Asociación Nueva Psiquiatría · Por un nuevo modelo en el sistema de salud mental

“Breve Historia de la Psiquiatría” o “El Origen de un Despropósito”

La Psiquiatría, como disciplina con entidad propia, tiene un origen legal. Hasta principio del siglo XX fue una rama de la Medicina Legal, que tenía por finalidad principal dirimir si el enfermo mental era responsable o no de sus actos.

En los últimos 60 años la Psiquiatría ha hecho esfuerzos importantes para acercarse a las ciencias médica, habiéndose realizado innumerables estudios genéticos de las enfermedades mentales, exploraciones de neuroimagen, investigaciones sobre la neurotransmisión cerebral, etc. Ahora bien, los resultados de todos este esfuerzo científico son pobrísimos y, a día de hoy, seguimos sin saber prácticamente nada de cuáles son las bases anatomopatológicas general las enfermedades mentales, ni tampoco de sus causas. Sólo ha habido algún discreto avance en el conocimiento del papel que pueden desempeñar los distintos neurotranmisores cerebrales, lo que ha permitido mejorar un poco los medicamentos que se usan para la ansiedad, la depresión y la psicosis productiva.

Su naturaleza legal sigue siendo la fuente de todos males de la Psiquiatría, pues posibilita los ingresos y/o tratamientos en contra de la voluntad del paciente. En el ingreso involuntario el sujeto está convencido de que la han encerrado injustamente en un centro que considera peor que una cárcel. Para tratar adecuadamente con una persona en ese estado se requieren una sensibilidad y un tacto fuera de lo común y que muy pocas personas poseen. Por desgracia, el maltrato que sufren los pacientes psiquiátricos involuntarios sigue siendo la norma: se les desnuda ante varias personas, se les ata a la cama (sujeción mecánica), la mayoría de las veces sin que nadie les explique la razón… Las pocas veces que he visto a una enfermera ir explicando al paciente los motivos de la sujeción mecánica, el paciente se apaciguaba y la aceptaba a medida que se la iba poniendo.

Los enfermos psiquiátricos, con la misma frecuencia que el resto de la población, cometen delitos. Y es precisamente en este punto, el enfoque y manejo que hay que dar a las conductas delictivas de los llamados enfermos psiquiátricos, donde siguen radicando todos los problemas del actual modelo psiquiátrico. Con la legislación actualmente vigente en la mayoría de los países del mundo, si el sujeto que ha cometido un crimen tiene antecedentes diagnósticos psiquiátricos, tales como esquizofrenia, trastorno bipolar psicosis aguda, delirio crónicos, etc.,  su abogado defensor puede aducir ese antecedente psiquiátrico como prueba legal para conseguir una atenuante o eximente de las conductas delictivas realizadas por su cliente.

Esta es la verdadera razón por la que la actual Psiquiatría es ineludiblemente generadora de enorme frustración. El problema no radica, como reiteradamente defiende la antipsiquiatría, en que la Psiquiatría sea una disciplina médica, ni en el consiguiente uso de medicamentos o no. El quid de todos los problemas radica la naturaleza primordialmente legal que sigue teniendo la Psiquiatría.

La Psiquiatría, como disciplina derivada de la Medicina Legal, tenía por finalidad esencial determinar si un acto delictivo ha sido cometido por una persona cuerda o insana. “Insania” es  todavía el término empleado en el argot jurídico para decir que la persona acusada de un delito padece locura o enfermedad mental.

Así pues, en  los inicios de la Psiquiatría como disciplina con entidad propia lo importante era que los peritajes médicos (a comienzos del XIX no eran médicos psiquiatras, sino médicos legales o forenses) permitiesen a los jueces a determinar si esas personas padecían “insania” (“locura”) o no y, en consecuencia si eran imputables o no del delito del que se les acusaba.

Ahora bien, ¿qué hacer con una persona declarada no imputable por “insania” tras haber cometido, por ejemplo, un homicidio?  No podía ser condenada y enviada a la cárcel ya que no era imputable…. ¡pero tampoco parecía prudente dejarla así, sin más ni más, en la calle.

Se imponía  establecer las debidas medidas para que ese “insano” no cometiese nuevos crímenes. Solución: el “asylum” o “manicomio”, establecimiento donde los “insanos” o “locos” eran recluidos. Así nacen en Europa y Estados Unidos los manicomios a comienzos del siglo XIX.

Ahí sigue radicando el origen de todos los males del actual modelo psiquiátrico: su naturaleza legal y la consiguiente posibilidad de realizar ingresos hospitalarios y demás tratamientos psiquiátricos de manera forzosa. En efecto, con este planteamiento queda abierta la posibilidad de declarar locos a un gran número de personas, pues todos los profesionales relacionados con la enfermedad mental (psiquiatras, forenses, jueces, etc.), ante la menor duda de que un paciente psiquiátrico pueda cometer un delito, determinan su ingreso y tratamiento psiquiátrico involuntario.

Esta es la explicación de que a mediados del siglo XX hubiese varios millones de personas en manicomios, la inmensa mayoría de ellos metidos allí en contra de su voluntad.

¿Y qué a hacer ahora con toda esta pobre gente encerrada, casi siempre de por vida, en manicomios?

Surge así, de forma secundaria, la necesidad de ofrecer algún tipo de ayuda o tratamiento a las personas recluidas en estos establecimientos: primero se les encierra por “locos potencialmente criminales”  y luego se plantea el hecho de reeducarles. Durante todo el siglo XIX la terapia empleada fue el “tratamiento moral”,  preconizado por Pinel, que era un rudimento de las actuales terapias psicoeducativas. A mediados del siglo XX los laboratorios farmacéuticos sintetizan el diazepam, la  imipramina y el haloperidol, útiles para aliviar los síntomas de  la ansiedad, de la depresión y de las psicosis. Comienza, así, una desenfrenada carrera investigadora que ha puesto en el mercado centenas y centenas de psicofármacos, con los que, ¡sorprendentemente!, no se ha logrado mejorar la eficacia de los tres primeros, aunque sí han disminuido algo los incómodos efectos secundarios.

Se llega, de ese modo, a la situación actual: aquella rama de la Medicina Legal, se ha convertido en una disciplina médica, la Psiquiatría, que no parece tener límites y que crece de forma desmedida y que afecta ya a casi el 50% población de los países desarrollados. Lo que en principio nace como un problema legal para situaciones concretas se ha convertido en una especialidad  médica que crece sin límites y que parece dispuesta a devorarlo todo. Nadie, salvo quizá la industria farmacéutica, entiende cómo puede ser que la mitad de la población de USA esté tomando algún psicofármaco.

¿Hay alguna manera de solucionar este despropósito?

Los antipsiquiatras han propuesto una y otra vez la suya: acabar con la Psiquiatría por ser una actividad fundamentalmente perniciosa. Tal solución parece inadecuada. En efecto,  ¿qué hacer con todas las personas que desean que un psiquiatra les ayude, con medicamentos o con otro tipo tratamiento, a superar una depresión o un ansiedad generalizada e incapacitante? La propuesta antipisquiátrica debe ser rechaza por no resolutiva.

Frente a la drástica, pero infructuosa, medida de los antipsiquiatras  Nuevapsiquiatría propone una solución completa y eficaz: acabar con las connotaciones legales que actualmente conlleva la enfermedad mental. Es decir, un trastorno psiquiátrico no puede ser utilizado en forma alguna como argumento para obtener la no imputabilidad de un crimen. Sea cual sea el diagnóstico de esa persona, a su abogado defensor le queda totalmente prohibido recurrir al historial psiquiátrico de su defendido como razonamiento para conseguir la no imputabilidad del crimen cometido por esa persona.

La única causa que puede alegar el abogado defensor es la existencia de una clara alteración de la conciencia en el momento en el que su defendido cometió  el crimen. Y los trastornos de la conciencia son trastornos neurológicos y no psiquiátricos.

Con esta sencilla medida se habría puesto fin, de inmediato, al 100% de los ingresos y/o tratamientos psiquiátricos forzosos, que son la causa de todos los males de la actual Psiquiatría. Con esa simple normativa al psiquiatra irían ya solamente las personas que voluntariamente pidan su ayuda. Se acabaron, por tanto, los tratamientos con psicofármacos en contra de la voluntad del paciente, así como los internamientos forzosos.

La Psiquiatría habrá dejado de ser entonces una disciplina legal al servicio de la Sociedad, para convertirse en una disciplina médica al servicio de los individuos.

Para quienes piensen que esta solución propuesta por Nuevapsiquiatría es demasiado atrevida y/o novedosa, les recordamos que la defensa por enfermedad mental está ya abolida en algunos Estados Occidentales, como por ejemplo Kansas, Montana, Idaho y Utah.

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