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Lunes, 11 de Diciembre de 2017

Personas Altamente Sensibles

 

Personas Altamente Sensibles y para nada locos, quizás filogenéticamente más evolucionados: Cómo llegué a ser vegetariana

Mi nombre es Isabel Rebollo, tengo 39 años, soy psicóloga, funcionaria y trabajo en un instituto de secundaria. Me considero una persona normal con una vida normal, aún así he vivido experiencias que deseo compartir porque me consta que no todo el mundo llega a vivirlas con la normalidad que las viví yo.

Siempre he sido una persona muy sensible, a la que le preocupaban especialmente los problemas del mundo. Desde muy niña tampoco podía comprender porqué en este mundo aparte de los seres humanos, quedan en libertad pocas especies animales, pues sólo perduran las que están al servicio del hombre. ¡qué egocentrismo de especie! ¿no?.

En este contexto, siendo de lágrima fácil desde temprana edad, ya me costaba comerme animales que habíamos criado en casa, ¡me era imposible!, o animales como los gorriones que eran tan pequeños que no tenían carne apenas. ¿Por qué acabar con una vida de tan poca carne y con tanta belleza? me preguntaba con apenas 4 ó 5 años. Me hacía muchas preguntas al respecto, ¿Cómo los cazadores o los toreros pueden decir que aman la naturaleza?. ¿Cómo puede pensar el hombre que vive sólo en la tierra y en el universo?. ¿Caballos esclavos, porqué los obligamos a trabajar, los encerramos, pegamos y les ponemos hierros en la boca para torturarlos y que sean nuestros esclavos?, ¿Habéis pensado lo que significa montar a caballo o montar en un carruaje tirado por ellos?. ¡Si son bellísimos en libertad!.

Cuando llegué a los 23 años, decidí convertirme en vegetariana tras una experiencia muy intensa en un supermercado. Resulta que caminaba por uno de los supermercados más grandes de Sevilla, concretamente llegué al pasillo donde estaban las carnes. Y pude sentir en mí cómo aquellas carnes que procedían de aquellos animales gritaban, y emitían alaridos de dolor, llegué a conectar energéticamente con aquellas carnes y sentí la angustiosa y desesperante vida que habían llevado. Además sentí tal nivel de empatía con estos animales que lo viví como si fuera carne procedente de seres humanos. Me explico mejor, sabía que la carne no era humana obviamente pero lo sentí empatizando con el dolor que pasaríamos nosotros y la angustia si fuéramos quienes viviéramos así, en esos campos de concentración que llamamos granjas sin ver la luz del sol jamás, siendo destetados nada más nacer y apartados de nuestra madre, hormonados y obligados a ingerir productos para engordar y así podernos matar para comernos. ¡Sería algo insoportable, atroz!. ¿Qué barbaridad estamos haciendo con nuestros hermanos los animales?, si se supone que somos los seres más evolucionados, ¿no deberíamos de cuidar de los más débiles?, ¿Cómo podemos alimentarnos de una carne infectada de dolor?, ¿Cómo puede ser bueno para la salud una carne infectada de sufrimiento y dolor?. ¿Estamos locos los seres humanos?, ¿Cómo podemos hacer tal brutalidad con otros seres vivos para alimentarnos de ellos? ,¿nadie se da cuenta?.

Fue una experiencia tan impactante que mi vida cambió por completo, ya no pude volver a comer carne. Al principio me daban ganas de coger un megáfono y salir a la calle a explicarles a todos. Que todos salieran de este estado somnoliente donde nadie se da cuenta de nada de lo que pasa en el mundo. Cuando estaba en un bar, comiendo con amigos se me caían las lágrimas de ver como la gente pedía carne y más platos de carne sin darse cuenta de dónde procede esa carne. Al principio sufrí muchísimo.

Con el tiempo fuí aprendiendo y dándome cuenta, que la gente no iba a dejar de comer carne porque yo se lo dijera. Comprendí que cada persona tiene un grado de consciencia sobre el mundo, la vida, las personas, etc. Y que está en constante evolución y que la vida y las experiencias vividas hacen que poco a poco vayamos tomando consciencia.

Así que empecé a aceptar que yo misma comía carne antes y que los demás lo hacían por ignorancia, igual que yo misma en otro tiempo. Seguí siendo vegana en la intimidad, y dejé de comprar todo tipo de productos que implicaran el sufrimiento de otro ser vivo. Me dí cuenta que lo único que yo puedo aportar al mundo es a mí misma, y mi conducta. Y eso hice, esforzarme por ser mejor persona cada día sin compararme con nadie y respetando que los demás lo hagan al ritmo que quieran.

Si hubiera ido al psiquiatra probablemente me hubiera diagnosticado una psicosis, me hubiera medicado y quien sabe cómo me podría encontrar ahora… Afortunadamente no fuí y mi vida siguió igual que sigue la mayoría de las vidas de la gente.

No es la única experiencia “especial” que he tenido. He tenido otras: comunicarme con árboles y otros seres, he visto fantasmas, personas que han fallecido o desencarnados, y algunas otras vivencias que no toca relatar en este breve artículo. Y os puedo asegurar que no estoy loca, que cada vez yo diría que estoy más cuerda.

Me consta que como yo hay muchísimas personas que están siendo etiquetadas y medicadas paralizando sus vidas, y confundiéndolas con locos cuando son simplemente personas a mi juicio, más evolucionadas filogenéticamente que las demás. De ahí su rareza o su fortaleza según se mire.

Creo que el ser humano sigue su evolución filogenética imparablemente y que no todos lo hacemos al mismo ritmo. Hay unos que van a la cabeza y son pioneros de estas nuevas sensibilidades y capacidades, que a mi juicio son maravillosas, y no hacen daño a nadie, al contrario son signos de seres humanos moralmente sensibles, y pioneros de una nueva humanidad más humana y desarrollada que la que hemos visto todos históricamente hasta el día de hoy.

Por ello, me parece una gran barbaridad etiquetarlos como locos, pues estas personas pueden ser quienes vengan a cambiar el mundo y a transformarlo en un lugar más habitable para todos los seres que la habitan y el futuro de esta humanidad. Y si no fuera así, simplemente déjenlos vivir y sentir lo que les plazca pues si los dejan vivir libremente como ellos sienten serán felices con sus vidas, pero si intentan etiquetarlos con diagnósticos del DSM-V acabarán creyéndose raros, locos, y como tales se comportarán, pues todos los tratarán como tales. Acabarán perdiendo trabajo, parejas, amigos, familia y su propia vida porque la medicación convierte en zombis a las personas, como ya atestiguan multitud de estudios como los realizados por Francisco Appiani, o los muchos mostrados por Robert Whitaker, Javier Álvarez, Stuart Shipko, o los que Peter C. Gøtzsche critica en su libro “Psicofarmacos que matan y denegacion organizada”. Todos hablan de los efectos nocivos de los psicofármacos, y el enriquecimiento de las farmacéuticas en relación al asombroso aumento del número de personas con diagnósticos de enfermedades mentales, un 50% ya en EE.UU. ¿Y en qué les han ayudado? ¡en nada!. Simplemente les han destrozado la vida.

Quien es el loco, ¿El que se adapta a un mundo como este que ha perdido el norte en casi todo, o el que se da cuenta del absurdo y no se siente parte de él?.

Si tú lector te identificas conmigo, respira hondo y tómate todo esto con calma, cambiar el mundo requiere que la humanidad cambie de consciencia y eso no depende de ti, sino de cada uno. Además eso no se hace en 2 días, sigue viviendo en coherencia y haz lo posible en tu día a día para favorecer este mundo nuevo que ya toca, sobre todo en ti y en tu vida cotidiana. Vívelo con paciencia, y respeta que los demás no vean las cosas como tú y vivan de forma diferente, igual que no podemos obligar a una rosa a que abra su capullo y florezca más rápido de lo que le toca. Eso sí, vive ya, aquí y ahora, tal y como lo sientes, porque cuando lo hagamos muchos y solo con eso, el mundo ya será otro. Un abrazo a todos.

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11 comentarios
  1. aplausos te lo mereces yo ya no como carne casi nunca por lo menos de animales que no hayan vivido dignamente aunque siento que tengo que comer carne porque sino mi cabeza se vuela, me disperso enhorabuena eres muy valiente

    1. ¿Existen animales bajo la opresión humana que vivan dignamente? ¿duele menos la muerte si has vivido en un prado o en una jaula? ¿tratarte “bien” antes de matarte es más digno?

  2. Tu valiente testimonio, Isabel, trae a mi mente un escrito que hice hace dos o tres años. Ese texto iba a ser el primer capítulo de “Memorias de un Psiquiatra”, pero al poco de comenzar aquel proyecto literario me di cuenta de que yo tenía poco o nada que decir, así que el mismo se quedó en el olvido. No obstante llegué a escribir ese primer capítulo que se titulaba: “Mi primer desencuentro con la psiquiatría”. Dadas las llamativas analogías que tiene con tu escrito, creo interesante transcribirlo aquí y ahora:

    “Mi primer “desencuentro” con la psiquiatría, se produjo en la primavera de 1973, cuando yo era todavía alumno interno del Servicio de Psiquiatría del Hospital de Santiago.
    Tuve la oportunidad de asistir a la primera entrevista de un niño de unos doce años con la psiquiatra infantil. Sus padres le llevaron porque el chaval llevaba unos quince días triste, dormía mal, había disminuido su rendimiento escolar, apenas salía con los amigos y se pasaba los días en casa solitario y, a menudo, llorando.
    – ¿Qué te pasa? – Le preguntó la psiquiatra.
    – Estoy muy triste porque a las afueras de mi aldea hay máquinas excavadoras que están abriendo la caja para construir una nueva carretera – respondió el niño.
    – ¿Y por qué te entristece eso? – preguntó ella.
    – ¡Es que no se da cuenta! – exclamó el chaval con cierto tono de enfado -¡ese desmonte será la muerte segura de miles de animales que habitan en ese bosque!
    – ¿Y ese es el motivo de tu tristeza? – inquirió de nuevo la doctora – ¿Tanta importancia tiene para ti la vida de esos animales?”
    – ¡Claro!”, respondió secamente él – ¿Pero no lo comprende? Estamos al comienzo del verano y hay miles de pájaros empollando en sus nidos… miles de pequeños mamíferos que están precisamente ahora alimentando a sus crías en las madrigueras…
    El niño se entusiasmaba a medida que iba relatando, con detalle, las diferentes especies de animales que constituían la fauna del bosque de su pueblo. Pero enseguida volvía a entristecerse y, echándose a llorar, se lamentaba porque que todas esas nacientes vidas iban a ser exterminadas.
    Nosotros, tanto la Psiquiatra Infantil como los Médicos Residentes y Alumnos de Psiquiatría que la acompañábamos, escuchábamos el relato con cierta perplejidad.
    No hay que olvidar que estos hechos sucedían en las postrimerías de la Dictadura Franquista, cuando en España no existía todavía la sensibilidad que puede haber hoy hacia los animales y muchas personas incluso presumían de maltratarlos.
    A partir de esa primera entrevista dejé de seguir su historia pues el caso lo llevaban directamente en Psiquiatría Infantil, sección a la que yo no estaba adscrito. La siguiente vez que volví a verlo me encontré sujetándole la pierna derecha, mientras otros cuatro compañeros hacían otro tanto con la izquierda, cada uno de los brazos y la cabeza del chico. Él estaba tendido en una camilla y se le iba a aplicar un electroshock.
    En aquella época todavía no se usaba la actual denominación de terapia electro-convulsiva (TEC), ni se aplicaban anestésicos ni medicación para relajar los músculos y así evitar una posible fractura ósea a causa de las violentas convulsiones musculares que desencadenaba la descarga eléctrica cerebral, por lo que era era necesario sujetar bien el cuerpo del niño.
    Entretanto, el psiquiatra encargado de administrar la sesión de TEC le introducía un mordedor de goma en la boca, pidiéndolo que lo sujetara con fuerza entre sus dientes, para así evitar que con la fuerte contractura tónica inicial de las mandíbulas se partiera la lengua.
    Recuerdo perfectamente la mirada de horror de aquel niño, que parecía decirnos: “¿Pero cómo me hacéis esto?”
    Nunca podré olvidar esa escena. Nunca podré olvidar a ese niño. He pensado en él cientos… miles de veces a lo largo de mi vida. ¿Qué habrá sido de él? ¿Sería realmente una psicosis, como se le diagnosticó en aquel momento, o simplemente sería un niño sensible?”
    Puede parecer inverosímil que, por el mero hecho de ser sensible al sufrimiento de los animales, se le haya diagnosticado una psicosis a ese niño y se le haya aplicado tratamiento con TEC. Tal vez habría otros síntomas que justificasen tal diagnóstico y tal tratamiento, síntomas que mi recuerdo deformado por el paso del tiempo habrá sepultado en el olvido. Pero han pasado cuarenta años y todavía no dejo de recordar aquella mirada, mezcla de miedo, súplica y reproche… y aún me pregunto de qué manera aquello habrá marcado la vida de aquel niño.”
    Javier Álvarez

    1. Muy buen artículo. Escrito desde un lugar íntimo, sano y comprensivo. Gracias : )
      @Javier Álvarez: del relato de su episodio con este niño altamente sensible, parece que la psiquiatría lo trató a él con la misma insensibilidad y crueldad que la sociedad trataba al ecosistema y la vida animal de aquel pueblo. Espeluznante.

    2. Hola Javier,

      He leído tu relato. Creo que deberías leer ese libro y contar tu historia. Qué ocurrió después? Dejaste la psiquiatría? Qé proceso seguiste a nivel interior? Hubo más casos??
      Qué piensas de la sensibilidad??

      Un abrazo,

      Alba

      1. Hola, Alba. Gracias por tu animoso comentario.
        Te confieso que todavía no he desechado del todo la posibilidad de escribir ese libro pero no tengo ni idea de cómo ni cuándo podrá ser.
        Respecto a tu pregunta sobre la sensibilidad, pienso que me gustaría haber sido más sensible de lo que soy… me gustaría haber tenido experiencias hipéricas… alucinaciones… revelaciones… Pero me conformo y me acepto como soy,
        En relación a mi trayectoria profesional después de aquel incidente, seguí trabajando como psiquiatra hasta septiembre de 2015, fecha en que me jubilé y esos casi cuarenta años mi vida profesional fue un caminar por el filo de la navaja.
        Casos de desacuerdo con mis compañeros los he tenido prácticamente a diario, lo que me granjeó fama de raro, cuando no de loco, entre ellos. Pero bueno, eso es algo que con la edad se va llevando cada vez mejor. Le contaré una anécdota que ocurrió hace unos tres o cuatro años en uno de esos congresillos regionales, en los que se reúnen la mayoría de los psiquiatras de la Comunidad Autónoma. Al acabar de presentar yo una ponencia, una psiquiatra del establishment, me espetó la siguiente pregunta:
        – Dr. Álvarez: todos sabemos que usted no cree en la psiquiatría, ¿por qué se empeña entonces en seguir viendo enfermos”.
        Soy bastante impulsivo, así que lo que me pedía el cuerpo era responderle:
        – “Mire, mientras yo esté ocupando este puesto no podrá desempeñarlo una persona tan insensible como usted”, pero me contuve y le dí una respuesta “políticamente más correcta” aludiendo a los desmanes que a diario se cometen en psiquiatría.
        Tengo dos hijos y los dos han hecho la especialidad de psiquiatría: el mayor viene ejerciendo esa especialidad desde hace más de diez años; la pequeña, cansada de los desatinos clínico que presenciaba, abandonó la especialidad al año de ejercerla. Admiro a los psiquiatras que aguantan y, sin quemarse, se pasan su vida profesional dando más altas que ingresos, quitando más tratamientos de los que ponen, despsiquiatrizando más personas que las que psiquiatrizan… Sé que todo esto puede sonar a justificación más o menos vanidosa pero no me preocupa eso pues a estas alturas de la vida ya tengo claro que la humildad reside exclusivamente en la verdad.
        Gracias de nuevo y un saludo muy cordial.

  3. Me has dejado sin palabras. Me siento muy identificada con tus vivencias, excepto en las de las visiones de personas no corpóreas. Hablas como San Francisco de Asis “evolucionados, ¿no deberíamos de cuidar de los más débiles?, ¿Cómo podemos alimentarnos de una carne infectada de dolor?” el llamaba a los animales nuestros hermanos pequeños a quien debemos cuidar.
    Yo creo firmemente en el poder de la idea, y como una ideologia más evolucionada y compasiva puede instaurarse en la sociedad: en la India por ejemplo esta muy extendido el veganismo derivado del Budismo. También creo que con internet se acelera el intercambio de ideologias, la evolución y las nuevas corrientes de respeto a los animales y la naturaleza. Acabo de ver una película independiente que como tú se plantea el sentido de la vida y como enderezar el mundo hacia la sostenibilidad y el equilibrio con la naturaleza: http://enbusquedadelsentido-lapelicula.com/ Tienes que poner tu email y esperar a que te contesten con un link para Verlo, a mi me resulto esperanzador como el mundo hay mas personas como tu que creen en vivir de una forma distinta a la establecida.

  4. Hola Isabel!
    Me siento muy identificada también con tu relato. No tanto por el contenido como por el mensaje que trasmites.
    Creo profundamente en que se está produciendo ese despertar que generará el cambio de este mundo hacia un tiempo de amor y paz. Y creo firmemente (hace muy poco tiempo me di cuenta de ello) que son precisamente las personas sensibles, como tú comentas, las que abanderan este cambio.
    Quizás, la diferencia entre lo que en esta sociedad se establece como normalidad versus locura radica en que los llamados “adaptados” están completamente “atados” (no adaptados) a las trampas de este mundo y, sin embargo, los llamados “locos”, raros, etc se hallan más cerca de la verdad. No obstante, este mundo se ha encargado de hacerles olvidar eso para que dicha verdad no pueda manifestarse.
    Mientras tanto, los mal llamados “locos” vamos dando tumbos entre el deseo de adaptarnos para no sufrir y el hacer realidad la voz de nuestra consciencia que, puede, solo eso, nos transmite la verdad
    Gracias por tu testimonio!http://nuevapsiquiatria.es/personas-altamente-sensibles/

  5. Buen post, yo adopté el veganismo apenas vi la realidad a través de documentales duros, incluso ni el vegetarianismo porque todavía consumen la leche y huevos las mismas que involucran más crueldad y agonía por la explotación de sus pobres cuerpecillos, el maltrato. Para colmo tengo memoria visual leve, y aprendí a evadirlos porque las imágenes de las cosas que veo (recuerdo) y pienso en relación a tanta crueldad me golpea y si hay detonantes externos me salen lágrimas y paro casi todo el tiempo triste por ellos.

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