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Jueves, 19 de Octubre de 2017

¿Existe el trastorno límite de la personalidad (TLP)?

Bastantes personas han pedido que escriba sobre este diagnóstico. Como ocurre con casi todos los demás en psiquiatría, este concepto es muy endeble. Y ello hasta el punto de que muchos psicopatólogos niegan incluso la existencia de ese constructo psíquico llamado personalidad.

Los que sí creen en ella la entienden como esa parte del comportamiento de una persona que obedece a una serie de predisposiciones estables y que, por tanto, se mantendrá estable a lo largo de su vida, pudiendo por ello predecirse con antelación.

Como no podía ser de otra manera, y conforme al conocido dicho de que “cuando el diablo no tiene qué hacer, con el rabo mata moscas”, la psiquiatría se ha encargado de catalogar una larga y enojosa lista de “trastornos de la personalidad” atreviéndose a diferenciarlos y separarlos de lo que vendría a ser una “personalidad normal”.

La crítica más evidente que se puede hacer a la existencia de estos supuestos trastornos es que no es lícito establecer un diagnóstico, que por sí mismo abarca y alude a toda la vida, valiéndose de la observación realizada durante ese simple corte transversal que es la evaluación psiquiátrica. Es decir, nadie puede establecer cuál es mi personalidad por lo que ha observado durante una entrevista clínica.

Para soslayar esta insuficiencia esencial aparecen los llamados “tests de personalidad”, cuestionarios que supuestamente sirven para discernir cuál ha sido la personalidad de ese sujeto a lo largo de toda su vida. Pero la validez y/o fiabilidad de estas escalas no ha dejado de ponerse en duda desde el momento mismo de su aparición y de hecho cada día salen nuevos instrumentos de medición que son supuestamente mejores y más fiables que los anteriores.

Pero centrémonos ya en el TLP. Aquí se trata de un verdadero cajón de sastre consistente en “un patrón general de inestabilidad en las relaciones interpersonales, la autoimagen y la afectividad, y una notable impulsividad, que comienzan al principio de la edad adulta”, tal y como reza el DSM-IV. Para poder hacer el diagnóstico son suficientes cinco de los siguientes ítems:

1. Esfuerzos frenéticos para evitar un abandono real o imaginado.
2. Un patrón de relaciones interpersonales inestables e intensas caracterizado por la alternancia entre los extremos de idealización y devaluación.
3. Alteración de la identidad: autoimagen o sentido de sí mismo acusada y persistentemente inestable.
4. Impulsividad en al menos dos áreas, que es potencialmente dañina para sí mismo (p. ej., gastos, sexo, abuso de sustancias, conducción temeraria, atracones de comida).
5. Intentos o amenazas suicidas recurrentes, o comportamiento de automutilación.
6. Inestabilidad afectiva debida a una notable reactividad del estado de ánimo (p. ej., episodios de intensa disforia, irritabilidad o ansiedad, que suelen durar unas horas y rara vez unos días).
7. Sentimientos crónicos de vacío.
8. Ira inapropiada e intensa o dificultades para controlar la ira (p. ej., muestras frecuentes de mal genio, enfado constante, peleas físicas recurrentes).
9. Ideación paranoide transitoria relacionada con el estrés o síntomas disociativos graves.

Con tan ambigua y amplísima definición, ¿quién no ha reunido, en algún período de de su vida, los requisitos necesarios para ser diagnosticado de TLP? Por tanto, el supuesto TLP que está diagnosticando el especialista, ¿es algo temporal debido al período especialmente difícil por el que atraviesa el sujeto en esa época de su vida o es realmente la personalidad que ese sujeto mantiene establemente a lo largo de toda su vida, como pretende establecer dicho diagnóstico? En suma, ¿existe realmente el TLP o es tan sólo un constructo psiquiátrico que viene sirviendo como cajón de sastre para incluir allí a determinadas personas que en el momento de su evaluación presentan rasgos de inestabilidad en cuanto al manejo de sus emociones y de sus relaciones interpersonales?

Como muestra de que este cuestionamiento de la validez del concepto TLP no son conjeturas alarmistas nuestras sino que este diagnóstico psiquiátrico es realmente un castillo de arena, remitimos al lector que lo desee a un estudio publicado en la revista Psychological Assesement hace tan sólo cinco meses. En él su autor concluye afirmando literalmente: “las investigaciones existentes hasta este momento acerca del TLP deben ser interpretadas con cautela porque sus resultados no están basados en diseños válidos” (http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/26121384)

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