, en todo engrama habrá porciones que son muy genéricas y que sirven para muchos engramas a la vez, frente a otras porciones que son cada vez más específicas y que, por tanto, son utilizadas por un menor número de engramas, y así asta llegar a aquella porción del circuito que pertenece únicamente a ese engrama y que sería el que le confiere su individualidad. Lógicamente los elemtos más genéricos de un circuito (los que constituyen la base del circuito) han tenido que ser adquiridos con anterioridad a los que son más específicos, pues estos últimos han de asentarse necesariamente sobre aquellos. Pues bien, cuando los circuitos empiezan a destruirse por efecto de una enfermedad deteriorante (demencia), los engramas comienzan a deshacerse por las partes más específicas que, al mismo tiempo, son las más recientes. De ahí ese fenómeno clínico tan característico de la demencia, en la que el cerebro del sujeto va perdiendo poco a poco cuanto había almacenado en la vida, pero no de golpe sino de forma progresiva y siguiendo un orden exactamente inverso al de adquisición.

Este modelo de memoria, a base un circuito neuronal para cada engrama, pero compartiendo distintas partes de esa cadena neuronal con otros muchos engramas, permitiría explicar también ese frecuente fenómeno de la memoria que queda bien patentizado por la conocida expresión “lo tengo su nombre en la punta de la lengua”, para referirse a un concepto que sabemos cuál es y del que somos capaces de dar muchos datos,e pero que todavía no se nos ha hecho consciente el significante que lo expresa: en estas ocasiones lo que sucede es que prácticamente se halla encendido todo el circuito hipersincrónico, pero no conseguimos activar el 100% de sus neuronas, es decir, disponemos ya del rostro de esa persona, de su profesión, de la última vez que le hemos visto, pero nos falta todavía su nombre de pila, lo que significa que tenemos encendidas ya 2975 de las 3000 neuronas que componen ese engrama, pero no somos capaces de activar todavía las 25 restantes.

Hay otro dato muy importante, esta vez a nivel farmacológico, que encontraría su explicación en la hipótesis aquí propuesta sobre el aprendizaje y la memoria: nos referimos al hecho de algunos fármacos que stán saliendo al mercado para prevenir y retardar el deterioro cognitivo y demencial del cerebro, actúan a nivel de los receptores neuronales glutamatérgicos o aminoexcitadores del cerebro, que son receptores cuya activación produce  una excitación neuronal, frecuentemente hipersincrónica. Hay dos tipos de receptores glutamatérgicos: los receptores glutamatérgicos ionotrópicos  (su activación abre un canal de iones, permitiendo la entrada rápida y rápida masiva de iones Na+, K+ o Cl en la neurona postsináptica) y los receptores glutamatérgicosmetabrotópicos (su activación da lugar igualmente a la apertura de un canal iónico, pore ahora medio de una serie de segundos mensajeros lo que supone una respuesta mucho más lenta). Así pues, los receptores ionotrópicos darían lugar a respuestas postsinápticas muy rápidas y masivas, mientras que los metabrotópicos producirían respuestas postsinápticas más lentas y comedidas.

Pues bien,

“se ha demostrado que los receptores glutamatérgicos de tipo metabrotópico -y estoy citando literalmente el trabajo Los receptores metabotrópicos de aminoácidos excitadores: clasificación y mecanismos de transducción de G. Fragoso y A.M. Colomé- participan en muchas funciones cerebrales como fenómenos de plasticidad sináptica y la potenciación a largo plazo, que son la base del aprendizaje y de la memoria”.

Los fármacos antidemencia que han visto la luz hasya ahora, actúan de una forma bastante grosera (y, quizá por ello, también bastante ineficaz), inhibiendo el encendido de tdos los dos subtipos de receptores glutamatérgicos. Ahora bien, cuando la industria farmacéutica sea capaz de sintetizar sustancias que, por una lado potencien el funcionamiento de los receptores metabrotópicos (que son los que posibilitan el aprendizaje y la memoria), y por otro inhiban el encendido de los receptores ionotrópicos (AMPAKainateNMDA) que son los que posibilitan la entrda rápida y masiva de Ca+ en la neurona causando su muerte (y probablemente, de esa manera, la demncia), una vez que la industria farmacéutica haya sido capz de sintetizar sustancias con esta doble función (inhibir los receptores glutamatérgicos ionotrópicos, al tiempo que respetan o incluso potencian el endendido de los receptores glutamatérgicos metabrotópicos), nos hallaríamos muy próximos al gran evento farmacológico de haber desarrollado el fármaco verdadera eficaz contra la demencia… ¡nuestra opinión es que quedan pocos años para lograr este hito farmacológico!

Digámoslo una vez más, y para finalizar ya este apartado de hipersincronía neuronal y aprendizaje y memoria: la constitución de sucesivos y cada vez más numerosos circuitos estables y duraderos es la manera que tiene nuestro cerebro de construir engramas, proceso que se lleva a cabo merced a encendidos cerebrales hipersincrónicos: nuestro cerebro, las informaciones que le llegan repetidamente, las transforma en engramas a base de encendidos hipersincrónicos los cuales, al igual que ocurre en el estañado de un circuito eléctrico, suponen las constitución de nuevos puntos de neurorrecepcion en las dendritas neuronales que fijan y dan estabilidad definitiva a un circuito neuronal que hasta entonces era solo ocasional e inestable.

Lógicamente ese proceso de “estañado” tendría que ser especialmente intenso y  frecuente en los primeros días y meses de vida, cuando para el cerebro del recién nacido todo es nuevo y todo, absolútamente todo, está por almacenar: ni siquiera las porciones más genéricas los engramas basales (hambre, sed, dolor, luz, sonido) han sido todavía grabadas. Pues bien, el hecho de que el cerebro de este niño recién nacido se se pase hasta el 99% del tiempo durmiendo en los primeros días de su vida, es decir, en funcionamiento hipersincrónico, apunta precisamente en esta dirección. En este sentido, cabría interpretar el dormir. o al menos alguna de las fases del sueño, como los momentos de funcionamiento neuronal hipersincrónico que dedica nuestro cerebro para fijar definitivamente los datos de la memoria transformando en estables circuitos que hasta ese momento eran sólo provisionales? También las funciones de dormir y de soñar se hallan en íntima conexión con el funcionamiento epileptiforme de nuestro cerebro: en efecto, las fases 2 y 3 del sueño aparecen en el electroencefalograma complejos de puntas y punta-onda que son muy similares a las que aparecen en la epilepsia.

Para no extendernos innecesariamente en busca de datos que avalen este hecho, nos limitaremos a señalar, como argumento paradigmático, que cuando se quiere potenciar la sincronización neuronal durante el registro de un trazado electroencefalográfico, se recurre a la hiperventilación o a la estimulación acústico-luminosa o al uso de cafeína, pero también al electroencefalograma de sueño, ya que rsas cuatro herramientas sirven para potenciarla hipersincronía neuronal.

Por otro lado, sabemos por repetidos experimentos que se han llevado a cabo con animales, que el soñar, es decir, de ensueños durante el acto de dormir (actividad que se realiza durante la llamada fase REM del dormir) es indispensable para la vida: sin fases de sueño REM el animal se muere. Por tanto, la elaboración onírica (elaboración de sueños? tiene que jugar un papel muy importante en la biología del individuo, hasta el punto que de ella depende la supervivencia del mismo. Resulta fácil hipotetizar que esa función -tan sumamente importante, que es vital- que acontece durante el sueño REM, sería la transformación y fijación de los njuevos datos mnésicos adquiridos durante el día a memoria de largo plazo.

Pero es que, además, a poco que nos detengamos a analizar la fenomenología de los sueños, caeremos en la cuenta de que los mismos reúnen siempre los rasgos fenomenológicos que hemos señalado como definidores y caracterizadores de las producciones psíquicas hipersincrónicas, a saber: automatismos psíquicos que se despliegan en la mente de manera completamente pasiva y que son vivenciados con una enorme intensidad y con fuerte sentimiento de extrañeza.

En resumen, hay abundantes evidencias que apuntan a que los sueños constituyen una actividad fisiológica del cerebro, de naturaleza hipersincrónica o epileptiforme, la cual está estrechamente relacionada con la fijación de los datos del aprendizaje (memoria de evocación o de largo plazo). Esta importante función de los sueños ayudaría a comprender otro hecho que, aunque bien establecido, resultaba hasta el presente difícil de explicar: nos referimos al bien probado dato de que las fases REM del sueño son imprescindibles para la vida, es decir, que no se puede vivir sin soñar. Cuanto acabamos de decir acerca de la estrecha interrelación entre hipersincronía y sueños por un lado, e hipersincronía, aprendizaje y memoria por otro, es válido también para la hipersincronía y el orgasmo: en primer lugar, a poco que nos fijemos en esta vivencia, enseguida podremos verificar que se trata de una vivencia en la que se concitan todas las características fenomenológicas de las vivencias epilépticas y/o hipéricas: automatismo psíquico durante el cual el sujeto experimenta una intensa vivencia psíquica placentera que se desarrolla toda ella de forma pasiva y ajena a la voluntad del sujeto, la cual -no por muy conocida- deja de acompañarse de un cierto sentimiento de asombro y extrañeza.

Pues bien, son numerosísimas las evidencias que ponen de manifiesto que durante el orgasmo se produce un encendido neuronal hipersincrónico, el cual se traduce en esa peculiar vivencia psíquica, intensamente placentera, que denominamos orgasmo: los datos científicos que avalan esta interpretación son abrumadores, con numerosas publicaciones relativas a crisis epilépticas parciales cuya única manifestación clínica es una vivencia orgasmática que se desarrolla de forma completamente espontánea y automática, así como orgasmos en los que se ha podido detectar electroencefalográficamente la correspondiente descarga hipersincrónica neuronal.
Y todavía un importante dato más en esta misma línea: los fármacos que hemos venido analizando a lo largo de este trabajo como supresores de la hipersincronía neuronal (antiepilépticos, antidepresivos tricíclios y serotoninérgicos) producen todos ellos anorgasmia. Con toda esta abundante información relativa a funciones cerebrales vitales que son de naturaleza hipersincrónica es lógico pensar que la hipersincronía neuronal, al menos en alguna de sus variantes, sería la expresión de un funcionamiento fisiológico del cerebro.

Este funcionamiento hipersincrónico del cerebro se halla en parte ya consolidado y explicaría todo aquello que guarda relación con el aprendizaje. Pero, además, se trata de una función cerebral en permanente estado de progreso y evolución, de tal modo que, además del proceso de conocimiento y comunicación habituales (conmocimiento lógico y comunicación mediante el lenguaje articulado), nuestro cerebro estaría en vías de desarrollar nuevas formas, y más evolucionadas y eficaces, tanto de conocimiento como comunicación, la cual implicaría al menos dos importantes avances cognitivos con respecto al funcionamiento intelectivo previo:

  1. En primer lugar, una nueva forma de comunicación con más posibilidades de comunicación que el lenguaje hablado: la telepatía.
  2. En segundo lugar, la definitiva consolidación de un modo de conocimiento que viene insinuándose desde hace milenios: el conocimiento intuitivo.

Estas dos nuevas actividades hipersincrónicas de nuestro cerebro, la telepatía y la intuiciín, se hallarían todavía en buena medida en vías de desarrollo y de consolidación, hecho que explicaría el que las encontremos más desarrolladas en unos determinados colectivos de población que en otros.

Proponemos el término hiperia para denominar estas nuevas funciones cognitivas puesto que las mismas se fundamentan en un funcionamiento hiper-sincrónico del cerebro, es decir, en un encendido cerebral”excesivo”. De ahí que, partiendo del prefijo griego hiper (demasiado, excesivo), hayamos propuesto el neologismo hiperia, el cual significaría literalmente “excesividad”.

Se entenderá mejor qué queremos decir con “una nueva forma de comunicación” si, abriendo ahora un paréntesis, analizamos brevemente el lenguaje en cuanto función cerebral: toda persona nace con las estructuras cerebrales necesarias para aprender a hablar, es decir, su cerebro posee una serie de circuitos neuronales que conforman una estructura global la cual sirve para almacenar y poner en funcionamiento los datos necesarios para hablar. Por tanto, cada sujeto dispone en esa factoría de suficientes baldas, cintas transportadoras, mesas de mezcla y demás dispositivos necesarios para poder construir, con los datos allí almacenados, un sistema de alto poder comunicativo como es el lenguaje articulado. A nuestro juicio ha sido precisamente el desarrollo de estas estructuras cerebrales, las del lenguaje, lo que ha posibilitado el fulminante despegue y distanciamiento del hombre con respecto al resto de los primates. Ahora bien, lo lógico es pensar que la función del lenguaje no apareció de golpe en toda la especie humana, sino que se instauraría progresivamente a lo largo de cientos o miles de generaciones, mostrándose primero en pequeños grupos de población filogenéticamente más desarrollados, para extenderse luego poco a poco al resto de la especie.

Pues bien, otro tanto estaría ocurriendo ahora con respecto a la función de la hiperia: en el cerebro de los seres humanos se estarían conformando nuevas estructuras y circuitos neuronales que posibilitarían una nueva modalidad de comunicación más potente que el lenguaje articulado, que no es otra que la telepatía o comunicación entre dos mentes a distancia. Basamos esta atrevida propuesta en el hecho de que la telepatía es precisamente una de las vivencias que más a menudo genera la hipersincronía neuronal. En efecto, en el cerebro de los enfermos mentales, como consecuencia de su funcionamiento hipersincrónico, podrían aparecer una variedad infinita de ideas y convicciones psíquicas absurdas, pero curiosamente casi siempre deliran con un mismo tema: las vivencias referenciales, es decir, con la convicción de que se ha establecido, bien sea él con los demás, bien los demás con él, una comunicación a distancia. Así, encontramos a nuestros enfermos quejándose una y otra vez que en la televisión hablan de él, que la gente por la calle se da cuenta de sus pensamientos, que comentan entre ellos su vida íntima, etc. Si el delirio fuese expresión de una enfermedad cerebral sin más, o sea, un simple epifenómeno del proceso morboso que ha atacado al cerebro, lo lógico sería pensar en una gama casi infinita de delirios. Es decir, lo lógico sería que cada enfermo inventase su propio disparate delirante: éste que la miguita de pan que acaba de ver en el suelo contiene en su interior todos los árboles de la China, aquél otro que la tierra es un rayo de luz a baja temperatura, y el de más allá que las ratas en Polonia tienen que tener cinco patas puesto que las de España tienen sólo tres… y, así, ¡una variedad de disparates hasta el infinito!

Pero no ocurre de ese modo, sino que la inmensa mayoría de los enfermos se empeñan en delirar siempre con la misma cuestión: la transmisión telepática de los pensamientos. He aquí un tremendo enigma que lleva miles de años escondido en la psicopatología y que, como el arpa de Bécquer, permanece a la espera de que llegue esa mano sabia que sepa desentrañarlo. Nuestra proposición, por más atrevida que pueda parecer, consiste en interpretar las vivencias delirantes referenciales como un esbozo de telepatía.

Pero decíamos que la hiperia probablemente signifique tambien la maduración y consolidación de la intuición, esa modalidad de razonamiento que desde los albores de la humanidad viene insinuándose como una alternativa más rápida y certera que el razonamiento lógico. No es ahora el momento en entrar en largas disquisiciones filosóficas, pero todas las escuelas de filosfía, y con ellas todos los diferentes filósofos que en el mundo han sido, pueden fácimente dividirse en dos grandes corrientes: idealistas ferente a racionalistas. Para los primeros existe un todo un mundo de conocimiento -el mundo de las Ideas platónicas- al que no se puede acceder por la razón lógica, sino tan solo mediante la intuición. En cambio los segundos, los racionalistas, defienden que el conocimiento cognitivo sólo es posible mediante el razonamiento lógico.

En este sentido, el autor de NUEVAPSIQUIATRÍA se alinea clara y explícitamente dentro del primer grupo filosófico, a saber: el de los idealistas. Opinamos, junto con Platón o con San Agustín o conSchopenhauer, por citar sólo algunos destacados filósofos de esta corriente, que la intuición -esa forma de conocimiento súbito, no razonado, no deducido, no inducido y, además, que se acompña del sentimiento de certeza- es el modo que tiene el cerebro humano de acceder al mundo de las Ideas, al mundo que está más allá de los aprioris de la conciencia en estado normal de vigilia. Efectivamente, y siguiendo a Kant, podemos decir que nuestra conciencia vigil no puede escapar a las leyes del tiempo y del espacio, ni tampoco a la ley de causa y efecto: cualquier razonamiento que hagamos estando despiertos, mejor dicho, en estado de conciencia vigil y lúcida, ha de someterse a los condicionamientos apriorísticos de esa concienca, o sea, al espacio, al tiempo y a la lógica. Estando despierto y lúcido, no me es posible estár en dos localidades diferentes al mismo tiempo, ni me es posible vivir en dos épocas históricas en el mismo instante, ni puedo hallar ninguna causa que no produzca un efecto ni ningún efecto que no obedezca a una causa. Eso es idefectiblemente así en el estado de conciencia de vigilia, pero… ¡hay otros estados de conciencia!

Efectivamente, además de la conciencia vigil que tenemos mientras estamos despiertos y lúcidos, existe la conciencia onírica (la conciencia que tenemos durante el sueño), la conciencia epiléptica (hemos hablado de sus características fenomenológicas a lo largo de toda esta obra), la conciencia hipnótica (conciencia durante la hipnopsis), la conciencia precomatosa o comatosa, etc. Pues bien, en algunos de estos diferentes estados de conciencia ya no rigen los aprioris kantianos: así, en los sueños escapamos a las leyes del tiempo y el espacio, y podemos vivir en lugares y tiempos diferentes en un mismo instante. En el etado de conciencia hipnótica que alcanza durante la meditación, el místico o el folósofo experimenta fortísimas intuiciones que se parecen en todo a lo que Jaspers denomina idea delirante primaria.

Estos estados de conciencia que están más allá del tiempo y del espacio y de la lógica, se corresponden con lo que Schopenhauer denomina la voluntad -equivalente más o menos a la cosa en sí kantiana-, la cual, a diferencia fenómeno, no está sometida a la ley de causa y efecto, ni tampoco al tiempo, ni al espacio. Esta voluntad única, indivisible, eterna, carente de tiempo, espacio y lógica, no puede ser aprehendida por la reflexión lógica, sino tan sólo por la intuición que es un conocimiento contemplativo puro que no aprehende el fenómeno espacio-temporal, sino la cosa en sí o Idea. Precisamente refiriéndose a la intuición, Schopenhauer aporta una cita de Goethe que, literalmente dice: “mediante la intuición se fija en pensamientos eternos lo que se mueve vacilante en forma de fenómenos fugitivos”. Intuición -aprehensión inmediata de un conocimiento eterno- es, para Shocpenhauer, sinónimo decontemplación extática o de sentimiento de beatitud: es siempre la adquisición certera e inmediata de un grado de objetivación de la voluntad, es decir, la aprehensión inmediata de la Idea eternaque permanece siempre invariable detrás de los cambiantes fenómenos.

Creemos conveniente relacionar aquí y ahora esta noción de intuición shopenhaueriana con la idea delirante primaria de Jaspers, que es también una idea fulgurante y súbita que surge del interior de la personasin ningún discurso reflexivo previo que la explique, y que se impone en la conciencia con una tremenda fuerza de convicción y veracidad, de tal modo que resulta irrefutable mediante cualquier tipo de argumentos. Vemos, pues, que salvo por lo que puedan variar en los contendios, las intuiciones de Schopenhauer y las ideas delirantes de jaspers son cogniciones mentales que se manifiestan con idénticos rasgos fenomenológicos.

Tras este pequeño ex-curso filosófico, volvemos al punto que estábamos desarrollando: la hiperia como función cerebral que genera conocimiento más allá de la lógica. Efectivamente, además de las vivencias de transmisión del pensamiento, otra de las producciones psíquicas que más a menudo generan los encendidos hipersincrónicos son esas vivencias cognitivas en las que el sujeto, repentinamente y con una fuerza vivencial tremenda, experimenta la convicción absoluta e inamovible de que acaba de adquirir un conocimiento nuevo que queda grabado en su memoria de forma indeleble. Estas cogniciones, independientemente de que sean denominadas ideas delirantes primarias en psiquiatría o visiones intelectuales en mística, son idénticas en uno y otro caso: certezas fulgurantes que se instalan en la conciencia del sujeto con la rapidez y la fuerza del rayo y que no parecen responder a ningún proceso de razonamiento lógico previo, sino que se imponen de repente como una verdad absoluta e inquebrantable proveniente del interior del propio sujeto.

En los capítulos siguientes expodremos con detalle que  esta comunicación telepática y este conocimiento intuitivo son manifestaciones psíquicas muy frecuentes, no sólo en los enfermos mentales, sino también en casi todas las personas normales bajo el efecto de ciertos estímulos químicos (drogas y psicotóxicos en general) y, también, en los místicos de todas las épocas y escuelas, así como en muchos artistas.

INTRODUCCIÓN
INCONSISTENCIAS PSIQUIÁTRICAS
PSIQUIATRÍA Y EPILEPSIA
AUTOMATISMOS MENTALES Y PSIQUIATRÍA
HIPERIA
HIPERIA Y CREATIVIDAD
HIPERIA Y DROGAS
CONSECUENCIAS DE LA HIPERIA

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