Asociación Nueva Psiquiatría · Por un nuevo modelo en el sistema de salud mental

GUÍA DE LA HIPERIA

Nuevapsiquiatría comienza hoy la publicación de la llamada Guía de la hiperia. Este texto ha de ser entendido com una versión de la hipótesisde la hiperia actualizada con las últimas evidencias neurocientíficas que son concordantes y que, por tanto, vienen a reforzar y dar validez a dicho planteamiento.

Supone, además, una mejora de versiones anteriores, por ejemplo, al eliminar la antigua división de hipersincronías en fisiológicas y patológicas, sustituyéndola por otra clasificación más operativa: hipersincronías proactivas e hipersincronías reactivas.

El Decálogo de la hiperia contiene los diez criterios o rasgos fundamentales que definen y caracterizan la hiperia. Estos enunciados parecen muy simples, sin embargo cada uno de ellos supone gran cantidad de información y en su conjunto  contienen todos los datos neurocientíficos necesarios para comprender bien el nuevo paradigma que plantea Nuevapsiquiatrías.

  1. La hiperia es un estado peculiar de conciencia que, al igual que los demás (conciencia vigil, onírica, hipnoide, crepuscular, epiléptica, conciencia meditativa, conciencia abstraída, etc.), viene determinado por el grado de actividad neuronal durante dicho estado.
  2. Durante el estado hipérico se produce una peculiar estructuración de la conciencia que se estrecha súbitamente, focalizando casi toda su atención sobre una vivencia determinada que discurre por la mente automáticamente, y que es vivida con enorme intensidad y sentimiento de extrañeza: son las vivencias hipéricas.
  3. La hiperia es el resultado de encendido determinadas vías neuronales durante el cual se activa al unísono un número superior de neuronas al que lo hace en el estado habitual de conciencia vigil: es, por tanto, una hipersincronía neuronal.
  4. Las hipersincronías neuronales pueden ser divididas en dos grandes grupos: proactivas y reactivas:
  5. Las hipersincronías proactivas o productivas: promueven la puesta en marcha de una función cerebral compleja, como puede ser el aprendizaje, la memoria, el lenguaje, la actividad sexual, la hiperia, etc.
  6. Las hipersincronías reactivas o supresoras: surgen como reacción secundaria a una hipersincronía productiva que, por diferentes razones, amenaza la estabilidad del sistema nervioso y se ha vuelto indeseable, siendo necesario poner en marcha otro tipo de hipersincronía que la suprima. Se incluyen en este grupo las hipersincronías epilépticas.
  7. Todas las hipersincronías son mediadas por la neurotransmisión activadora del cerebro, es decir, por la neurotransmisión glutamato. Ahora bien, hay muchas evidencias que indican que las hipersincronía productivas están mediadas por neurorreceptores diferentes a los que median las hipersincronías reactivas o supresoras de tipo epiléptico.
  8. De lo anteriormente expuesto se desprende que, pese a la elevada frecuencia con que aparecen en la misma persona, ambos tipos de hipersincronías son mútuamente excluyentes al mismo tiempo. Esta concepción de las hipersincronías, clasificándolas en dos grupos que se excluyen mutuamente, explica de forma natural y simple una serie de hechos neurocientíficos que hasta el presente resultaban paradójicos y aparentemente contradictorios.
  9. El paradigma neuropsiquiátrico actualmente vigente inserta la hipersincronía hipérica dentro de las hipersincronías epilépticas. Por el contrario, Nuevapsiquiatría postula que las manifestaciones psíquicas de la hipersincronía hipérica, en el marco de hiper-estructuración de la conciencia que caracteriza ese estado, suscitan y promueven el conocimiento intuitivo en sus distintas variantes, por lo que hay que concebirlas como expresión de una hipersincronía proactiva y/o productiva.
  10. De hecho, las vivencias hipéricas han constituido una importante fuente de creatividad a lo largo de la historia de la humanidad.
  11. La hiperia es, por tanto, una función cognitiva que da lugar a cogniciones intuitivas clarividentes a las que suelen asociarse fenómenos de telepatía. Como otras funciones mentales tales como la memoria, la inteligencia musical, matemática etc., es educable y se puede reforzar mediante el empleo de todos aquellos estímulo, físicos, químicos o psicológicos que faciliten la aparición de este estado de conciencia: luz, música, ejercicio físico, sustancias psicotrópicas, psicoterapias, meditación, concentración, repetición de mantras o jaculatorias, etc.
  12. Las manifestaciones mentales propias de la hiperia adquieren valor psicopatológico sólo en aquellos casos en los que, por las razones que sean, dichas vivencias produzcan un hábito morboso de vida con deterioro del funcionamiento psicosocial del sujeto. En estos casos encontramos estas experiencias hipéricas constituyendo o formando parte de diferentes síntomas o síndromes psiquiátricos.

Nuevapsiquiatría hipotetiza que numerosas experiencias psíquicas hasta ahora considerados síntomas psiquiátricos son expresión de una hipersincronía cerebral de carácter adaptativo. Al igual que otros hipersincronías neuronales  (el sueño, la memoria, la sexualidad, etc.), hiperia es una función del cerebro genéticamente determinada, que promueve el conocimiento intuitivo y la comunicación telepática.

Esta hipótesis explica muchos de los actuales síntomas psiquiátricos (alucinaciones, delirios, ataques de pánico, etc.) como producciones psíquicas positivas , frente al actual paradigma psiquiátrico que las explica como el resultado de una enfermedad.

Venimos defendiendo este nuevo paradigma desde hace más de diez años, http://www.alibri.es/extasis-sin-fe-155174?path=4_53, en base a criterios de neurocientíficos. Desde entonces, han aparecido numerosas nuevas evidencias en estos campos científicos, especialmente en el neuropsicofarmacológico, que son consistentes con esta hipótesis de la hiperia y, por lo tanto, la refuerzan.

Carecemos de medios para llevar a cabo estudios experimentales (estudios neuropsicofarmacológicos o de neuroimagen) que validen esta hipótesis, y nos limitamos a publicar artículos en revistas de neurociencia para difundir el conocimiento de su existencia. Paradójicamente, en ocasiones nuestros trabajos son rechazados con el argumento de que esta hipótesis es fácilmente comprobable, como nos respondió Behavioral and Brain Sciences en agosto de 2013: “El problema de este artículo para BBS es que su hipótesis de hipersincronía en las regiones definidas en los individuos con diversos éxtasis, religioso, musical y otros estados, pero separado de relacionado con la patología de la epilepsia , es completa y fácilmente comprobable.”

Un paso importante, con vistas a validar esta hipótesis, sería poner en marcha una Unidad Clínica para el Manejo de la Hiperia.

La creación de una Unidad para el Manejo de la Hiperia constituirá un importante avance en el modo de enfocar y tratar estas manifestaciones psíquicas. En efecto, bajo el actual paradigma psiquiátrico estas experiencias son catalogadas como resultado y/o expresión de una enfermedad mental.

Analicemos brevemente lo que esto supone para la persona que las experimenta. Habitualmente se trata de personas jóvenes pues estas producciones psíquicas suelen debutar en la adolescencia o primera juventud. Supongamos que lo que experimenta nuestro protagonista son alucinaciones y/o ideas delirantes. Él se da cuenta de que está ocurriendo algo inusitado, pero no puede evitarlo, y asiste como espectador impotente ante ese asombroso y angustioso acontecer psíquico que sucede en su mente. Efectivamente, con independencia de cuál sea el contenido de ese episodio alucinatorio y/o delirante, el joven siente una enorme angustia y asombro al constatar que algo muy extraño está ocurriendo dentro de su cabeza.

Puede que inicialmente trate de controlar esos fenómenos por sus propios medios sin comentárselo a nadie. Pero, cuando no aguanta más, pide ayuda a las personas más allegadas, habitualmente los padres. Estos llevan al chico al psiquiatra quien diagnostica una enfermedad mental, muy  a menudo esquizofrenia, que implica connotaciones muy graves respecto al futuro de esa persona.

Comienza de ese modo un proceso de enfermedad que, casi siempre, acaba con la completa incapacitación social de ese joven.

Supongamos que, en vez de alucinaciones y/o ideas delirantes, lo que experimenta nuestro protagonista son cambios bruscos e inmotivados del afecto, con fases de irresistible exaltacíón gozosa que alternan con otras de profunda depresión igualmente irrefrenables. El proceso que viene a continuación es similar al descrito en el caso anterior, con la diferencia de que ahora el diagnóstico es de trastorno bipolar. Las consecuencias derivadas de ese diagnóstico son parecidas a las que se derivan del diagnóstico de esquizofrenia: un handicap tremendo que suele terminar por anular a la persona.

Una tercera posibilidad es que las vivencias extraordinarias sea un estado alucinatorio/delirante mezclado con alternancia de fases expansivas y depresivas. En este caso el sujeto es diagnosticado de trastorno esquizoafectivo, que significa que padece esquizofrenia y trastorno bipolar al mismo tiempo. Ni que decir tiene que este diagnóstico produce efectos todavía más deletéreos que cualquiera de los anteriores por separado.

Hasta aquí el proceso que, con el actual paradigma psiquiátrico, suelen padecer los jóvenes que tienen estas vivencias extraordinarias. Pero, ¿cómo sería ese proceso si esas vivencias fueran enfocadas desde el paradigma de la hiperia? Es decir, ¿qué ocurriría si ese joven, en vez de ser ingresado en una Unidad de Hospitalización Psiquátrica habitual, fuese llevado por sus padres a una Unidad para el Manejo de la Hiperia?

El joven acude a la Unidad de la Hiperia acompañado de sus padres, y todos ellos residen allí varios días o semanas, dependiendo el tiempo de permanencia de la intensidad de las vivencias experimentadas.

Desde el primer momento se le enseña, tanto al protagonista como a sus padres, a considerar las vivencias hipéricas como manifestaciones normales del cerebro. Son manifestaciones tan normales como las que ocurren durante el sueño. La única diferencia es que la persona hipérica es capaz de soñar despierto.

Por tanto, el primer paso es convencer a los padres y al joven de que no estamos ante una persona enferma, sino ante un sujeto especialmente dotado para la actividad hipérica. Esta alta predisposición para la hiperia probablemente sea de carácter hereditario. Decirle a una persona bien dotado para la hiperia es equivalente a decirle que está bien dotado para la música o para las matemáticas o para cualquier otra actividad cerebral. Por tanto, no es un reproche, sino todo lo contario: es resaltar una cualidad positiva.

Una vez que el joven y sus padres se sienten seguros y tranquilos con esta interpretación, el segundo paso es valorar la tonalidad afectiva de las experiencias hipéricas. Ya sean gozosas o dolorosas, hay que enseñar al sujeto a convivir con ellas. El joven tiene que aprender a controlar la tristeza o la alegría que conllevan estas experiencias y a no actuar movido por estos sentimientos.

Este punto —controlar las emociones y no actuar bajo su influencia— es clave. De hecho, en determinados casos será necesario emplear medicación sedante puesto que los sentimientos son tan sumamente intensos que el protagonista es absolutamente incapaz de controlarlos. Emplearemos esa medicación sólo durante el tiempo necesario para que él aprenda a controlar sus emociones.

Paradójicamente, los individuos cuyas experiencias hipéricas son manejadas conforme a los principios del paradigma psiquiátrico actualmente vigente, han de aprender también a soportar y a convivir con esos fenómenos extraordinarios y, además, sin poder hablar de ellos con nadie.

En efecto, cuando un joven hipérico es llevado al psiquiatra lo que normalmente ocurre es que éste sea sometido a tratamiento con antipsicóticos de forma forzoso, porque el no tiene conciencia de estar padeciendo una enfermedad. Él sabe que le está pasando algo anómalo pero no lo identifica como una enfermedad, así que el acepta el tratamiento antipsicótico a regañadientes. Pasado un tiempo, semanas o meses, y tras constar los graves y molestos efectos secundarios de la medicación, su primera actuación consiste en no tomar esa medicación que tan molesta le resulta. Pero enseguida su familia y/o el psiquiatra descubren el engaño. El paso siguiente es aprender a disimular los síntomas psicóticos pues el paciente sabe que si no habla de ellos, las personas que lo rodean piensan que está bien compensado y no tiene síntomas psicóticos.

En definitiva, ya sea con el enfoque psiquiátrico habitual ya con el hipérico, el paciente tiene que aprender a convivir con sus experiencias extraordinarias. Ahora bien, en el primer caso es algo que tiene que descubrir él solo tras un largo y doloroso proceso, mientras que en el c aso del enfoque hipérico el individuo realiza este aprendizaje ayudado por el médico y por su familia.

Además, este segundo enfoque le enseña a vivir con manifestaciones psicológicas positivas, mientras que el enfoque psiquiátrico postula que está sufriendo síntomas psíquicos dolorosos y negativos.

Con lo dicho hasta aquí, creemos que quedan suficientemente claras las ventajas y los inconvenientes.

Esta escala sirve para medir el grado de predisposición genética de cada individuo a las vivencias hipéricas, es decir, a experimentar estados de hiperconsciencia en los que se producen determinados automatismos psíquicos.

Enmarque con un círculo rojo el número que mejor se adecue a su caso en cada uno de los 11 apartados siguientes:

  1. Distorsión de la experiencia subjetiva del tiempo: durante el estado de conciencia hipérica la vivencia del tiempo subjetivo o tiempo inmanente está siempre alterada. Lo más habitual es que los hechos psíquicos que se producen durante ese estado parecen suceder en un instante, por lo que es imposible especificar la duración objetiva de los mismos. Otras veces, como en los estados de exaltación eufórica, el tiempo da mucho de sí y en un solo día se tiene la impresión de haber realizado las tareas de un mes, teniendo el sujeto la percepción justamente contraria en los estados de inhibición depresiva 1-2-3-4-5
    a. Nunca: 0
    b. Alguna vez: 1
    c. Frecuente pero poco intenso: 3
    d. Muy intenso pero sin llegar a asustarme: 4
    e. Es tan intenso que me angustia y tengo que comentarlo con alguien: 5
  2. Vivencias de déjà vu ou déjà vécu: (lo que estoy viendo en este instante ya lo vi o lo viví exactamente igual en otra ocasión anterior): 1.2.3.4.5
    a. Nunca: 0
    b. Muy pocos vez (<5 en la vida): 1
    c. Pocos (entre 5 y 10): 2
    d. Frecuentes ( entre 10 y 20): 3
    e. Muy frecuentes (entre 20 y 30): 4
    f. La experiencia de déjà vécu consiste en percibir hechos que están ocurriendo a distancia y cuya veracidad puedo comprobar después: 5
  3. Vivencias de despersonalización y/o desrealización (de repente, o bien yo o bien mi entorno, lo vivo como cambiado y diferente lo habitual aunque soy consciente de que mis órganos perceptivos siguen funcionando correctamente. Esta modificación de la vivencia de mí mismo o del mundo exterior suele acompañarse de ansiedad): 1.2.3.4.5
    a. Nunca.0
    b. Muy pocas (<3 en la vida).1
    c. Pocas (entre 3 y 5) 2
    d. Frecuentes (alrededor de 10) 3
    e. Muy frecuentes (> 10) 4
    f. Tan frecuentes que producen afectación o daño psicosocial: 5
  4. Ataques de pánico (crisis repentina y muy aguda de terror extremo con miedo a estar perdiendo la razón o a punto de morir, junto con síntomas vegetativos tales como sudor, temblores, taquicardia, sensación de mareo, etc.): 1.2.3.4.5
    a. Ninguno: 0
    b. Menos de: 1
    c. Entre 3 y 5: 2
    d. Entre 5 y 10: 4
    e. Tan frecuentes o intensos que producen afectación o daño psicosocial: 5
  5. Alucinaciones: el sujeto percibe (ve, oye, huele o siente) algo que los demás no perciben y está convencido de la existencia de ese fenómeno: 1.2.3.4.5
    a. Nunca: 0
    b. Una vez: 1
    c. Dos veces: 2
    d. Tres veces: 3
    e. Más de tres veces: 4
    f. Tan frecuentes o intensos que producen afectación o daño psicosocial: 5
  6. Súbitas cogniciones acompañadas de sentimiento de clarividencia o verdad absoluta (se incluyen aquí las intuiciones y también las sincronicidades o “casualidades sorprendentes” a las que el sujeto confiere un significado no casual): 1.2.3.4.5
    a. De intensidad ligera y vividas como normales: 1
    b. Intensidad moderada y vividas como sorprendentes: 2
    c. Muy intensas pero sin convicción de certeza absoluta: 3
    d. Tan intensas que se acompañan de sentimiento de certeza absoluta: 4
    f. Tan intensas que producen afectación o daño psicosocial: 5
  7. Ataques automáticos y recortados de abatimiento-tristeza-hipoactividad o, por el contrario, de euforia-alegría- hiperactividad, en ocasiones alternando entre sí rápidamente. Estos estados emocionales, que son vividos como algo extraño y ajeno a uno mismo, conllevan también cogniciones clarividentes a menudo asociadas a fenómenos telepáticos 1.2.3.4.5
    a. No: 0
    b. Suaves y percibidos como normales: 1
    c. Intensos y percibidos como anómalos: 2
    d. Muy intensos pero manteniendo el control de mí mismo: 3
    e. Tan intensos que pierdo el autocontrol y caigo en conductas inadecuadas: 4
    f. Tan intensos que producen afectación o daño psicosocial: 5
  8. Sensibilidad hipérica a la música: determinadas piezas musicales suscitan en mi mente, de modo automático, alguna de las experiencias psíquicas descritas en los apartados 1 al 7: 1.2.3.4.5
    a. No: 0
    b. Suaves: 1
    c. Moderadas: 2
    d. Intensas pero que no me sorprenden: 3
    e. Tan intensas que me preocupan y/o me asustan: 4
    f. Tan extraordinariamente intensas que he necesitado pedir ayuda: 5
  9. Sensibilidad hipérica a olores y/o sabores antaño habituales: cuando pasado mucho tiempo el sujeto vuelve a percibir uno de aquellos olores y/o sabores de repente se produce una hipermnesia con aparición refleja de numerosos recuerdos con fuerte carga afectiva. Esta cascada de recuerdos automáticos suele referirse a la época en la que esas percepciones eran habituales: 1-2-3-4-5
    a. Nunca: 0
    b. Lo experimenté una vez: 2
    c. Entre dos y tres veces: 3
    d. Entre cuatro y cinco: 4
    e. Más de cinco: 5
  10. Sensibilidad  hipérica a la luz: ciertos tipos de luz, sobre todo destellos luminosos o ráfagas intermitentes, especialmente cuando son de luz coloreda, desencadenan en mi mente, de modo automático, alguna de las experiencias psíquicas descritas en los apartado 1 al 7: 1.2.3.4.5
    a. No: 0
    b. Suaves: 1
    c. Moderadas: 2
    d. Intensas pero que no me sorprenden: 3
    e. Tan intensas que me preocupan y/o me asustan: 4
    f. Tan extraordinariamente intensas que he necesitado pedir ayuda: 5
  11. Intensidad de respuesta hipérica al estrés medio-ambiental: las situaciones estresantes de mi entorno han desencadenado en mi mente alguna de las experiencias descritas en los apartados 1 al 7: 1.2.3.4.5
    a. No: 0
    b. Tan suaves que pasaron casi inadvertidas: 1
    c. Moderadas: 2
    d. Intensas pero que no me sorprenden: 3
    e. Tan intensas que me preocupan y/o me asustan: 4
    f. Tan extraordinariamente intensas que necesité ayuda médica: 5

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