Asociación Nueva Psiquiatría · Por un nuevo modelo en el sistema de salud mental

Drogas e hiperia

Dr. Álvarez:

Vd. deja muy claro en su definición de la hiperia que una de sus características fundamentales es la pasividad.

Como bien sabe, psiquiatras de la talla de Stanislav Grof y otros han experimentado con sustancias psicotrópicas e incluso, el mencionado psiquiatra, ha desarrollado la técnica de la ´respiración holotrópica´ para acceder a estados alterados de conciencia.

El acceso a estos estados es provocado, por lo que no parece encajar dentro del espectro de las vivencias hipéricas. Sin embargo, el contenido de estas experiencias inducidas no es previsible, por lo que parece que cierto tipo de ‘pasividad’ también está presente.

Tengo dos preguntas: ¿pueden considerarse hipéricas estas experiencias? ¿Recomienda Vd. el uso de esas sustancias y/o de esas técnicas?

RESPUESTA DE NUEVAPSIQUIATRÍA (1-II-13):

Su consulta encierra, en realidad tres preguntas: las dos del párrafo final y una tercera, implícita  en la primera parte de su escrito, donde se plantea usted la siguiente disyuntiva: las vivencias desencadenadas por el consumo de sustancias psicotropas, ¿son provocadas o son pasivas?

La respuesta a esta primera pregunta es que son ambas cosas a la vez: se promueve la génesis de la vivencia mediante el uso de una de esas sustancias psicotrópicas a las que usted alude, pero una vez que la misma se ha desencadenado se desarrolla pasivamente, de tal modo que el sujeto asiste ahora pasivamente al desarrollo de dicha vivencia en su conciencia.

El tema de la provocación de vivencias hipéricas mediante diferentes técnicas y estímulos está ampliamente desarrollado en NUEVAPSIQUIATRÍA, y el lector puede consultar a este respecto los siguientes apartados:

– “Epilepsias reflejas”, en la subsección “Psiquiatría y Epilepsia” psiquiatría de la sección “Textos de interés”, donde se habla de los ataques reflejos auto-provocados.

– “Hiperia y mística”, primer apartado de la subsección “Hiperia y creatividad” de la sección “Textos de interés”, en el que se explica ampliamente las técnicas que han aprendido a usar los místicos para desencadenar vivencias hipéricas.

– Toda la subsección “Hiperia y drogas” de la sección “Corpus”, que da cuenta xd ela vivencias hipéricas que producen los psicotónicos.

En todas esas exposiciones queda claro que el sujeto sólo necesita saber manejar el estímulo adecuado (una droga, una música, la repetición de una mantra, una luz intermitente, etc.) para provocar voluntariamente una descarga hipérica. Ahora bien, cuál es y cómo va a ser la vivencia que se desarrolle en su mente, eso ya no depende de la voluntad del sujeto.

Por ejemplo, tratando de promover una vivencia placentera mediante el uso de determinado estímulo, la persona puede encontrarse que lo que ha suscitado es un desagradable ataque de pánico, el cual se desarrolla de forma automática y pasiva: es decir, aunque quiera ya no puede hacer nada para sustituir esa vivencia de angustia por otra placentera.

Creo que quedan claramente contestados los dos primeros interrogantes: una descarga hipérica se puede promover voluntariamente, pero una vez que aparece el contenido y cualidad d de la vivencia escapan ya completamente a la voluntad de quien la está experimentando

En cuento a la tercera –“¿recomienda Vd. el uso de esas sustancias y/o de esas técnicas?”-, la respuesta es más compleja pues la cuestión alude, en una sola pregunta, a dos temas bien diferentes: si recomiendo el uso de ‘técnicas’ y si recomiendo el uso de ‘sustancias’.

A nadie se le escapa que no es lo mismo incitar al uso diario y continuado de la meditación, o de una determinada música, o de un mantra que se repite una y otra vez, a fin de provocar una posible vivencia de bienestar extático, que aconsejar el uso continuado y diario de cannabis, o de 3,4-metilendioxi-N-metilanfetamina (el denominado ‘éxtasis’ en el mundillo del consumo de drogas), o de sustancias inhalantes, para tratar de suscitar esa misma vivencia extática.

De entrada, como psiquiatra, no tengo conocimiento alguno de que el uso de la meditación, en sus múltiples variedades, o de las diferentes técnicas de relajación, del mindfulness, de la musicoterapia o de otras psicoterapias que van en la misma línea, produzcan efecto perjudicial alguno. Al contrario, hay evidencias que apuntan a que con cualquiera de estas técnicas se consiguen efectos beneficiosos para el estado mental del sujeto.

Esta cuestión es mucho más compleja que la relativa al uso de técnicas de meditación, relajación y psicoterapias en general. Dado el delicado carácter de este tema, creo conveniente elaborar una respuesta detallada y extensa de la misma, la cual, para no cansar ya más al lector, publicaré mañana.

2ª RESPUESTA DE NUEVAPSIQUIATRÍA (2-II-13):

“¿Recomienda Vd. el uso de alguna de estas drogas psicotrópicas para promover descargas hipéricas?”, preguntaba el lector.

En primer lugar hay que definir qué es un psicotropo: cualquier agente químico que actúa sobre el sistema nervioso central dando lugar a cambios temporales en la percepción, ánimo, estado de conciencia y comportamiento.

En cristiano, son psicotropos todos los fármacos psiquiátricos (antidepresivos, ansiolíticos, antipsicóticos, reguladores del humor, etc.) y todas las drogas, ya sean legales (nicotina, alcohol, etc.) o ilegales (cannabis, anfetaminas, cocaína, heroína, etc.), pues todas ellas promueven alguno de los cambios mentales arriba indicados.

En efecto, muchos psicotropos dan lugar a vivencias hipéricas. Muchos lectores conocerán lo que digo por propia experiencia, tras el uso de cannabis, alcohol, hachís, valium, anfetaminas, etc.

La respuesta a si recomiendo no no el  uso de psicotropos para producir hiperia no puede ser unívoca: Jacques Joseph Moreau de Tours, el  psiquiatra francés más admirado por figuras ten relevantes de la psicología como Pierre Janet, o de la psiquiatría como Henri Ey, debe toda su fama a los estudios que hizo investigando en su propia persona las respuestas de su cerebro al consumo de cannabis. Como resultado de estos análisis escribió un libro, “Du hachisch et de l´aliénation mentale” que, por cierto, puede ser bajado en castellano desde la sección “descargas” de www.nuevapsiquiatria.es

Los efectos beneficiosos que se han seguido del uso del cannabis por parte del señor Moreau de Tours están fuera de toda duda: insisto, esa sola obra lo consagra como uno de las primeras figuras de la psiquiatría francesa, con descripciones psicopatológicas –por ejemplo, de las alucinaciones- que no han sido superadas por ningún otro psicopatólogo hasta el día de hoy.

¿Quiero esto decir que yo recomiendo el uso del hachís de forma generalizada? Pues, no.

¿Estoy entonces absolutamente en contra del uso de hachís, o de cualquier otra droga, ya sea para experimentar una vivencia hipérica, ya para otra finalidad? Pues, tampoco.

Mi opinión al respecto es que toda persona adulta deber ser responsable de sus actos, y si decide consumir una sustancia psicotrópica ha de estar preparado para responder adecuadamente de las consecuencias que se puedan derivar de ese acto.

De lo dicho hasta aquí, creo que puede deducirse cuál es mi postura respecto a este consumo: no tengo nada que objetar a su uso de forma puntual y juiciosa, pero soy totalmente contrario a que se empleen de manera irracional y abusiva, pues pueden generar trastornos psiquiátricos graves.

Por ejemplo, el hachís ­­–el vulgarmente llamado “porro”- ha sido y es causa de muchos trastornos paranoides graves. El cannabis es una sustancia que, empleo el término usado por los consumidores habituales, “emparanoia” mucho. Es decir, con mucha frecuencia produce vivencias auto-referenciales: “notan lo que estoy pensando”, “ha actuado así porque ya sabía lo que le iba a decir yo”, “me está leyendo el pensamiento”, etc. Estas vivencias pueden ser momentáneas y no tener mayores consecuencias, pero en muchas personas causan una ideación auto-referencial continuada que frecuentemente termina en una psicosis aguda.

Otro tanto se puede decir del uso irracional de otras drogas: son la causa más frecuente del diagnóstico de psicosis aguda inespecífica, diagnóstico que en un tanto por ciento muy elevado de casos, tras el segundo o tercer episodio de internamiento psiquiátrico por psicosis aguda repetitivas, acaba siendo sustituido por el diagnóstico de trastorno esquizofrénico, término que conlleva una estigmatización y un pronóstico muy negativos para el sujeto así diagnosticado.

El tema de los consumidores de drogas que acaban siendo diagnosticados de esquizofrenia es muy complejo para ser abordado aquí. Pero, muy sucintamente, digamos que la evolución de muchos de estos jóvenes es la siguiente: primer ingreso, diagnóstico de psicosis tóxica. Segundo ingreso: el paciente, cuando ya percibe que será inevitable otro ingreso, y como no es tonto y sabe que al ingresar le van a pedir tóxicos en orina, unos días antes del ingreso ha dejado de consumir drogas. Ya no se puede hacer el diagnóstico de psicosis tóxica y se sustituye por el de psicosis inespecífica.  Tercer ingreso: sigue sin dar positivo a drogas en orina y ya cumple criterios de tiempo suficiente con los síntomas psicóticos como para poder ser diagnisticado de esquizofrenia. Este diagnóstico abre directamente la puerta a una pensión no contributiva (aproximadamente 400 euros) que el sujeto, habitualmente un “nini”  (ni estudia ni trabaja), agradece y valora muy positivamente durante un tiempo.

Habitualmente un “nini”… Esta puntualización no es fortuita, sino verdaderamente intencionada. Como decía hace unos años un psiquiatra cuyo nombre no recuerdo, creo que era brasileño, “hemos pasado de una psiquiatría sin cuerpo (la de mediados del siglo XX) a una psiquiatría sin alma” (la actual). Sí, los factores económicos y sociales hoy no se tienen en cuenta, para nada, a la hora de hacer el diagnóstico de esquizofrenia. Pero cualquiera que se tome la molestia de analizarlo, comprobará que la mayoría de las veces ese diagnóstico recae en personas de clase social baja.

Así que, pasados esos primeros años de: “¡come, triunfa!”, disfrutando la no contributiva, el sujeto cae en la cuenta de que se ha convertido, en plena juventud, en un enfermo mental crónico al que se le cierran todas las puertas profesionales, afectivas y sociales!… ¡está metido en un infierno del que no sabe cómo salir!

Créanme, no dramatizo: cualquier psiquiatra con experiencia que lea esto podrá corroborar lo que digo.

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