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Jueves, 19 de Octubre de 2017

Hacia un nuevo proceso en la cultura psiquiátrica

Participo como profesional voluntario en el GAT de Barcelona desde julio y querría exponer algunas reflexiones surgidas desde mi breve experiencia en relación con lo que me inspira esta forma de atender las dificultades mentales que sufrimos en nuestra vida y sociedad.

Mi forma de reflexionar es siempre bastante crítica, invitando a la duda y siempre intentando valorar y conocer las prácticas que tenemos, las cuales nos van a invitar a seguir reflexionando continuamente sobre lo que hacemos, decimos y sobre qué consecuencias tienen en los demás, las cuales conoceremos siempre junto con los demás. No soy partidario de idealizaciones ni entusiasmos, ni protagonismos individualistas, ni criticas radicales a la totalidad, ni de verdades aisladas. Considero la realidad como algo muy complejo y no existen soluciones mágicas, ni tampoco buenos o malos, aunque sí me gusta pensar la realidad entre los que quieren afrontar los problemas y los que tienen otros intereses que no suelen responder al bien común.

Considero que esta forma de reunirnos tanto afectados, familiares y profesionales es muy novedosa en nuestra sociedad. Los tradicionales GAM son una herramienta útil para el trabajo de apoyo mutuo entre afectados y esta nueva alternativa implica ciertas promesas que debemos seguir bajo una atenta reflexión crítica y valoración continua. A mi entender Nuevapsiquiatría surge para cuestionar críticamente el paradigma imperante de la enfermedad mental que se basa en el discurso del déficit, de la clasificación descriptiva sintomática y de la excesiva medicalización, la cual que genera a largo plazo cronificación en los procesos vitales de las personas que sufren algún tipo de problema mental. Las implicaciones nefastas de este paradigma no son tanto por lo que hacen, sino por lo que impiden que se pueda hacer en las vidas de las personas que sufren o sufrimos problemas mentales. Este discurso es bastante conocido, existen muchas voces públicas importantes y en general es relativamente aceptado por la sociedad. La duda que me surge aquí es si este discurso es realmente asimilado y comprendido por la sociedad. En mi opinión no. Es simplemente un discurso crítico, como tantos que tenemos y que operan en nuestra vida social. Necesario pero claramente insuficiente ante tanta desinformación o sobreinformación.

Considero que en esta sociedad hay una brecha alarmante entre nuestros discursos y nuestras acciones, y sin darnos cuenta favorecemos unas prácticas que son conocidas y sin querer dejamos en la ausencia otras posibilidades.

Digo esto porque la salud mental debe contextualizarse de una forma diferente a la que estamos acostumbrados tanto en la universidad, en la profesión, en el sistema público, en nuestra sociedad y en nuestra forma cultural. La salud mental: esto de llamarlo salud, de entrada, nos aleja realmente de lo que nos sucede cotidianamente. Y esto de llamarlo mental es claramente insuficiente. La mayoría de la gente conoce que lo que sufre no es una enfermedad mental al modo físico. Sin embargo, la ola de información que incide en hipotéticas causas cerebrales satura y sobreinforma a la gente de lo que le sucede en realidad. La gente está desinformada de que estos medicamentos son sustancias psicoactivas y no medicamentos propiamente. Aunque la gente sepa que su malestar no es una enfermedad mental, que en psicología clínica se suele llamar “trastorno”, aunque sepan que lo que están tomando es una sustancia que altera su biología cerebral y no está curando nada, esto no incide en seguir asumiendo implícitamente el paradigma biomédico en los problemas mentales. Y ¿por qué? Porque participan en el mundo de significados del paradigma biomédico, acuden a su centro sanitario, son atendidos por un médico, que es el que sabe y prescribe y la persona asume el tratamiento farmacológico; aparte su entorno refuerza esas decisiones y acaban asumiendo esas terminologías y descripciones de uno mismo, muchas veces sin querer saber de dónde vienen y qué es. También principalmente porque la autoridad del médico es algo que culturalmente está muy presente en nuestras mentes. Está muy presente en nuestro país y en el mundo creer y confiar en las autoridades y en las supuestas verdades. Es una forma heredada de siglos pasados a la hora de conocer la realidad. Ahora, habiendo tanta información requiere que la gente pueda buscar información y convertirla en conocimiento propio y mutuo. En buena parte eso es lo que hacemos los profesionales para con las personas que atendemos.

En este sentido, creo que Nuevapsiquiatría tiene como fin elaborar un discurso no solo critico, sino que construya otra forma de vivir, y como consecuencia pueda encontrar soluciones. Los GAT entiendo yo que son esa promesa práctica, pero debe valorarse claramente a nivel performativo, o sea, el significado de lo que estamos haciendo y como lo hacemos junto con las personas que colaboramos. Esto va a implicar que se practique una clara igualdad y horizontalidad en los procesos dialógicos, sin asunciones teóricas o planteamientos interpretativos que no sean consensuados o en parte expresados junto con los demás. Hablo de una ética vivida y puesta en marcha, continuamente sometida a un proceso de reflexión crítica en la propia autonomía de cada GAT. Hablo de que el mensaje que construyamos sea nuestra acción.

No se trata de simplemente seguir suavizando la realidad y en vez de hablar de enfermedad hablemos de salud, pues de ese modo seguimos anclados en la misma polaridad al paradigma médico. No podemos hablar de estigma a determinadas personas si no afrontamos claramente y visualizamos qué significa tener voces sonoras en nuestra mente, delirios o alucinaciones, ansiedades psicóticas o desánimos que hacen que la persona no quiera salir de la cama en meses. Existe un miedo atroz en las familias cuando su hijo padece estas alteraciones. Ese miedo debe ser escuchado, comprendido y atendido, porque en ese miedo existen proyectos y expectativas familiares que tal vez se están truncando en ese ser. No solamente debemos normalizar estas experiencias de alteración psíquica y social, sino asumir que forman parte de nuestra naturaleza humana y que al igual que en nuestra sociedad en general rechazamos la tristeza y nos escondemos para llorar solos sin que nadie nos vea, estamos haciendo lo mismo con eso que nos parece más inusual. El estigma es nuestra cultura a nuestra experiencia sensible ante la vida. ¿Pero cómo es posible que hayamos olvidado el reflexionar mutuamente sobre lo que nos sucede y estemos escuchando tanta y tanta información de todo tipo que solo conduce indirectamente a postulados de consumo, mercado, negocio del conocimiento, etc., como si fuéramos espectadores pasivos y aletargados de un show en televisión? Los problemas mentales son problemas de nuestra sociedad, no es acaso que pensamos así porque estamos ideologizados por este individualismo atroz y aislante. Es nuestra cultura, es un continuo que va desde esa felicidad ausente y ciega que se vende por todas partes hasta la locura alienadora que pueden sufrir algunas personas, y en el que todos podemos sufrir alguna vez. En general sufrimos de un no querer ver, hasta que nos estalla en la cara.

Mi experiencia en el GAT fue producto del azar, asistí a un seminario de Jakko Seikkula y allí conocí a la coordinadora del GAT de Barcelona. Puesto que Nuevapsiquiatría estaba allí establecimos una afinidad en las ideas que se mantienen en el enfoque de Diálogo Abierto y pudimos plantear la posibilidad de generar una simple práctica reflexiva, colaborativa y dialógica a la hora de organizar el trabajo en el grupo del GAT. Esta es una posibilidad que va en la línea de vivir de otra forma. Todos juntos, compartiendo reflexiones sobre lo que nos sucede, en un clima de respeto, sin juzgar, de diálogo que no es debate ni discusión ni enfrentamiento de puntos de vista, de profunda curiosidad por saber del otro a nuestro ritmo, construyendo relaciones que nos acerquen a comprender qué nos pasa en esto que llamamos sufrimiento o malestar. Sin actitudes ni roles profesionales, pero sí con compromiso y responsabilidad de saber qué nos pasa y como atenderlo mejor. Yo considero que la forma en la que vivimos es lo que construimos, tanto en lo que decimos, como en lo que hacemos en nuestra mente privada y en nuestros mundos de significado.

Veo y temo que desde los intereses profesionales corporativos, comprender esto es difícil. Es cierto. Pero no tenemos que explicarlo para que lo acepten, aunque esa es una vía, tenemos que hacerlo entre nosotros, entre las personas que viven así ya que no existe tal construcción a nivel general en la vida social. No se trata de cambiar la psiquiatría desde fuera (aunque es una vía), sino de crear una nueva forma de vivir los problemas mentales. Tal vez desde las asociaciones que están surgiendo alrededor de la quiebra de la institución psiquiátrica ante esta sociedad podemos invitar a decir que hay alternativas mejores, que se pueden evitar los efectos secundarios, que uno puede madurar ante esas crisis emocionales, que uno puede confiar en sus recursos sociales antes de estar hipotecado a una pastilla. Pienso que las personas deben saber en qué les puede ayudar el psiquiatra y en qué no y en cómo colaborar con el psiquiatra.

Desde la psicoterapia, que es lo que me compete un poco más, puedo afirmar que las crisis personales son momentos de cambio que nos permiten ser mejores personas. Pero no quiero engañar a nadie, la psicoterapia es dolorosa, pero fortalece. No me gusta esa ideología que se vende por el mundo de que crecer es bonito, agradable y “happy”. No lo es, implica madurez, adultez, asumir la incertidumbre, tomar decisiones, abrir los ojos y ver el mundo que te rodea y tomar decisiones que tienen profundas implicaciones familiares, sociales, culturales, y también políticas. La psicoterapia no es algo individual, sino relacional y dialógico.

Las personas vienen a sesión con sufrimientos descontextualizados, historias de su biografía, traumas, insatisfacciones, búsqueda de sentido a la vida, problemas en su entorno familiar, pero con una profunda confusión y ceguera dolorosa que les impide ver qué ha pasado y qué pasa. Sin embargo, reconocer al otro lado una presencia amorosa es algo muy bonito, y lo digo como antiguo consultante. La psicoterapia invita a la evolución de la persona y es necesario de la forma más amorosa posible transitar la oscuridad de cada uno.

Siempre he creído que lo que se vive en psicoterapia son formas de vida que se pueden trasladar a la vida. Puede que Nuevapsiquiatría quiera apostar por llevar a los GAT planteamientos que enriquezcan la vida de las personas, que les dé fuerza, que los empodere mediante la acción reflexiva, que se generen relaciones de respeto y aprecio mutuo. Creo que entrar en un GAT debe ser como entrar en un lugar donde exista una tregua a esta forma de vivir tan estresada, tan ideologizada, aisladora, negadora…Si algo está enfermo es nuestra cultura de vida, pero podemos construir otra forma desde ya. No es necesario cambiar nada de lo que hay, simplemente invitarnos a dialogar con lo que hay y tomar mejores decisiones y acciones. No podemos esperar que el cambio venga hecho, el cambio es algo que hacemos ahora. Ese dialogar con lo que hay nos conduce a la transformación.

Me vienen a la cabeza algunas ideas inspiradoras a la hora de comprender los GAT. Las dejaré como puntos a desarrollar ya que considero que esto debe ser parte de un diálogo a largo plazo.

  • Líneas de compromiso pragmático de autocuidado y cuidado mutuo. Transformar las comprensiones alrededor de la salud mental.
  • Problematización del fenómeno social en relación con los problemas mentales. Crear nuevas palabras, comprensiones, significados, intenciones, actos.
  • Reflexionar sobre las expectativas, compromisos, roles, funciones de los participantes. Practicar una real igualdad.
  • Ética de convivencia: igualdad, creatividad, diálogo, respeto, presencia, reflexión, colaboración, responsabilidad, transparencia.
  • Construcción comunitaria de una nueva forma de vivirse y vivir junto con.
  • ¿Cambiar la psiquiatría o cambiar la forma de vida en relación con lo mental?
  • Planteamientos de organización de trabajo: ¿cómo generar un real empoderamiento? ¿Dirección desde arriba o participación igualitaria? ¿Confianza en el proceso o estructuración? ¿Cómo garantizar procesos de autocuidado mutuo? Escuchar, respetar, preguntar, no dar consejos, invitar las reflexiones, compartir miedos y dudas, intenciones y riesgos.
  • Invitar a dialogar y colaborar, no imponer, no solucionar, no salvar, no intervenir, pero sí estar “junto con”. ¿Cómo valorar la eficacia? ¿Cómo prevenir posturas ingenuas o idealistas ante los problemas? Problemas mentales que implican egocentrismo, narcisismo, ignorancia, violencia… ¿Cómo atenderlos en los GAT?
  • El sentido común sucede cuando nuestros significados se ponen en común.

En el GAT de Barcelona, que es donde estoy colaborando, vemos como en los procesos reflexivos todos los participantes salimos enriquecidos. Todas las historias nos afectan y nos tocan como familiares, profesionales o afectados. Esto tiene un gran poder conscientizador. Vemos que las experiencias que se dialogan hablan de situaciones cotidianas, de problemas reales, de tensiones familiares, de dificultades en encontrar apoyo profesional o de colaboración real con los sistemas de atención psiquiátrica. No podemos garantizar soluciones a las personas que vienen, pero sí nos podemos garantizar reflexionar sobre las situaciones que compartimos, y ese compartir los procesos reflexivos nos puede ayudar a guiarnos en los posicionamientos y toma de decisiones necesarios para afrontar duros y largos procesos de acompañamiento a los afectados, que somos todos como sociedad. Hay algo que personalmente me entristece como profesional. En alguna narración he oído decir a familiares y afectados que esos profesionales, tanto de la psiquiatría como de la psicología, les dijeron que no era posible la “cura” de los trastornos mentales graves como esquizofrenia o bipolaridad, que la medicación es de por vida, que esto es algo genético o enfermedad del cerebro, produciendo así losas de estigma social en sus mentes y en esos momentos de shock vital, cerrando la esperanza, las posibilidades, los proyectos, en definitiva, la identidad de la persona. ¿Me pregunto cómo es posible que un profesional de lo psicosocial pueda decir esto? ¿Qué genere tal cierre en la persona? ¿Acaso no hay suficiente evidencia científica, académica y profesional donde muchos casos de estos supuestos trastornos mentales graves indican cómo atenderlos y enfocar las soluciones? Pienso que tenemos que empezar a darnos permiso como sociedad, tanto familiares, profesionales y afectados, para afrontar desde la reflexión y el diálogo, el malestar en la cultura que nos estamos ocasionando. Pero lo mejor de todo, es cuando escucho a personas que han salido de estos circuitos de la locura institucional de este tiempo, con éxito. Entonces vuelvo a alegrarme.

Concluyendo, querría resumir las ideas importantes que he intentado desarrollar en este documento. Principalmente construir una nueva psiquiatría pasa por dejar en buena medida de creer en el discurso de la psiquiatría, y eso es un trabajo de comprensión comunitaria, porque seguimos creyendo que tenemos “enfermedades mentales” y seguimos creyendo en las “pastillas”, seguimos moviéndonos y viviendo en esos términos y participando de las prácticas psiquiátricas y obedeciendo la supuesta autoridad del psiquiatra. Yo propongo más bien colaborar en un plano de igualdad. Debemos reconocer que no es tan fácil abstraerse de esta realidad, porque forma parte de nuestra cultura, son nuestros significados, pensamos y hacemos en esas coordenadas. Yo no estoy diciendo que tengamos que dejar de ir al psiquiatra, ya que son centros sanitarios y pueden tener una función de contención o tomar alguna pastilla de forma puntual si es útil. Los culpables no son los psiquiatras ni la psiquiatría; aquí la responsabilidad la tiene la ciudadanía que en un largo proceso de construcción social contemporáneo ha ido cediendo su experiencia psicosocial a una institución con la falsa e ilusoria expectativa de que le va a devolver su estado de bienestar; aquí todos somos igual de responsables en salir de este atolladero, de este impasse. Lo que digo es que hay que empezar a mirar en otra dirección. Tenemos que empezar a decirnos que la psiquiatría no va a solucionar los problemas psicosociales y culturales que sufrimos, solo puede ser un recurso más. Nuestra experiencia cultural en relación con nuestro autocuidado mutuo no depende de los profesionales psiquiátricos o psicológicos. Los profesionales solo pueden colaborar para crear mejores condiciones y abrir caminos y no para establecer estructuras (inclúyase los significados) que empeoran la calidad de vida de las personas y cierran el desarrollo social. Algunos profesionales ya estamos concienciados, el problema es cómo llevar este mensaje a la sociedad, teniendo en cuenta que el principal afectado vive absorto en su sufrimiento vital y no parece indignado con el trato que le puede ocasionar la psiquiatría.

Esa otra dirección debe construirse en la transición desde donde venimos y viendo que cultura tenemos. La psiquiatría es el síntoma extremo de una sociedad en crisis. No debemos centrarnos en el síntoma, sino en lo que está de fondo, y desarrollar nuevos significados que sean vividos en la acción. Los GAT son esa promesa. Y aquí es donde viene todo el potencial crítico que apunta a empoderar a las personas a abandonar esta cultura del egocentrismo narcisista, del cierre a la evolución de la vida, de la pasividad politizada ante los problemas sociales, de creer de forma ciega en los profesionales que tienen una pastilla mágica para el malestar psicosocial, de la cultura “psicohappy” y “new age” ante los problemas psicológicos y de tratar el autocuidado mutuo como si de un negocio se tratase.

No hay más sufrimiento del que proviene de este individualismo atroz y aislante que destruye la sociedad continuamente.

Javier Centol
Psicólogo y Educador Social.

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12 comentarios
  1. Esperanza, es lo que transmiten las magnificas reflexiones que acabo de leer. Y sobre todo me gusta el cuestionamiento de la opinión generalizada de los llamados profesionales de la salud mental, de que la enfermedades mentales catalogadas como graves son incurables. Efectivamente, son incurables para los enfoques tradicionales. Las pastillas no curan, cronifican los problemas. Esperanza. Esa es la primera pastilla que deberían recetar a sus pacientes, pero por desgracia en los enfoques diquuatricos tradicionales, no se receta..

    1. Lo que tenemos que “curar” son los mundos de significado que nos acontecen. Más allá del miedo y de la esperanza, siempre está la vida. Gracias!

  2. Si Javier, pero todo lo que dices no deja de ser más que una evolución de arquetipos mucho más útiles y comprensibles para nuestro 2017. Dime, letrado, cómo tomar conciencia desde la consciencia… eso si es un reto evolutivo.

    1. Siendo autoconscientes en la medida que a cada uno nos otorga nuestra naturaleza del ser; comprendiendo cada una de nuestras acciones mas allá de nuestro ego; viviendo autoconscientes para poder seguir comprendiendo…
      Gracias Javier por SER, por cada palabra , gesto u acción que te vives en este gran proyecto
      Un fuerte abrazo amigo!!

  3. Apreciad@s,
    Hace poco que he llegado al GAT de Barcelona y después de unas sesiones escuchando y comprendiendo la dinámicas del trabajo que se estaba aplicando , he decidido sumarme como socia de la Asociación. Soy hija de una mujer diagnosticada de esquizofrenia y que vivió 35 años internada en un centro especializado. Yo apenas la conoci.
    El proyecto de Nueva Psiquiatria es altamante inspirador y constructivo, ya que está abriendo las puertas – por no decirlos Portones – , hacia el camino de comprensión y normalización (tal como nos dice Javier Centol) de estas experiencias de alteración psíquica y social al aprender a asumir que forman parte de nuestra naturaleza humana.
    Toda solución radica en un acto de Voluntad individual de querer estar bien y participar del proceso de la vida, pero también de la comunidad o sociedad al entender que todos estamos implicados en el éxito de ello. La dirección hacia una solución radica en un camino de doble dirección, de dentro hacia afuera y de afuera hacia dentro.
    Este proyecto es una iniciativa valiente en la que creo completamente, avanzar juntos aportara un cambio de paradigma a nivel social respecto a la atención ,cuidado y acompañamiento de las personas con episodios en trastornos psiquicos y a sus familiares. Encuentro altamente positivo estos espacios de diálogo abiertos, en dónde todos somos iguales compartiendo desde nuestro mundo interior lleno de experiencias. En cada sesión se tejen experiencias, y el modo o la calidad de este tejido puede llegar a ser muy útiles para todos los asistentes y puede llegar a revertir positivamente a la sociedad. Coordinar y dinamizar estos grupos requiere además de voluntad hacia el bien y buen ánimo, un trabajo previo para poder conducirlo con equanimidad, sin protagonismo y mucha presencia.
    Gracias y Abrazos
    Alicia

  4. Efectivamente nuevo proceso de sanar en todos los sentidos desde mi hasta todo lo qe me rodea y asi cada uno encontrar paz amor y cooperacion …….para qe esto ocirra gracias desde el GAT de Guipuzcoa

  5. Hola ahora tengo treinta y tres años he pasado por dos ingresos voluntarios y otro involuntario y dos hospitales de día. Hago todo lo que puedo por normalizar la situación y había registrado en la propiedad intelectual relatos sobre mi experiencia en el hospital y otras cosas de mis andanzas y ojala sirviera para algo pero en verdad lo perdí aunque esta en el registro como ya he dicho desde muy pequeña tuve diferencias con mi madre porque era muy anticuada y moralista y yo queria algo mas de libertad y su pareja me pegaba y mi padre fue un padre ausente con el que perdí todo contacto. Fui a dos universidades ocultando autolesiones y finalmente explote en 2006 donde me dieron una pastilla pero no me hicieron un ingreso porque no era mi zona. Me los hicieron después cuando mejor estaba. Mis medios no me permiten colaborar con la asociación pero como no tengo hijos quiero dejaros mi herencia para que no le pase a nadie mas. Las pastillas me anulaban también sexualmente y he sido diagnosticada de autismo y de esquizofrenia. Dos veces me han cambiado un diagnostico por otro. Hoy me tatue y ya no me lesiono pero siento que me han robado la salud. Y no quiero que le pase a nadie mas. Me han medicado con paliperidona, zyprexa, haloperidol, topamax, dumirox, rivotril, solian y algunos mas. El ultimo ingreso fue especialmente complicado porque los médicos estaban decididos a pincharme la medicación vía intravenosa y no podía articular palabra cuando el psiquiatra me visitaba pero aguante como pude haciendo de tripas corazón.

    1. Gracias Spencer, no sé donde vives, pero si hay algún GAT cerca, pásate. Siempre es mejor hablar en persona ¿verdad?
      En la primera página de esta web, al final de la entrada, verás el Mapa de GATS. Puedes contactar por email.
      Saludos

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