Asociación Nueva Psiquiatría · Por un nuevo modelo en el sistema de salud mental

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Psiquiatría y Epilepsia

Antes de formular la hipótesis nuclear de NUEVAPSIQUIATRÍA, es necesario exponer con detalle los conocimientos actuales existentes acerca de la epilepsia, especialmente todo lo relativo a las manifestaciones psíquicas de esta enfermedad.

La epilepsia, la enfermedad sagrada de los griegos, como reza el título de uno de los tratados hipocráticos, sigue constituyendo hoy un enigma cuyo verdadero significado todavía hoy se nos esconde misteriosamente: efectivamente, además de una enfermedad, como ha venido siendo concebida a lo largo de la historia, parece que la epilepsia puede ser concebida también como una modalidad de funcionamiento normal de nuestro cerebro. De hecho cada aparecen más numerosas  y más contundentes evidencias científicas que apuntan a que determinados encendidos de nuestro cerebro son completamente fisiológicos.
Pues bien, todo nuestro planteamiento de la Nueva Psiquiatría se halla en íntima relación con este supuesto funcionamiento fisiológico epileptoide del cerebro. Así pues, antes de formular nuestra nueva teoría, es necesario exponer con detalle los conocimientos actuales existentes acerca de la epilepsia, especialmente todo lo relativo a las manifestaciones psíquicas de esta enfermedad. Dicha exposición nos permitirá comprender hasta qué punto un buen número de manifestaciones mentales, hoy por hoy incluidas en diferentes trastornos psiquiátricos, se hallan íntimamente relacionadas con la epilepsia, cunado no determinadas por ella. Toda esta información nos ayudará a comprender mejor cómo y a partir de qué datos ha ido gestándose nuestra nueva concepción psiquiátrica.
Contemplaremos en esta tercera sección los siguientes capítulos:

  • Concepto de epilepsia
  • Características de las vivencias epilépticas
  • Las epilepsias reflejas

El término epilepsia se refiere, por un lado a un ataque aislado que no constituye por sí mismo una enfermedad, por ejemplo un ataque producido por una fiebre muy alta; por otro, a ataques sucesivos que, por su carácter repetitivo, son causa de un algún tipo de perjuicio para el sujeto que los padece, ya sea físico, psíquico o social, por lo que se habla entonces de enfermedad epiléptica, la cual requiere un tratamiento adecuado.

Ataque epiléptico es el término que se emplea para designar la manifestación conductual a que da lugar cualquier descarga epiléptica, entendiéndose por descarga epiléptica la sincronización de un número inusualmente elevado de neuronas las cuales, por una razón que en última instancia se desconoce, se activan todas en el mismo momento. En efecto, Hughlings Jackson, célebre neurólogo y epileptólogo inglés de finales del siglo XIX, conceptualizó el rasgo definidor por excelencia de cualquier tipo de actividad epiléptica, a saber, la hipersincronía neuronal: cualquier variedad de funcionamiento epiléptico radica siempre en un excesivo número de neuronas que se sincronizan para activarse y transmitir el impulso neuronal al unísono, produciéndose así lo que se denomina ataque o crisis epiléptica.

En función de cuál sea la causa, se distinguen dos grandes variedades de enfermedades epilépticas: 1. la epilepsia primaria, también llamada esencial, idiopática o genuina, de cuya etiología sólo se sabe que tiene un marcado carácter heredo-constitucional, es decir, que se encuentra entre los familiares de los enfermos epilépticos con una incidencia muy superior a la de la población en general, pero sin que hasta el momento haya sido posible descubrir lesión alguna que la sustente, ni siquiera al más fino nivel molecular; 2. epilepsia secundaria o sintomática, que es la expresión de un sufrimiento cerebral, siendo numerosísimas las patologías que pueden dar lugar a esta variedad de epilepsia: traumatismos craneo-encefálicos, enfermedades vasculares del cerebro (embolia, trombosis, hemorragia, etc.), infecciones cerebrales (meningitis, encefalitis, etc.), intoxicaciones cerebrales endógenas (por azúcar en la diabetes, por urea en la insuficiencia renal, por billirrubina en las enfermedades hepáticas, etc.), intoxicaciones exógenas (alcohol, psicotóxicos, etc.)

Dependiendo de la zona de la corteza cerebral donde tenga lugar la hipersincronía neuronal, la descarga epiléptica dará lugar a unas manifestaciones conductuales u otras: movimientos diversos y/o convulsiones motoras, cuando se afecta la corteza motora; manifestaciones de la sensibilidad táctil o térmica cuando la descarga ocurre en la corteza sensitiva; síntomas vegetativos y/o viscerales cuando se trata de una hipersincronía de la corteza que gobierna las actividades vegetativas; síntomas estrictamente psíquicos cuando la afectada es la corteza de asociación cognitivo-afectivo-sensorial.

Las vivencias psíquicas producidas por la descarga epiléptica reúnen siempre unos rasgos fenomenológicos muy característicos: en la mente aparece una percepción o una idea o un recuerdo o un sentimiento, que se desarrolla durante unos instantes de forma completamente automática,  es decir, sin que el individuo pueda hacer nada para modificarla sino tan sólo asistir a ella como espectador pasivo; son siempre producciones psíquicas vivenciadas con una extraordinariaintensidad y que se acompañan, además, de un vivo sentimiento de extrañeza, sintiéndose el sujeto fuertemente asombrado ante el fenómeno mental que pasivamente discurre por su mente.

Cuando la descarga hipersincrónica es suficientemente intensa, la vivencia se instala en la conciencia bruscamente, constituyendo un corte tajante con respecto a la actividad psíquica precedente. La duración suele se breve, generalmente segundos, a no ser que nos hallemos ante lo que se denomina un status partial, es decir, un estado en el que el cerebro origina descargas parciales sucesivas, estado que puede durar minutos, horas o, incluso, días.

Respecto a qué clase de vivencias psíquicas puede originar una descarga epiléptica —recuerdos, ideas, sentimientos, percepciones irreales o una mezcla de varias de estas producciones psíquicas—, todo dependerá de la zona de la corteza cerebral en la que tenga lugar la hipersincronía neuronal: si tiene lugar en la corteza sensorial, es decir, en aquella parte de la corteza encargada de procesar la información que proviene de de cada uno de los cinco sentidos, dará lugar a  ilusiones y alucinaciones (visuales, auditivas, olfativas, del gusto, táctiles, etc.); ahora bien, cuando la hipersincronía ocurre en la corteza asociativa aparecerán, ya sea manifestaciones cognitivas en forma súbitas e intensas ideas cargadas de certeza, ya manifestaciones afectivas en forma de descargas automáticas de pánico o de gozo o de tristeza o, ya un estado psíquico en el que aparece una mezcla de todas  estas producciones psíquicas.

Por tanto, como expresión de sucesivas crisis parciales, un sujeto puede experimentar repentinos e intensos estados afectivos, ya sean de pánico o de gozo o tristeza, súbitas vivencias alucinatorias o delirantes, sentimientos de despersonalización, incluso, una mezcla de varios de estos síntomas, que duran minutos, horas o días. Además, puede ocurrir que las hipersincronías neuronales que generan estos automatismos psíquicos sean poco intensas, de tal modo que la naturaleza epiléptica de los mismos pasa desapercibida, por lo que frecuentemente son interpretados como síntomas de diferentes trastornos psiquiátricos. Precisamente son estas producciones psíquicas, que hoy por hoy vienen siendo etiquetadas de síntomas mentales de un trastorno psiquiátrico, las que nosotros postulamos que deberían ser diagnosticadas como actividad epiléptica: describiremos detalladamente cada uno de estos automatismos psíquicos o mentales en el próximo capítulo.

Un área de especial interés, de cara al estudio de las posibles relaciones de imbricación y superposición que existen entre de la epilepsia y la enfermedad mental, lo constituye el capítulo de las llamadas epilepsias reflejas.

Se entiende por epilepsia refleja cualquier tipo o modalidad de descarga epiléptica, con tal de que sea desencadenada por un estímulo concreto, es decir: en la epilepsia refleja encontramos siempre un determinado estímulo que es el que origina el inicio del ataque. Las epilepsias reflejas son casi siempre epilepsias primarias, es decir, epilepsias de carácter heredo-constitucional, pero que requieren además la presencia de este estímulo desencadenante. Probablemente el ejemplo de epilepsia refleja registrado desde más antiguo sea el que describe Apuleyo en su Apología: un esclavo, encargado de hacer mover un torno de alfarero, sufre un ataque epiléptico a causa del centelleo luminoso que sobre sus ojos ocasiona el reflejo de la luz del sol con cada giro del torno.

Los estímulos capaces de originar ataques reflejos, que son sumamente variados (físicos, químicos, cognitivos, afectivos, etc.), tienen todos ellos la peculiaridad de ser de carácter reiterativo, es decir: se trata de estímulos repetitivos, los cuales, a base de reiterarse, acaban generando una descarga hipersincrónica. La más frecuente de las epilepsias reflejas es la epilepsia fotosensitiva, en la que una luz centelleante y repetitiva, como en el caso del alfarero de Apuleyo que acabamos de citar, da lugar a  una crisis. En los últimos años ha aumentado mucho la incidencia de las epilepsias fotosensitivas a causa de la televisión, cuya pantalla no deja de ser un estímulo luminoso centelleante. Recordemos el caso curioso ocurrido a mediados del año 1.998 en Japón: decenas de niños tuvieron que ser hospitalizados a causa de crisis epilépticas parciales desencadenadas por una serie televisiva de dibujos animados con luces y colores intensamente centelleantes. La epidemia de epilepsia fotosensitiva fue de tal envergadura que las autoridades japonesas se vieron obligadas a retirar la citada serie.

Le sigue en frecuencia la epilepsia musicógena: aquí la crisis viene desencadenada por la audición de una música, es decir por un estímulo sonoro que se repite rítmicamente. Recdordemos la definición del matemático y místico Pascal, según la cual “la música es más una operación matemática en la que nuestro cerebro realiza operaciones aritméticas sin drse cuenta”-

El poeta chino Kung Tzu Chen nos ofrece un magnífico ejemplo de epilepsia musicógena, precisamente refiriéndose a su propia experiencia: “Recuerdo que, ya desde niño, mi mente caía en estado de ausencia cada vez que algún vendedor ambulante hacía sonar su flauta”. El tipo de música que desencadena las crisis suele ser bastante específico para cada paciente en concreto y frecuentemente el contenido psíquico de la crisis es de carácter placentero.

Se han descrito además otras muchas actividades mentales capaces de actuar como “estímulo” desencadenante de la crisis refleja: leer, escribir, jugar a las cartas o al ajedrez, hacer cálculos matemáticos, resolver problemas mecánicos, mantener una actividad mental inespecífica, etc. Así, la epilepsia refleja puede ser desencadenada también, y éste es un dato sumamente importante que no conviene pasar por alto, por estímulos estrictamente psicológicos, por ejemplo, mediante la repetición incesante de una palabra cargada de valor afectivo, como ocurre en las llamadas epilepsias afectivas.

En la epilepsia afectiva es una palabra la que desencadena la crisis epiléptica refleja, a menudo en forma de sentimientos éxtasis beatífico y gozoso, hecho que desde antiguo fue descubierto y utilizado por los místicos de todos los tiempos y culturas.

Fueron Bratz y Falkenburg quienes introdujeron, en el año 1.904, el término epilepsia afectiva para referirse a este tipo ataques desencadenados por palabras o lecturas. Parece ser que estos estímulos verbales resultan tanto más epileptógenos cuanto mayor sea su capacidad para evocar afectos en el sujeto. Así, Zifkin y Andermann, señalan:

“Con frecuencia los pacientes afectos de crisis epilépticas reflejas destacan el importante papel que las emociones desempeñan en la inducción del ataque y, ocasionalmente, en la inhibición del mismo.”

Por su parte, Gras et al. enfatizan la fuerte influencia que ejercían los contenidos emocionales en la activación electroencefalográfica de un paciente con epilepsia de la lectura. Tsuzuki y Kasuga refieren el caso de una mujer en quien las crisis vienen desencadenadas por determinadas palabras cargadas de interés y significado afectivo para ella :

“Las descargas paroxísticas se desencadenaban sobre todo mediante estímulos verbales, cuando alguien le hablaba a la paciente. Ciertas palabras específicas desencadenaban respuestas más intensas de lo habitual, lo que parecía hallarse directamente en relación con el grado de interés que las mismas suscitaban en la enferma. El intervalo de latencia desde el momento del estímulo hasta que aparecía la descarga paroxística oscilaba entre 230 y 1.300 milisegundos, lo que sugiere que la respuesta ocurriría tras la percepción y el reconocimiento del estímulo acústico.”

Este hecho —la capacidad de una palabra cargada de significado de desencadenar una epilepsia refleja— ha sido perfectamente utilizado por todas las escuelas místicas: en todas ellas se ha practicado el uso de una o varias palabras que, a base de repetirse continuamente, día tras día, mes tras mes y año atrás año, acaba por adquirir tal significación que, llegado un momento, en cuanto el sujeto la pronuncia o la evoca mentalmente, se desencadena una vivencia de éxtasis gozoso. Son los famosos mantras de las escuelas místicas orientales o las jaculatorias de las escuelas místicas cristianas.

Todo el mundo sabe que en la mística oriental la pronunciación del sonido OM, con las vibraciones que el mismo produce en nuestra cabeza, acaba siendo un instrumento capaz de abrir la mente a la iluminación.

Igualmente ocurre con la jaculatoria cristiana “Jesús, ten piedad de mí”. Su repetición continua acaba llevando al monje a la  la hesyquia, es decir, a un estado de ánimo en el que, ausentes todas las pasiones, se establece una quietud y tranquilidad absolutas que abren el paso a la contemplación, como relata, con emoción, el autor anónimo de “El peregrino ruso”.

Al hablar de epilepsias reflejas, es importante mencionar el concepto de epilepsia refleja autoprovocada (self-induced reflex epilepsy): se trata de pacientes cuya descarga epiléptica se traduce en una vivencia psíquica placentera y/o gozosa, por lo que han aprendido a auto-provocarse las crisis mediante el manejo adecuado del estímulo desencadenante: por ejemplo, escuchando determinada música, o pasándose repetidamente la mano por delante de la cara al tiempo que mira al sol, de tal manera que los dedos extendidos y en movimiento hacen de pantalla móvil que permite que la luz llegue de manera intermitente y centelleante sobre os ojos. De esta manera el sujeto puede disfrutar a voluntad, una y otra vez, de la agradable vivencia psíquica que produce la descarga.

El concepto de epilepsia refleja nos conecta y nos lleva a pensar de inmediato en la epilepsia tipo kindling que, muy sintéticamente, puede definirse como el fenómeno por el cual un estímulo, que inicialmente no es epilepógeno, si se repite suficientemente acaba por desencadenar descargas cerebrales epilépticas. Cuando el proceso de estimulación repetitiva se continúa suficientemente, la epilepsia tipo kindling, que inicialmente era un fenómeno puntual u ocasional tras la aplicación del estímulo repetitivo, acaba por instaurarse de manera estable y definitiva, de tal modo que a partir de ahora es suficiente con que aparezca el estímulo una sola vez para que se desencadene la crisis. Es decir, lo que inicialmente era sólo una epilepsia kindling se ha transformado ahora en una epilepsia refleja: este fenómeno neuro-fisiológico se conoce con la denomonación potenciación a largo término.

El kindling y la potenciación a largo término ponen, pues de manifiesto, la acusada tendencia que tiene nuestro cerebro a responder con encendidos neuronales hipersincrónicos a estímulos repetitivos, hipersincronías que terminan por ser definitivas. Nuestro cerebro, por tanto, “aprende” fácilmente a ser epiléptico.

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