Asociación Nueva Psiquiatría · Por un nuevo modelo en el sistema de salud mental

Colaboración de R.G.

PRÓLOGO A LA CARTA DE R.G.:

A largo de esta semana vamos a ir publicando una colaboración que nos envió R.G. hace ya un mes. Antes de dar a conocer su carta hemos preferido publicar el estudio “La hiperia: una sofisticada función mental” porque, tras haber leído el mismo, ahora podremos entender todos el profundo significados que, desde el punto de vista de Nuevapsiquiatría, contiene el escrito de R.G.

No me resisto a comentar el estilo naif en el que está redactado, que en algunos momentos recuerda la ingenuidad con la que Hildegarda de Bingen, siendo muy niña, comentaba con todo el mundo las alucinaciones que tenía, hasta que se maestra Jutta le advirtió que debía reservar esos temas sólo para las personas de verdadera confianza.

Pero vayamos primero con la carta y dejemos nuestro análisis para el último día:

CARTA DE R.G. (recibida el 23-8-13):

Dr. Alvarez:

Antes que nada quiero felicitarlo por su gran labor y entrega hacia las personas con trastornos mentales, me anima mucho a escribirle esta  carta su sección de aportaciones, la cual yo le llamo en broma “dígalo sin miedo… es anónimo” jajaja

Le quiero compartir mis experiencias hipéricas, tratare de hacerlo lo mejor que pueda porque es la primera vez que voy a compartirlas a un desconocido pero lo hago porque usted me inspira confianza y porque quizá le puedan aportar algo. No soy muy buena escribiendo, ni tengo un lenguaje muy técnico que digamos, así que espero hacerlo bien.

Las primeras fueron como entre los 7 y 10 años (tengo 52)  cuando me iba a dormir sentía que me elevaba como un globito hasta el universo y veía las estrellas y planetas, era una sensación muy bonita que me hacía sentir mucha paz y la disfrutaba, yo creía que a todos nos pasaba eso, hasta que un día pregunte a mis hermanos sobre eso y a ellos no les pasaba, entonces deje de tener esa experiencia.

En ese tiempo, creo que tenía 9 años, en una ocasión (fue la única), empecé a reír a carcajadas y daba vueltas gritando “soy azul” estaba en ese momento en casa un sacerdote amigo de la familia y mi mamá  decía.. Mira nada mas.. se volvió loquita (jajaja). Recuerdo que me sentía muy contenta pero no recuerdo haberme visto azul con los ojos… solo era una sensación.

La siguiente fue a los 13 años, estábamos en casa y tuve una convulsión, recuerdo haber visto la escena desde afuera de mi cuerpo, mi mama gritaba que estaba muerta y pedía a mis hermanos que llamaran a mi papa. Vi también cuando él llegaba en su carro, vi la calle y todo lo que sucedió desde afuera. Me llevaron al médico. Ahí ya estaba consciente, no recuerdo en qué momento fue que recobre la conciencia.  Me hicieron los estudios correspondientes y nos dijeron que parecía una crisis epiléptica pero que en los estudios no había nada anormal ni que indicara que fuera epilepsia. Después de eso nunca más tuve otra estando despierta, pero dormida lo sentí durante muchos años, era ocasional, digamos una vez cada seis meses  al principio y después cada año y la última vez fue cuando tenía 21 años  estando esperando a mi primer hijo. Nunca fue al médico porque creía que soñaba y tampoco le decía a mi mama para que no se preocupara porque no teníamos dinero para ir al médico. A excepción de eso siempre he sido una persona sana, nunca me enfermo.

CARTA DE R.G (2ª parte, 24-09-13):

Lo siguiente sucedió muchos años después, tenía 28 o 29 años y empecé a tener dolores de cabeza muy fuertes, algo raro porque a mí nunca me dolía la cabeza y eran muy frecuentes, recuerdo que hasta me doblaba del dolor. Cuando fui al neurólogo me hizo estudios y me dijo que no encontraba nada anormal y que todo estaba bien, que seguro era estrés.  No tome ningún medicamento y los dolores se quitaron solos pero empezaron a suceder cosas extrañas en casa, como que la tapa de la lavadora se levantaba sola y como soy muy distraída me di cuenta después de que paso varias veces. Eso es algo a lo que nunca le encontré explicación. En ese tiempo murió mi abuela materna a quien yo quería mucho y veía como una segunda madre y en una ocasión estaba preparando la comida cuando sentí mucho sueño y deje todo a medias y me fui a acostar. No me dormí, solo me acosté y sentí que empecé a girar, era un giro perfecto que me hacía sentir que estaba muy cerca de Dios. No era una persona religiosa ni creía en Dios, pero lo sentí muy cerca. Después tuve un sueño muy real en el que veía a mi abuela y me decía que estaba bien y me mostro el lugar en donde estaba. (Esto de girar todavía me pasa, pero ahora es de vez en cuando).

Lo siguiente fue unos años más tarde: iba a cumplir 33 años cuando, sin motivo aparente pues no tenía problemas y vivía tranquila, empecé a sentir una nostalgia muy grande y lloraba sin ningún motivo, la lavadora de nuevo empezó a detener su ciclo porque la tapa se levantaba, se quebraban cosas en casa sin ningún motivo, incluso se me llegaron a romper vasos de vidrio en mi mano y fue entonces que un día empecé a tener escritura automática y en una ocasión hice un dibujo muy bonito (yo no sé dibujar) de Jesús. No tenía miedo y hasta me divertía porque pensaba… y esto qué?  Pero bueno… lo comente con mi entonces esposo y me dijo que no entendía y no quería saber nada de eso. Pero yo quería saber de qué se trataba y así fue como llegue a la iglesia, un sacerdote que leía el iris del ojo me dijo que el diablo me estaba correteando porque estaba alejada de dios. Mi mama que vivía en USA le pidió a mi esposo que me llevara a otra ciudad cercana a ver un sacerdote conocido de ella que hacia exorcismos (hazme favor!!) Yo fui nada más para que no dijeran que si me estaba correteando el diablo y que por eso no me dejaba. Fuimos hizo su ritual y no paso nada. El sacerdote nos dijo que no nos preocupáramos, que no era el diablo.

Decidí buscar a Dios y pues me metí de lleno a la iglesia a lo que le llaman la renovación del espíritu santo, esto me trajo algunos problemas porque mi esposo decía que ya nada más me faltaba quedarme a dormir ahí. Mis hijos ahí hacían la tarea porque los llevaba conmigo. Pero después de un tiempo vi que no era lo que buscaba. No encontré respuestas y me desilusiono la iglesia. Fue entonces que algo paso que de repente empecé a leer mucho. Sentía una gran atracción por los libros de temas espirituales. Ahí encontraba escrito lo que estaba escribiendo cuando tenía escritura automática. Me daba mucho sueño y cuando dormía tenia sueños muy vividos. Uno de ellos me marco mucho pues fue como haber estado en el vientre materno de Dios. Esas fueron las palabras que le pude poner después de un tiempo. Todo esto me llevo iniciar mi camino de crecimiento espiritual. Me divorcie y como fue mi decisión pague las consecuencias pues mi esposo dejo de apoyarnos económicamente,  pero tuve  la fortuna de tener amigas que siempre me apoyaron moralmente y como yo era la novedad en el grupo de oración en donde las conocí y ellas estaban en esa búsqueda pues me cuidaron mucho por lo que podía darles en ese momento. En este tiempo fui con un psiquiatra, me hizo estudios y me dijo que tenia mucha actividad en el lobulo frontal pero no me dio tratamiento (¡Qué bueno!).

Un día en una crisis existencial rompí todas las cartas, no le encontraba sentido a eso que me pasaba y tenía que trabajar para sacar adelante a mis tres hijos. Entre a estudiar psicología y cuando llegue a estudiar las patologías con todas me identificaba (algo común en los estudiantes de psi.) No hablaba de esto con nadie porque me daba vergüenza, a excepción de mis amigas que ya para entonces nos decíamos  “loquitas” de cariño. Nunca tomamos estas experiencias como locura o como algo patológico y hasta nos divertíamos con la manera en que se presentaban las sincronicidades en mi vida las cuales al parecer tenían un objetivo.

CARTA DE R.G. (3ª y úlrima parte, 25-09-13)

La sed de aprender a equilibrar mi energía me llevo a tomar cursos de todo lo que encontraba en mi camino relacionado con energía y crecimiento espiritual.  Aprendía muy fácilmente, de hecho termine mis estudios universitarios con mención honorifica y titulo automático. Mi primer caso fue de esquizofrenia imagínate nada más.  No soltaba a mi profesor con la asesoría, fue un mal diagnostico para la paciente pues la etiqueta la daño mucho. Dejo el medicamento porque no podía comprarlo y no nos quedo de otra que trabajar con lo que había aprendido sobre energía, equilibrar su energía y lograr que encontrara su centro la ayudo a dejar atrás ese estigma y se convirtió en otra persona. Ahora era funcional, y aunque tomo la decisión de irse con un novio con el que no le fue muy bien  y a quien dejo después, lo importante fue que se atrevió a vivir su propia vida, ya tenía más de 40 años y vivía totalmente dependiente de su madre. Actualmente trabaja en ventas en hotelería y es independiente.

Me parece que a veces se aceptan etiquetas porque de alguna manera tenemos un beneficio secundario, como pertenecer a algo o sentir que le importas a alguien… bueno eso entre algunas otras causas. Yo sé que hay casos en que si se requiere el medicamento pero también se que hay muchos otros en que se podría evitar hacer un diagnostico de algún trastorno mental  que afecta tanto a la persona y a su familia.

En cuanto a mi caso, las diferentes técnicas que utilicé me llevaron a encontrar ese centro y mi trabajo es mantenerlo. La última experiencia si me hizo perder esa plenitud que había logrado  pero ya la estoy recuperando de nuevo. Fue debido a un accidente en carretera y tuve una experiencia cercana a la muerte que marco mucho mi vida… fue  el 16 de abril del año pasado y la fecha en que considero que volví a nacer…. A raíz de ese accidente empecé a perder todo y ahora estoy empezando de nuevo. Perder todo me llevo a trabajar en los apegos sobre todo los afectivos, porque mi sentido de vida eran mis hijos y mis tres nietos. Ahora mi sentido de vida soy yo y casi  lo logro… me falta un poco, pero la actitud y voluntad en seguir creciendo sé que me van a llevar a lograr recuperarlo.

Dr. Todo esto fue sin medicamento porque nunca creí que estaba enferma… me parece que están mas enfermas las personas insensibles y materialistas, las personas egoístas y frívolas. Esas personas que no ven ni oyen nada desde adentro son las que considero enfermas y con mucha necesidad de ayuda.

Si la consecuencia de mi crecimiento espiritual es la soledad, la asumo con mucho gusto porque realmente no estoy sola, estoy conmigo y en verdad me disfruto y disfruto cada experiencia que la vida me regala.

Sé que esta carta es muy larga y  le agradezco el tiempo que se tome para leerla, como le dije es la primera vez que hago esto y espero poder aportar algo, porque a mi si me ayudo mucho el hacerlo. Tambien me gustaria pedirle su opinion, se que las crisis de epilepsia tuvieron que ver con que se diera esta situacion pero este tipo de experiencias las tenia desde antes de que se presentaran. Hasta ahora que leo sus publicaciones me hago esta pregunta, antes no le daba mucha importancia y quisiera saber mas sobre este tema porque me llama la atencion que en los dos primeros estudios que me hicieron no salia nada, solo en el ultimo, pero no recibi tratamiento.  Según yo eso ya esta superado pues he trabajado en meditacion todo lo relacionado con la salud fisica, emocional y mental… Pero me gustaria mucho saber su punto de vista.

Nuevamente gracias por su atencion.

COMENTARIO A LA  CARTA DE R.G. (26-09-13):

Decíamos el primer día, en el prólogo de este escrito, que el mismo encerraba un profundo significado para Nuevapsiquiatría, y que era más fácilmente aprehensible tras haber leído “Hiperia: una sofisticada función mental”. En efecto, la experiencia de vida que narra R.G. en su carta es un caso prototípico de qué es hiperia y de por qué la hiperia ha de ser concebida y entendida como un fenómeno con entidad propia y, por ende, diferente y separado, tanto de la epilepsia como de la enfermedad mental.

En efecto, R.G., con la misma ingenuidad que Hildegarda de Bingen, cuando habla de su infancia, y con la misma naturalidad que Ángela de Foligno, cuando alude a sus problemas familiares, va narrando sus automatismos mentales como si se tratase de hechos completamente normales. Por muy extraordinarios que sean, ella los vive como algo natural, como algo que tiene que ocurrir y es lógico que ocurra. R.G. vive sus experiencias hipéricas de manera completamente egosintónica, sin plantearse en ningún momento que pueden ser fenómenos patológicos.

Se da la circunstancia feliz de que el neurólogo que la valoró cundo tenía trece años, al no encontrar nada en las exploraciones complementarias, se abstuvo de hacer diagnóstico alguno.  Mucha más suerte supone la poco intervencionista actuación del psiqjuiatra, que igualmente se inhibe de hacer diagnóstico alguno, limitándose a emitir una mera opinión sobre una posible hiperactividad frontal: “me dijo que tenia mucha actividad en el lobulo frontal pero no me dio tratamiento (¡Qué bueno!)”

¡Y tan bueno! Esta actitud exquisitamente neutral del psiquiatra impidió que R.G. fuese diagnosticada de un trastorno mental, comenzando así la casi siempre interminable carrera de “enferma mental”. Quiero recalcar el comportamiento de este psiquiatra porque no es el habitual en nuestra especialidad: probablemente sea debido a que la psiquiatría asienta sobre arenas movedizas y casi nunca hay signos claros a los que poder agarrarse, los psiquiatras tenemos tendencia a sobre-diagnosticar. Sea por la razón antes aludida de la psiquiatría como ciencia muy blanda, sea por otras razones, parece que nos quedamos más tranquilos cuando somos capaces de decirle al paciente: “Mire, lo qjue usted tiene es ….”. Es la magia de la palabra, que tranquiliza al paciente, pero también al médico.

Sea como fuere, R.G. se ve libre de este peligroso camino y continúa su vida tratando de encontrarle un sentido a los fenómenos extraordinarios que experimenta. Como otros tantos “vigías del abismo” que la han precedido, la vida de R.G. no puede ser otra que la de un buscador. Como cualquier místico, como Herman Hesse en El lobo estepario, como Proust en La receherche du temps pedu, como tantos otros artistas y personas religiosas, la vida de R.G. se centra en buscar. Y, curiosamente, busca por los trillados caminos de la mística: atención a lo interior, ascesis que ayude al desprendimiento, meditación, contemplación…

Este artículo tiene 5 comentarios

  1. Hola, Mi nombre es Leonardo Real y soy Psicólogo, Chileno, me gustaría formar parte de una GATs de mi ciudad en Santiago de Chile, Providencia.

    Gracias.

  2. Hola. Mi padre sufre de trastorno bipolar desde hace más de cuarenta años. Hemos acudido a diferentes psiquiatras, tanto de la seguridad social como privados, y no ha habido mejoría. Nos da mucha pena ver así a mi padre, ya que no es vida no para el ni para nosotros que somos su familia. Es por ello que nos gustaría encontrar a alguien que le pudiera ayudar a curarse. Les agradecería de todo corazón que nos ayudasen.

    Muchísimas gracias. Un saludo.

  3. Podríamos colaborar cómo familia de un paciente y el paciente.
    Indudablemente en aquéllo que necesitéis.
    Un cordial saludo.
    Azucena París.

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