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Lunes, 22 de Octubre de 2018

Joanna Moncrieff. Madrid 06/07/2018

En el marco de la Primeras Jornadas Internacionales de NuevaPsiquiatría, el pasado 6 de Julio tuvimos el privilegio de contar con la presencia de Joanna Moncrieff quien ofreció la conferencia:

¿Qué hacen realmente las drogas psiquiátricas?
Una crítica a la práctica actual y un acercamiento alternativo al tratamiento farmacológico en psiquiatría.

Hubo traducción simultánea al español y se grabó en vídeo -que aquí compartimos- tanto la conferencia (Parte 1)  como el tiempo de preguntas y comentarios (Parte 2).

 

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4 comentarios
  1. ¿ A qué juegan los médicos?
    Graves irregularidades en la prescripción de antidepresivos (AD) en Atención Primaria (AP)

    Se preguntaba Javier Álvarez, con experiencia pedagógica, “¿Existe un problema en los psicofármacos o el problema está en cómo se recetan los psicofármacos?”
    Joanna Mocrieff, experta por sus investigaciones en psicofármacos, le responde con maestría “Si comprendiéramos los fármacos que utilizamos, haríamos un uso más sensato de estos fármacos”.
    Soy profesional del Sistema Nacional de Salud (SNS), en los últimos años de carrera; como observador crítico, soy consciente de los preocupantes usos prescriptivos de psicofármacos para la depresión en AP. Los mal llamados antidepresivos, son el 4º fármaco más vendido y es recetado entre 70-80% (dependiendo de las fuentes) por médicos de AP. Existen muchos casos con desenlaces letales, con altas probabilidades de ser atribuidos a los AD, aunque en muchos de ellos falta investigar la causalidad. Quiero dejar claro que no culpo de forma directa al colectivo médico de AP de las irregularidades en su práctica clínica; pienso que en todo fenómeno interrelacional influyen múltiples factores, aunque ellos, con muy buena voluntad y con algo de ignorancia, tienen su parte de responsabilidad. Hay que decir que algunos aceptan el reparto de beneficios (o bien miran hacia otro lado) ante una práctica en la que las multinacionales farmacéuticas tienen demasiada influencia y en la que queda poco lugar para la ética profesional.
    Diariamente, se pueden observar en los Centros de Salud prácticas médicas que podrían mejorar para conseguir sólidos objetivos de salud. Así, vemos sistemáticamente:
    DIAGNÓSTICOS SOBREESTIMADOS E INADECUADOS. Se estima que el 50% de las prescripciones en AP, no cumplen con los requisitos necesarios para un diagnóstico psiquiátrico. Se hacen valoraciones subjetivas de los síntomas del paciente, siendo el único criterio para pautar un AD. No se utilizan escalas o cuestionarios (Hamilton, Beck…) para realizar una valoración del tipo de depresión: leve, moderada o grave, que nos sirva como línea de base para evaluaciones sucesivas después de comenzar el tratamiento.
    TRATAMIENTOS EXCESIVAMENTE LARGOS. Por sistema, se implementan inicialmente AD ISRS con un mínimo de 6 meses. Los médicos refieren que lo aconsejan en las Guías de Práctica Clínica (GPC). Un mínimo de 6 meses con tratamiento AD, es un intervalo de tiempo arbitrario sin rigor científico. Los Ensayos Clínicos Aleatorizados controlados con placebo para la depresión, generalmente no suelen durar más de 6-8 semanas, en dichos periodos no suele aparecer la iatrogenia que se observa en tratamientos más largos con AD. Por otro lado, existe una multitud de GPC (Asociaciones médicas y psiquiátricas nacionales e internacionales, de usuarios, Comunidades Autónomas, etc. tienen su GPC); no sabemos a qué intereses favorecen, pero sí podemos decir que no es a los intereses de los pacientes. Revisando información para esta aportación, encontré en una GPC consejos para la Depresión Grave: aconsejan que, si el tratamiento con diversos cambios de AD no da resultado, se puede sugerir la terapia electroconvulsiva, habitualmente sin informar al paciente/familia de los riesgos por secuelas graves que tiene esta técnica. Es espeluznante; ¿dónde quedan los derechos de esos pacientes que aceptan la autoridad del médico como algo inquestionable? Corremos el riesgo de subir peldaños hacia un delirio imparable que podría terminar en la misma eutanasia; deberíamos tener en cuenta lo que está sucediendo en países como Holanda con los pacientes desahuciados de la psiquiatría. Como dice Jim van Os, “las GPC conviene conocerlas para no utilizarlas.”
    Estos tratamientos para la depresión se alargan en AP (sin ningún tipo de evaluación anímica o emocional del paciente) durante décadas y a veces toda la vida en un consumo diario, caro e innecesario. Ello contribuye por un lado al deterioro de la salud física y psíquica de los pacientes y por otro lado al aumento de grandes beneficios de la Big Pharma; es, además, un mal uso de los recursos que conlleva la insostenibilidad del sistema.
    INCREMENTO DE LAS INDICACIONES de los AD para diversos problemas de la vida diaria (pérdidas familiares, problemas laborales, económicos, académicos o sentimentales…), así como para diversos trastornos de salud mental (psicosis, bipolaridad, fobias, problemas de adaptación…) en todas las edades de la vida.
    En las consultas, los facultativos se encuentran diariamente presionados por personas que no toleran las “oscilaciones normales de la vida diaria” y demandan soluciones rápidas a sus frustraciones. Los médicos por falta de recursos, déficit de formación, ignorancia… contribuyen a una aparente solución fácil de estas demandas. Supuestamente, los psicofármacos ofrecen esas soluciones, aunque con resultados indeseables en un alto porcentaje de casos, como ya han evidenciado investigadores como I Kirsch, Moncrieff, etc.

  2. Este comentario de Francisco despierta en mí sentimientos encontrados:
    – Por un lado resulta desalentador que un vídeo de una conferencia de Joanna Moncrieff sobre psicofármacos sólo tenga un comentario.
    – Por otro, me satisface y me llena de esperanza el hecho de que ese comentario provenga de un profesional del Sistema Nacional de Salud.
    Como dice la propia Joanna en esta conferencia, la responsabilidad de este mal uso que se está haciendo de la psicofarmacología hay que buscarla en distintos frentes:
    1º Por supuesto, cómo no, en la “big pharma” y sus “creadores de opinión” a sueldo.
    2º Sin duda también, en la complacencia y falta de rigor o de conocimiento de muchos profesionales de la sanidad;
    3º En nuestros políticos, quienes ante los graves problemas sociales que nos acucian se conforman con la aplicación de medidas supuestamente paliativas para sí no tener que abordarlos en su raíz.
    4º Y hay que decirlo también: en muchos usuarios y familiares, quienes prefieren la fácil solución de “arréglemelo con una pastillita” antes que entrar a desenmarañar una intrincada problemática emocional, ya sea individual o familiar.
    En todo caso, para mí es muy esperanzador el hecho de que el único comentario que ha merecido esta publicación provenga de un miembro del segundo grupo… ¡de un profesional de la sanidad!
    ¡Gracias por tu interesante aportación, Francisco!
    Un saludo cordial

  3. Disculpen, en la segunda parte, Joanna Moncrieff menciona, “una gente en él reino unido acaba de iniciar un instituto para él abandono de fármacos con receta”, dice que tienen una pag. web…si alguien me comparte esta dirección de pag web, estaré muy agradecida…

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