Cargando...

Jueves, 19 de Octubre de 2017

Terrorismo psiquiátrico

Admirado Dr. Álvarez:

Seguramente no se atreva Vd. a publicar mi carta anónima, pero no estoy dispuesto a prostituirla con eufemismos a cambio de… no sé qué beneficios.

Quiero denunciar el maltrato oficializado que se permite en España a la psiquiatría. Y lo ilustraré con mi ejemplo, que lamentablemente será sólo uno entre muchos:

Tengo dos hermanas mayores que padecen profundos trastornos de personalidad. Con una de ellas, narcisista, hace años que gracias a Dios no tengo contacto. Mientras lo tuve convirtió mi vida, como la de todo el mundo en su entorno, en un infierno.

La otra está mal diagnosticada de `bipolar II´. El diagnóstico se lo hizo un psiquiatra mediocre simplemente pasándole el test del DMS IV. Hace muchos años que no va a ningún especialista, y el que le diagnosticó se limita a subirle o bajarle la medicación por teléfono, sin tener en cuenta que ella consume alcohol a diario y que frecuentemente incluso se emborracha. Es adicta a las cartas del tarot y seguidora fiel de una `bruja´ (así se califica a sí misma su líder).

El marido de esta hermana es un sádico que abusó sexualmente de mí siendo niño. Creo que con esto se lo digo todo.

Vamos al grano: al parecer, recientemente mi cuñado y mi hermana se enteraron de que yo tenía una oferta de trabajo en una ciudad lejana. Yo estaba viviendo hasta entonces en un piso suyo por el que les pagaba un alquiler desorbitado (nunca he sabido defenderme). Fue entonces cuando pusieron en marcha su maquinaria: mi hermana se dedicó a llamar sistemáticamente a todos mis amigos, explicándoles que yo estaba trastornado. Mis amigos, los de verdad, lógicamente no le hicieron caso. El siguiente paso fue presionar a mi psiquiatra, con infinidad de mentiras absolutamente descabelladas, para convencerle de que yo estaba `en crisis´. Puesto que mi psiquiatra se iba de vacaciones, me puso en manos de una compañera, que no me conocía de nada, a la que `mi familia´engañó sin escrúpulos.

El caso es que acabaron consiguiendo mi internamiento durante dos semanas (lo que tardó en desmontarse el montaje), lo cual a punto estuvo de arruinar mi futuro profesional. De hecho me ha perjudicado hasta extremos todavía no calculables. Los médicos del hospital no podían entender lo que estaba ocurriendo. La psiquiatra que me adjudicaron me decía: “Yo a usted lo veo bien, pero la historia que me cuenta sobre su familia y la tarotista son increíbles”. Gracias a Dios mi psicóloga se enteró y acudió en mi auxilio. Yo no estaba en ninguna crisis, pero a punto estuvieron de provocármela.

Lo que denuncio aquí es que, cuando fui al hospital (tuve que llamar a la policía por las amenazas de mi cuñado, que continuaron incluso delante de la misma), una médico me dijo que no sería ingresado, que ya sabían que no me ocurría nada. Al día siguiente apareció la Guardia Civil en la empresa donde me estaban realizando la entrevista de trabajo, y desde allí me llevaron al hospital. ¿Qué diferencia hay entre esto y un secuestro?

Cuando mi psiquiatra regresó de vacaciones y se enteró de lo que había ocurrido no podía darle crédito… Le aporté pruebas de todo y él hizo un informe que incluyó en mi historial.

¿Con qué maldito derecho creen esos médicos-terroristas que pueden mentirnos a quienes alguna vez hemos padecido una enfermedad mental? ¿Puede haber trato más humillante e indigno? ¿En qué Juramento Hipocrático o `Hipocrítico´ figura eso?

A los `enfermos mentales´se nos trata peor que a los más crueles asesinos, porque se nos niega la palabra: cualquier cosa que digamos nosotros no tiene ningún valor al lado de lo que diga un psicópata no diagnosticado.

¿No sería más justo prohibir el ejercicio de la medicina  a quienes hacen eso? ¿No son tan responsables como los propios psicópatas?

No estoy denunciando especialmente mi caso ni pretendo generalizar estas conductas a todos los psiquiatras. Muy al contrario, la inmensa mayoría de especialistas que he conocido en mi vida han sido de gran altura profesional e incluso humana. Lo que sí denuncio es una legislación que permite a médicos y policías mentir y manipular a las personas que alguna vez hemos tenido un problema mental, sin importar que ello nos lleve a todo tipo de ruinas: personal, social, económica y hasta de la propia salud. Justo quienes se supone que deben cuidar de nosotros…

H.V.

COMENTARIO DE UN JUEZ AL ESCRITO DE H.V. (11 de febrero de 2014)

Me gustaría, como juez y como psiquiatrizado, comentar su “terrorismo psiquiátrico”.

El art. 763 de la Ley de Enjuiciamiento Civil  establece lo que en todo internamiento psiquiátrico no voluntario el Tribunal, antes de conceder la autorización o de ratificar el internamiento que ya se ha efectuado, el Tribunal oirá a la persona afectada por la decisión, al Ministerio Fiscal y a cualquier otra persona cuya comparecencia estime conveniente o le sea solicitada por el afectado por la medida. Además, y sin perjuicio de que pueda practicar cualquier otra prueba que estime relevante para el caso, el Tribunal deberá examinar por sí mismo a la persona de cuyo internamiento se trate y oír el dictamen de un facultativo por él designado. En todas las actuaciones, la persona afectada por la medida de internamiento podrá disponer de representación y defensa en los términos señalados en el art. 758 de la presente Ley. En todo caso, la decisión que el Tribunal adopte en relación con el internamiento será susceptible de recurso de apelación.

Así pues las garantías que ofrece el procedimiento están claras. Si no se cumple, se incurre en responsabilidad. Pero, acto seguido, hay que añadir: faltan jueces y fiscales, los juzgados están sobrecargados y nadie quiere asumir responsabilidades. Se tiran demasiados balones fuera y el fracaso judicial alcanza, no sólo el terreno médico o psiquiátrico, sino incluso el constitucional, por no mentar el político.

Como psiquiatrizado, me solidarizo con HV porque se lo que es ser detenido injustamente y ser tratado como un irracional, ser atado a una cama y objeto de burlas por policías municipales, mediquillos o enfermerillas, y otras gente que bien pueden denominarse psicópatas. Pero:

1.- Prefiero calificar a estos sujetos como mediocres apáticos aburridos. El calificativo “terroristas”  es una palabra manida que usan mucho los que están en el poder y quieren seguir abusando de él.

2.- Pero no todos los médicos, policías, jueces y empresarios son así… ¡de los políticos no estoy seguro! También hay gente decente entre los psiquiatrizados. Y viceversa: hay psiquiatrizados que son psicópatas, o, lo que es lo mismo, psicópatas psiquiatrizados. De modo que…

3.- Lo que sucede es que la empatía con los psicóticos es escasa, excepto entre hippies, borrachos, carrileros, artistas y otras gentes de mal vivir. Por una razón sencilla: la alteración de conciencia y la comprensión de sus consecuencias no está al alcance de cualquiera. Casi nadie conoce la existencia de varias memorias independientes y excluyentes… ¡excepto los locos, que no suelen hablar de ello! Como decían Cooper y Laing, para llegar a la metanoia hay que pasar por la paranoia. Esto es demasiado para casi todos los psiquiatras y para la mayoría de los profesionales que intervienen en el “proceso asistencial”, ya sean  jueces o policías.

  1. Por fin sólo un apunte de quienes más aparecen en esta disquisición y nadie menta como profesionales o como responsables: la familia. En el caso de HV es flagrante, pero es de una frecuencia que se podría denominar aterradora. Ojo con la sagrada familia, al igual que con la sagrada propiedad. Propiedad, herencia y familia es lo que heredamos del derecho romano y lo que prima en todos los códigos civiles napoleónicos, es decir, en toda Europa. El patrimonio y su transmisión. Nótese los pocos ingresos involuntarios psiquiátricos que hay de los carrileros, de la gente que no tiene nada, de los drogotas, picotas y borrachos tirados por las calles, o mejor, de los tirados por la calle que nada tienen y por ello se drogan o emborrachan: para matar el frío, la culpa y la tristeza. Es una típica observación de juez psiquiatrizado viejo: as los pobres no los quieren ni en la cárcel, ni en los juzgados, ni en los hospitales, ni en sus casas.
  2. Raramente piden las familias el iungreso de un loco por su propio bien. Una veces lo hacen por dinero y otras, las menos, por “honra”, por quedar bien con los vecinos: “que dirán”… “somos gente honrada”. Los locos manchamos la honra de nuestras familias. La esquizofrenia es hereditaria, como el patrimonio. Estoy empezando a ironizar sin que se note. De modo que, Don HV, ríase usted un poco de tanto necio cuerdo. Acuérdese del pobre Nieztsche, que llegó a dudar del eterno retorno por causa de su hermana y madre, entre cuyas garras murió callado, seguramente para ir quemando infierno en vida y ahorrar tiempo y energía. Los hermanos de Jesús no quisieron subir con él a Jerusalén para que no los tacharan de los hermanos del loco…

H.V. RESPONDE AL JUEZ: “GRACIAS A DIOS, SOY HIPÉRICO” (17 de febrero de 2014)

“Las formas de la conciencia dependen de las formas de la experiencia”. (K. Marx).

Sí, amigo juez…, también yo, antes de tener mis experiencias hipéricas, habría pensado de cualquiera que me hablase de esas cosas que estaba loco. De hecho, eso era exactamente lo que pensaba de todos los místicos y religiosos… hasta que –NO SE LO DIGA A NADIE- yo llegué a ser uno de ellos.

He necesitado cincuenta años para comprender la hiperia (gracias a Dios, Dr. Álvarez) y las experiencias místicas (gracias a Dios por tantos místicos en todos los lugares y tiempos), y un poco menos para saber que de eso no debe hablarse en público. Los usos del poder contemporáneo exigen la confesión para así controlarlo todo: hablad, hablad, malditos, que yo os clasifico y os domino. Finalmente nuestra única defensa, a día de hoy, reside en el silencio…

“El mundo os desprecia porque vosotros no sois del mundo”, dice Jesús. Y “no echéis perlas a los cerdos”. Muy fuerte el hijo de María…

Pero no puedo dejar de pensar en los niños que tienen hambre de sentido, en los jóvenes que se pierden ante vivencias que no comprenden y que su entorno invalida, con todo tipo de violencia… No puedo dejar de pensar en ellos, porque yo fui uno de esos niños y de esos jóvenes.

Ahora, después de tantísimo sufrimiento, disfruto de un triunfo inesperado: sé que Dios existe y que la vida tiene sentido… PERO NO SE LO DIGA A NADIE, no sea que me envíen –una vez más- a policías y a psiquiatras terroristas.

Reharé otra cita marxista: “¡Hipéricos de todos los países: uníos!”. Hipéricos: que Dios os bendiga.

METANOIA O HIPERIA ( 25 de febrero 2014)

En su respuesta a H.V. el Juez, no sólo trata de quitarle hierro al hecho de haber sido “psiquiatrizado”, sino que parece incluso valorar positivamente este término y, de hecho, no duda en aplicárselo públicamente a sí mismo. Para argumentar esta valoración positiva del concepto “psiquiatrizado” recurre a la concepción antipsiquiátrica y escribe: “Como decían Cooper y Laing, para llegar a la metanoia hay que pasar por la paranoia.”

Por cierto, la corriente antipsiquiátrica está ampliamente presente en Nuevapsiquiatría (véase en “Corpus”, el apartado “Inconsistencias psiquiátricas” y más específicamente “Inconsistencias históricas”).

Se explica allí que para la antipsiquiatría el enfermo psicótico, concretamente el esquizofrénico (que es el psicótico por excelencia), es el único que gracias su enfermedad, la paranoia, y por medio de ella escapa a los efectos perjudiciales de una sociedad enferma y consigue, de ese modo, instalarse en un estado mental donde ñla atmósfera venenosa de esa sociedad putrefacta ya no le afecta: es la metanoi). El metanoico, por tanto, es ese psicótico crónico que, tras cuarenta o ciencuenta años de manicomio, acaba aparentemente como ajeno a todo cuanto le rodea y pasando de todos los valores sociales.

Frente a esa posicionamiento del Juez, H.V. le responde: “¡Gracias Dios, soy hipérico!”. En román paladino: H.V. se decanta a favor de la hiperia frente a la metanoia por la que ha optado el juez… ¡prefiere considerarse hipérico y no metanoico!

Ni que decir tiene que Nuevapsiquiatría apoya y defiende también la elección de H.V. Cierto que la antipsiquiatría constituyó un movimiento muy valiente y muy positivo frente a la perjudicial psiquiatría manicomial propia de los sesenta-setenta del siglo pasado. Cierto que muchos “locos manicomiales” parecen haber alcanzado esa apaceia que preconizan místicos y filósofos desde hace siglos, es decir, a la ausencia de pasiones y por tanto a la ausencia de gozo o sufrimiento… esa especie de nirvana que caracteriza la filosofóa estoica. Pero… ¡a qué precio!

Bien está que uno busque voluntariamente el desprendimiento absoluto a través de meditaciones y demás técnicas adecuadas para ello, pero siempre que se adoprten y practiquen voluntariamente. Pero de ahí a que a uno le obliguen a subir el calvario del manicomio con la pesada mochila diagnóstica de esquizofrenia a la espalda, peregrinación cuya duración no baja de cuarenta o cincuenta años, eso es del todo inaceptable. Inaceptable por dos razones fundamentales: hay muchas dudas de que esa larga y penosísima caminata a través de la locura propia del manicomio lleve a la liberación de todos los deseos y temores. Pero, además, aunque así fuese, aunque el camino de la esquizofrenia sea vía adecuada para alcanzar la paz interior, nunca deberá ser algo impuesto sino escogido y aceptado voluntariamente.

Todavía hay otras muchas razones por las que es preferible Nuevapsiquiatría (hiperia) a Antipsiquiatría (metanoia), la cuales pueden resumirse del siguiente modo: la interpretación propuesta por Nuevapsiquiatría explica muchos hechos psicológicos que el modelo antipsiquiátrico ni siquiera aborda: herencia, fenomenología de las experiencias extraordinarias, respuesta los psicofármacos, otras alternativas de enfoque y manejo, etc.

En suma, entre pasarse cincuenta años sufriendo las durísimas inclemencias del manicomio o aprender a entender, aceptar y manejar adecuadamente las vivencias hipéricas, sin dudar, me quedo con la segunda oprción-

To Top

POST RELACIONADOS

1 comentario

Escribir un comentario