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Jueves, 20 de Setiembre de 2018

Subjetividad autista

SUBJETIVIDAD AUTISTA

por Joaquín

La normalización se produce constantemente y opera sobre todos los cuerpos-sujetos. El espectro o paisaje de la subjetividad es mucho más complejo que un universo en el que solamente hay unas cuantas calles. (1)

La legalidad de las instituciones normativas que nos constituyen como sujetos y que nos permiten entrar en el ámbito de lo social -escuela, hospital, mass media- están regidas y determinadas por la diferencia diagnóstica o técnicomédica incluso en el ámbito de mercado. (2)

Es complejo entender por qué hemos segmentado todo el ámbito social, incluido el divergente, en lo normativo. (3)

En ese espectro, hay que desidentificarse a través de una deriva que tiene que ver con las tecnologías de producción de subjetividad, sofisticadas como los fármacos, o accesibles a todo el mundo como el lenguaje performático, que es aprendido, como la escritura productora de subjetividad. (4)

En esa deriva experimental me he ido aproximando a algo que parece que socialmente se identifica con la neurodiversidad autista. (5)

La divergencia es un proceso de desidentificación. Como usuario o paciente de las instituciones médicas y hospitalarias, lo más usual es que te pidan que te identifiques como disfórico o enfermo mental de alguna manera. Esa es una posición a la que yo he intentado resistirme en cierta medida. (6)

Las opciones que tienes socialmente para construir cualquier ficción de subjetividad son muy limitadas. Por tanto, une no juega en un ámbito de libertad absoluta sino de restricciones negociadas de algún modo. Hay una transformación de ser y estar en el mundo que no es total. (7)

Sigo siendo el mismo porque lo que me caracteriza es la experimentación. Lo que me interesa es el proceso de experimentación más allá de todas las prótesis institucionales burocráticas que te permiten existir como sujeto válido en una sociedad. Lo contrario sería una situación de discapacidad. (8)

Yo sufro porque huyo siempre y, en la huida, me paro, me miro y me rehago, me autoconstruyo. En terrenos espinosos, esto es interesante también para las luchas de aquellas personas asignadas de discapacidad desde que nacen. Y en las redes sociales ya se teoriza acerca de que la descendencia de personas autistas es productora de subjetividad autista. Por ello me opongo al capacitismo resistiéndome: no rechazaría un diagnóstico. Pero. Nunca abusaría del mismo. Porque donde hay poder hay resistencia al poder, y el hombre es lo que hace con lo que hicieron con él… En tanto que el hombre razonable y prudente no percibe sino figuras fragmentarias -por lo mismo más inquietantes- el loco abarca todo en una esfera intacta: esta bola de cristal que para todes está vacía, está, a sus ojos, llena de un saber invisible. Los locos hacen parte de un paisaje pintoresco que reactiva una inquietud escéptica: yo mismo podría estar loco mas no lo sé dado que la locura es inconsciente. (9)

Pararme, mirarme y rehacerme, autoconstruirme, porque el sistema, la sistematización, nos automatiza, y al automatizarnos el nivel de consciencia baja y el de inconsciencia sube y sueña con la subida de precios y el colapso económico total; con ser apátrida, devolverse exponencialmente a la libertad del exilio, al albedrío de la duda e incertidumbre que libera los sentidos de encantamientos, atraviesa los paisajes del sueño, guiada siempre por la luz de las cosas ciertas; desterrando la locura en nombre del que duda y que ya no puede desvariar, como no puede dejar de pensar y dejar de ser. En adelante, la locura está exiliada. (10)

La palabra más pérfida es “enfermo mental”. Y el trastorno de la personalidad (sufriente) que percibes en mí es todo aquello que no puedo teatralizar y que, por ello, somatizo, inscribiendo físicamente en mi cuerpo la represión de las estructuras lingüísticas del pensamiento que no consigo expresar públicamente para hacerme entender. El paso del loco al enfermo, que aparentemente es una recalificación, es una toma de poder: la sanidad está al servicio del orden. (11)

Cuándo hago un test, no sé si quién me diagnostica es la sociedad entera. Esa sociedad a la que pertenezco; y, por consecuencia, si reclamo mi diagnóstico, sigo siendo yo el responsable y no otra persona inocente de mí. A la economía del poder para ejercitar el diagnóstico se la llama “humanidad”. Una máquina de disociar la pareja ver/ser visto: la visibilidad diagnóstica tiene la trampa de dotar al poder de una mirada en función de un dispositivo automático que desindividualiza el poder. (12)

Por esta humanidad, yo escribo, materializando la duración de mi poder, de mi poder de intervención puntual para la explayación de mi carácter, por si mi capacidad final fuese de utilidad incluso como dispersión temporal para hacer de ella un provecho, conservando el dominio de una duración que se escapa. El poder se articula directamente sobre el tiempo; asegura su control y garantiza su uso, por medio de disciplinas o invenciones técnicas que han permitido hacer que crezca la magnitud útil de las multiplicidades, haciendo decrecer los inconvenientes del poder que, para hacerlos justamente útiles, debe regirlos. Una multiplicidad alcanza el umbral de la disciplina cuando la relación de una a otra llega a ser favorable. ¿Es favorable este texto? (13)

Nuestra sociedad no es la del espectáculo sino la del diagnóstico (14); bajo la superficie de las imágenes, se llega a los cuerpos en profundidad; detrás de la gran abstracción del cambio, se persigue el adiestramiento minucioso y concreto de las fuerzas útiles; los circuitos de la comunicación son los soportes de una acumulación y de una centralización del saber; el juego de los signos define los anclajes del poder; la hermosa totalidad del individuo no está amputada, reprimida, alterada por nuestro orden social, sino que el individuo se halla en él cuidadosamente fabricado, de acuerdo con toda una táctica de las fuerzas y de los cuerpos. Debido a nuestra función de engranaje, de esclaves de nosotres mismes, somos mucho menos griegos de lo que creemos. La democracia (15) es una deriva experimental institucional que está por venir en un proceso larguísimo, abierto y crítico: la tarea de la institución es construir una ciudadanía que no existe, transformando al público local. Porque la felicidad no se consigue a través de la educación emocional, ni reside en el equilibrio psicológico entendido como gestión de recursos personales y control de afectos. No depende de la salud, ni de la belleza, ni de la bondad. La felicidad se encuentra en el inmoderado optimismo revolucionario. En la tragedia griega. En la disposición a decir sí a lo problemático. La felicidad reside en el incorruptible sentido del humor, en la pasión y en el infatigable deseo de entender la complejidad del mundo que nos rodea. Adversidad y luz. La felicidad es una forma de emancipación política: la potencia de rechazar las convenciones morales de una época y con ellas el éxito, la propiedad, la belleza, la fama, el decoro… como únicos principios organizadores de la existencia. La felicidad reside en la convicción de que estar vivo significa ser testigo de una época, y por tanto en sentirse vital y apasionadamente responsable del destino colectivo del planeta.

La institución (16) es un lugar absolutamente clave porque cambiar el ámbito político y social tiene que ver con transformar las instituciones. Hay instituciones que tienen formas muy fijas y otras que permiten un cierto grado de flexibilidad. La búsqueda de la experimentación pone en diálogo los colectivos que por lo general no dialogan entre sí, conectándolos mediante un arte en el que las minorías subalternas reclaman una visibilidad, producción de discurso y toma del espacio institucional que es técnica de gobierno, donde se produce la diferencia entre la verdad y lo falso con aparatos de verificación, lugares de producción de valor inmaterial. La cuestión de la capacidad o discapacidad tiene que ver con un conjunto de prótesis sociales que te permiten convertirte en válido. El autismo forma parte de mí, y esto favorece mi empatía para con las minorías, y en parte también para con las mayorías. Se trata de cómo las minorías o los grupos subalternos tenemos acceso a espacios de producción de visibilidad, de legitimación del saber, de producción del saber. No obstante, la mayoría sufre también un proceso de alienación que tiene que ver con ser considerado siempre como visible y mayoritario, cuando en parte tampoco es cierto porque mayoría y minoría no son una cuestión de número. La minoría es una reserva revolucionaria que puede estar en muchos lugares, con respecto a cómo la institución nos tiene en cuenta. A propósito del apartheid, por ejemplo, hasta mediados de 1991 había en Sudáfrica una mayoría negra considerada subjetiva de una minoría que controlaba las tecnologías de gobierno, aquellos lugares desde los que imaginamos cómo se vive colectivamente, dado que era la minoría blanca la que actuaba como mayoría, con una hegemonía interpretada por un 15% de personas que comandaban o gobernaban sobre el otro 85.


Comentarios al texto, por Pere

(1) Sí. La normalización -adaptación a la norma- es un proceso continuo. Se da en todo momento. Y por parte de todos los integrantes de una sociedad (grande o pequeña) (¿qué le añade a esto lo de los cuerpos-sujeto, del paisaje de la subjetividad, o lo del complejo universo?). No todos se adaptan en la misma medida. Quién más quién menos, intenta que sean otros los que se adapten. Con buenos modales o no tan buenos. Por seducción o por por imposición. Quejarse de ello es también un intento de que sean otros quienes se adapten más.

(2) ¿La legalidad? Quienquiera detenta el poder normativo dictamina las leyes -normas escritas- y las maneras -normas no escritas-. Esto también ocurre en todas partes. Incluso en una casa okupa. Los calificativos a emplear difieren de un sitio a otro: tú te callas porque eres un independentista/ porque eres un esquizofrénico /porque eres un gilipollas. No el procedimiento (que por otra parte puede ser más o menos justo, más o menos humano, etc.)

(3) Sí, es complejo. Hay unos cuantos filósofos y sociólogos intentando desentrañar qué hemos hecho a partir de la modernidad. Cada uno aplica sus particulares gafas de ver el mundo.

(4) ¿Desidentificarse? Uno sabe quién es o está identificado con alguna de las imágenes que te han propuesto/sugerido/presentado. (¿Recuerdas la película ‘El Guateque’? donde Peter Sellers a la pregunta: ¿quién se ha creído Vd. que es? Responde: ¡Los hindús sabemos quién somos!)

¿tecnología de producción de subjetividad? No hace falta. Ningún ser vivo con un mínimo de consciencia puede evitar la subjetividad. (otra cosa es que alguien quiera imponerle a otro su propia subjetividad). ¿los fármacos producen subjetividad? ¿la escritura? Entonces, sospecho, no estamos hablando de lo mismo.

(5) La neurodiversidad de la que hablas es una opción. Una manera (o un intento) de no ser ‘normalizado’ por otros. Sacrificar mucho en algunas áreas para no ceder en otras.

(6) Sí, este es el camino que tú has tomado. Porque en estas instituciones normalizadoras las propuestas son limitadas y no son de tu agrado (fácilmente comprensible)

(7) ¿Opciones limitadas? En este mundo (7.000 M de personas) cada cual se apaña como puede. Cada uno nos creamos una imagen de nosotros mismos y otras que son los roles con los que interactuamos con los demás. La imagen de sí nunca es perfecta (dos alternativas, adecuar la imagen a lo que percibimos de nosotros mismos o adecuar nuestro ser y actuar a la imagen que nos hemos creado). Los roles con los que actuamos nunca son percibidos exactamente como los imaginamos: ahí interviene otra subjetividad. Experimento: qué opinan de uno diferentes personas de diferentes entornos.

(8) ¡Perfecto! El empirismo (casi) nunca traiciona.

(9) No creo que sea cuestión de definir ‘la verdad’: si la vives no te hace falta definirla, y si la defines es porque no la vives aún. Lo del poder y la resistencia al poder se aplica en todas partes; incluso en el interior de uno mismo. Y como bien defines, uno no es lo que le ha sucedido sino el como ha respondido a lo que le ha sucedido. Opciones. ¿Maldecir la oscuridad o encender (aunque solo sea) una vela?

(10) La consciencia siempre es algo personal. Nos lo pueden poner más fácil o más difícil, pero siempre es algo personal (“los peces muertos son los únicos que siguen la corriente”).

(11) Lo de “enfermo mental” es una categoría en la que se meten multitud de condiciones absolutamente dispares, mejor huir de ello en la medida de lo posible. Lo de somatizar ¿es imprescindible?

(12) Quien diagnostica es un técnico en quien ‘la sociedad’ (ente abstracto donde los haya y al que, según parece, nadie pertenecemos) ha delegado. Lo que se delega es siempre aquello demasiado pesado o demasiado difícil. Y entre quienes gozan de este poder delegado, siempre hay quien lo usa mal. La psiquiatría no es excepción.

(13) Favorable ¿a quién? ¿qué significa para tí ‘disciplina’? (para mí, disciplina es lo que me permite hacer hoy algo que decidí ayer. Y decidir hoy, algo que haré mañana)

(14) Diría que ambas cosas van juntas.

(15) “democracia” ¿a qué te refieres?

(16) “la institución” ¿Cual? ¿A qué te refieres? ¿A dispositivo en el sentido de Foucault o de Gadamer?

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