Asociación Nueva Psiquiatría · Por un nuevo modelo en el sistema de salud mental

¿Tratamiento farmacológico indefinido o seguimiento en Salud Mental?

En diversos foros sigo viendo afirmaciones tales como que NUEVAPSIQUIATRÍA “está en contra del uso de psicofármacos”… Eso es falso, y quien lo dice no ha leído la web, un texto con más de 26.000 palabras y casi cien referencias bibliográficas, el cual no puede despacharse con un simple cliché del estilo: “va de antipsiquiatría… es contraria al uso de psicofármacos…”

Ciertamente abogamos por la necesidad de recuperar un uso más adecuado y racional de los psicofármacos, pero esa pretensión es un afán compartido por otros muchos movimientos psiquiátricos.

Ahora bien, preconizar un uso más racional de los fármacos no significa ser contrario al uso de los mismos. Por ejemplo, y profundizando ya un poco más en el tema nuclear de este artículo, en principio y salvo en muy contadas ocasiones no somos partidarios de pautar tratamientos farmacológicos de por vida.

¿Alguien, con un mínimo de rigor científico, se atreve a  decir que este planteamiento es descabellado o atrevido o que tiene que ver algo con la anti-psiquiatría?

Analicemos con seriedad esta cuestión y veamos lo que dice a este respecto un documento tan extenso y tan serio como es la  Guía de Práctica Cínica para el Trastorno Bipolar, editada recientemente por el Ministerio de Sanidad en colaboración con la Universidad de Alcalá de Henares, un estudio de 436 páginas y nada menos que 651 referencias bibliográficas.

En la página 118 podemos leer literalmente: existen relativamente pocos ensayos a largo plazo que evalúen la eficacia de los fármacos cuyo objetivo es la prevención de la aparición de las fases maníacas y depresivas.

La mayoría de esos ensayos concluyen que el uso de un regulador del humor (litio, valproato, lamotrigina, etc) es más eficaz para prevenir las recaídas que el uso de un placebo. Ahora bien, dichos ensayos presentan deficiencias metodológicas muy importantes, como indican Beyton et al., muy especialmente la escasa duración de las investigaciones: muchas de ellas no sobrepasan los tres meses.

¿Se puede conceder mucha credibilidad a un ensayo de tres meses de cara a plantear un tratamiento de por vida?

Me limito a referir el artículo de Beyton  et al., pues no es este el momento de agobiar al lector con otras innumerables referencias bibliográficas que, igualmente, ponen de manifiesto esas deficiencias. Además, este metanálisis es el trabajo actualmente más citado de todos cuantos se dedican al estudio de la prevención de recaídas (Beyton et al. Psychopharmacological interventions for the prevention of relapse in bipolar disorder: a systematic review of controlled trials. J. Psychopharmacol 2009, 23:574-91).

Tras este extenso análisis respecto al tratamiento a largo plazo para evitar las recaídas, la Guía de Práctica Cínica para el Trastorno Bipolar concluye ofreciendo dos opciones:

  1. El tratamiento farmacológico a largo plazo debe prescribirse de forma individualizada y mantenerse al menos 5 años (aunque generalmente será indefinido); revisándose con el paciente en función de la presencia de factores de riesgo, como antecedentes de recaídas frecuentes, episodios psicóticos graves, abuso de drogas, acontecimientos vitales estresantes mantenidos o deficiente soporte social. (p.128).
  2. Si finalmente el paciente con un trastorno bipolar rechaza la medicación a largo plazo, se le debe ofrecer un seguimiento regular en los servicios de salud mental (p. 128).

Por experiencia, sé que el grueso de los psiquiatras adopta la primera de estas dos posibilidades. En cambio, NUEVAPSIQUIATRÍA no está de acuerdo en que un tratamiento preventivo, del que hay escasas y deficientes evidencias de que evite las recaídas, sea prescrito por un período de tiempo “generalmente indefinido”. Por el contrario,  nos decantamos por tratamientos psicofarmacológicos más breves, seguidos de entrevistas de control y seguimiento que serán más frecuentes durante los doce primeros meses, para luego ir distanciándolas si la evolución es satisfactoria.

Por cierto, llegados a este punto sería muy interesante conocer la opinión de los propios interesados, es decir, qué opinan los pacientes con diagnóstico de trastorno bipolar: ¿si su psiquiatra le ofrece escoger entre las dos posibilidades arriba citadas, por cuál de ellas se decantaría usted?

Con lo dicho creo haber dejado claro cuál es el posicionamiento de NUEVAPSIQUIATRÍA sobre el uso de psicofármacos.

Este artículo tiene un comentario

  1. Apreciado Dr. Álvarez:

    En su artículo “¿Tratamiento farmacológico indefinido o seguimiento en Salud Mental?” acaba Vd. diciendo: “qué opinan los pacientes con diagnóstico de trastorno bipolar: ¿si su psiquiatra le ofrece escoger entre las dos posibilidades arriba citadas, por cuál de ellas se decantaría usted?”.

    Me parece que no se trata de una pregunta retórica o, dicho de otra manera, creo poder demostrar que no debe ser considerada como tal.

    En primer lugar, lo que opine o deje de opinar un paciente psiquiatrizado no cuenta lo más mínimo, ni siquiera legalmente. Cuando un ser humano es estigmatizado con la etiqueta de ‘enfermo mental’, pierde todo derecho a ser escuchado. Todo lo que diga será utilizado en su contra, como si de un sospechoso de delito se tratase. El diagnóstico de ‘enfermedad mental’ es una condena de cárcel.

    Y no es esta una cuestión de resolución fácil, sino todo lo contrario. No se trata de una guerra de malos contra buenos, sino que comporta cuestionamientos muy profundos, tal vez los más profundos de todos.

    Por otro lado, y esto no es casuística, traigo a colación un caso concreto que seguro que no es el único: mujer de 40 años diagnosticada con un trastorno disociativo crónico, con una extrema compulsión suicida y necesidad, por tanto, de vigilancia permanente. Hipermedicada. El descubrimiento-recuerdo de un terrible trauma infantil (abusos sexuales continuados por parte del padre) hace que la mujer experimente una mejora radical. Atención: su marido se niega a reportar este cambio al médico, para evitar que le quiten la pensión que tiene su mujer.

    Vd. da por hecho, creo, que la totalidad o una inmensa mayoría de pacientes optarían por el seguimiento en Salud Mental en lugar del tratamiento farmacológico indefinido, y es ahí donde creo que se equivoca de punta a punta. Le expongo algunos argumentos:

    – Ciertamente, para mucha gente, la etiqueta de ‘enfermo mental’ es vivida como una vergüenza personal y social. Pero la mayoría de personas que han atravesado crisis suficientemente graves, preferirían morir antes que volver a pasar por ellas. Y justo eso es lo que se les vende: si tomas la medicación de por vida, lo más probable es que no recaigas; si no la tomas, es muy posible que sí suceda. Y cualquiera se agarra a eso como a un clavo ardiendo, por mucho que no sea cierto. Es más, quienes venden la falsa esperanza son ‘los buenos’, y quienes como Vd. se atreven a ponerlo en duda son vistos como una amenaza. Es el mismo mecanismo que funciona con las sectas: entrar en ellas no depende de la formación intelectual de la persona, sino de su grado de desesperación.

    – Si el miedo a la enfermedad es grande, no menor es el miedo a la libertad. Mientras uno asume la etiqueta de ‘enfermo mental’, su responsabilidad moral e incluso penal se relativiza. Volver a la ‘normalidad’, es decir, prescindir de la etiqueta, representa volver también a la plena responsabilidad.

    Estos son dos ejemplos específicos respecto a la enfermedad ‘mental’, a los que se pueden añadir infinidad de razones de adicción a la enfermedad. Decía Gurdjieff que “el hombre es capaz de renunciar a todos los placeres antes que renunciar al sufrimiento”.

    El sufrimiento, y su expresión en la enfermedad, se autojustifica a menudo con recónditas razones, que no suelen ser consideradas: la compasión mal entendida (si sufro yo, los demás sufren menos), la culpa y el merecimiento del castigo, la utilidad (el sufrimiento, como la mentira, sirve para manipular a los demás), la excusa para aprender o motivarse, el acomodamiento, la seguridad de lo conocido (el no-sufrimiento es algo desconocido y como tal da miedo)… Hablar de esto es aún más tabú que hacerlo sobre su tema: “La gente es capaz de hacer cualquier cosa, por absurda que parezca, para evitar enfrentarse a su propia alma” (C. G. Jung).

    En fin, Dr. Álvarez: no sólo las multinacionales farmacéuticas lo verán a Vd. con malos ojos, por atentar contra su negocio, sino un gran número de personas psiquiatrizadas que, nos guste o no nos guste, están satisfechas de serlo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *