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Lunes, 10 de Diciembre de 2018

Historia de un delirio

HISTORIA DE UN DELIRIO.

Con veintitrés años Juan Ciríaco se enamoró de un compañero de facultad. Un amor no correspondido marcado a fuego por el miedo de Juan a su propia condición sexual o, mejor dicho, al estigma que su condición sexual le dejaría en la frente y a la vista de todos. Aquel affair que nunca fue terminó en manifiesto desastre. Paranoia, obsesión, brotes psicóticos, depresión. Durante mucho tiempo, Juan buscó en el exterior al culpable (o a los culpables) de aquel “fuego camina conmigo” que más o menos por aquella época –principios de los 90- David Lynch acuñó para describir los impulsos y las ansias que viajan con nosotros, que se retuercen y que no se detienen. Un fuego que prendió en la infancia, como todos los fuegos que queman de verdad, a base de sentimiento de culpa judeocristiano y de la homofobia latente en casi cualquier rincón de la España de los años 70. Pero entonces era sólo un niño que admiraba los rasgos greco-romanos de John Travolta. Lo peor estaba aún por llegar.

El verdadero infierno comenzó en la adolescencia, cuando uno empieza a tratar de explicarse a sí mismo sus anhelos, sus miedos, y sus inclinaciones, y se lanza en la búsqueda frenética de un lugar en el mundo donde no sentirse en suelo extranjero. Desde ahí, con muchos billetes en el bolsillo para el tren de los trastornos psicoafectivos, o psiquiátricos, una espiral descendente que ahora Juan Espinado Ruiz, el álter ego de Juan, pone en negro sobre blanco en Historia de un delirio: Autobiografía de un enfermo psicótico. Una obra que puede ser –seguro que lo es- terapéutica para su autor, pero también para aquellos que se sumerjan en sus páginas, afectados o no por trastornos psiquiátricos. Su lectura es una cuestión de pura higiene mental. El propio relato, que pone orden en las estanterías de la memoria y también en esas otras un poco más caóticas que esconden sentimientos y emociones, a menudo en franca contradicción, traza una línea recta entre los pecados de nuestros padres, o de nuestra sciedad, los juicios y los prejuicios que asumimos como dogmas de fe, y el descenso al limbo del trastorno mental toda vez que fallan los precarios mecanismos de defensa de los que dispone el ciudadano medio.

El mayor activo de Historia de un delirio, además de la lúcida mirada restrospectiva de Juan Espinado a su propia vida, a sus razones, a sus decisiones, es su capacidad para señalar causas y efectos sin caer en la autoindulgencia ni el victimismo. Espinado, su testimonio vital, viene a desmontar algunos mitos y leyendas alrededor de los desequilibrios psiquiátricos. Antes que achacar sus males a la ciencia infusa o la generación espontánea, como algunos pretenden, evidencia que biografía y psicosis a menudo crecen juntas. Esta es su historia.

*Puedes descargar aquí el PDF completo de Historia de un delirio.

Enrique Campos,
Vocal para medios de comunicación.

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1 comentario
  1. Como madre de un hijo diagnosticado y con mucho dolor por todo lo que está viviendo mí hijo Ricardo , que dicho sea de paso yo lo veo como a un ángel que representa las sombras o la oscuridad del clan familiar , estoy totalmente de acuerdo con el Dr. ÁLVAREZ, yo no soy psiquiatra , de profesión soy una humilde ama de casa , madre de dos hijos . Sí, como decía estoy totalmente de acuerdo con todo lo que plantea el Dr. Álvarez, para mí no existe la esquizofrenia, ni esquizoafectiva , ni bipolaridad , ni depresión, ni todos esos nombres que le dan a esos diagnósticos que colocan , sin entender y creo que lo hacen inconscientemente , decía sin entender el daño que le pueden causar a una persona colocandole una pegatina de esas . Cuando esa persona , sí , habrá vivido una serie de experiencias …. , unas más traumáticas y otras menos y necesitará ayuda ” eso no lo dudo” , pero precisamente la ayuda que necesita esa criatura es la de desbloquear sus emociones que son las que lo tienen prisionero y le desencadenan los síntomas. Pero no … ” lo etiquetados y a correr , bueno a correr quien pueda , porque el portador de la etiqueta ya se ha quedado paso tortuga para toda su vida . Por favor , ésto no es así . Éstas criaturas son criaturas muy sensibles y con cargas transgeneracionales ” la mayoría, por no decir todas” muy duras , desde mí modesta opinión a lo que hay que ayudarles es a que suelten la mochila que llevan , no a atontados y dejarlos como vegetales. No es el caso de mí hijo Ricardo , en éstos momentos , pero si sigue las pautas que le indica su psiquiatra de esa forma termina y es muy fuerte . No soy reacia a la medicación en los casos justamente necesarios y en periodos de tiempo totalmente necesario . Pero , por favor …..! Yo os he enviado un correo espero que me contesteis y yo me desplazo con mí hijo Ricardo donde me digais . Muchas gracias . Bendiciones.

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