Cargando...

Domingo, 24 de Octubre de 2021

MI HISTORIA CON EL TRASTORNO BIPOLAR Y EL LITI0

Esther de Boef

Me diagnosticaron “rumiación obsesivo-compulsiva” y ciclotimia a la edad de dieciocho años. Más adelante este diagnóstico cambió a trastorno bipolar tipo 1, aunque -después de investigar un poco- creo que bipolar tipo 2 habría sido un diagnóstico más preciso. Me mediqué con litio durante casi treinta años. Ahora tengo cincuenta y desde hace tres he podido dejar de tomar litio o cualquier otro tipo de medicamento y me siento sana, estable y muy, muy afortunada. Me gustaría compartir mi historia con la esperanza de ayudar a otros.

Recuerdo haber experimentado estados de ánimo altos y bajos desde que tenía trece años. A los dieciocho estaba experimentando depresiones profundas con pensamientos suicidas y un «plan» (estrellar mi estimado coche Ford Pinto contra un árbol), que afortunadamente nunca llevé a cabo.  Sin embargo, lo que recuerdo como lo peor fue la parte “cognitiva” de los bajones: ver a mi mejor amiga y no tener nada que decirle, por ejemplo. Estos «bajones» se alternaron con cambios abruptos a «subidones» en los que hablaba y «vivía» a una velocidad exagerada y, por supuesto, ¡me sentía genial!

Mientras tomaba litio, pude hacer frente a los retos de la vida bastante bien. Tengo una buena formación universitaria, (todavía) tengo trabajos retadores e interesantes, tengo dos hijas maravillosas y hemos vivido en varios países. Solo en el primer año de tratamiento tuve una baja por enfermedad, que duró más o menos un mes. Después, mientras tomaba litio, aunque no siempre estaba bien (algunos días no podía levantarme de la cama), siempre simplemente seguía haciendo.  Mirando hacia atrás, me doy cuenta de que estaba anormalmente exhausta la mayor parte del tiempo. Cuatro o cinco veces a lo largo de esos treinta años de estar medicada con litio intenté dejar de tomarlo, pensando que estaba lo suficientemente bien para hacerlo. Pero cada vez que lo hice volví a caer en depresión, o tuve «subidones» seguidos de depresión.  En una ocasión esto llevó a otra baja de un par de meses, y mis intentos de dejarlo siempre acababan -después de unos meses- con volver al litio.

Hace poco más de tres años, un chequeo médico regular reveló que mi función renal estaba deteriorada, mis riñones solo funcionaban al 50%. Empecé a sospechar que el litio podría ser la causa. Decidí intentar dejarlo una vez más y en ese momento me sentí más preparada que nunca para hacerlo. Un psicólogo me había sugerido diez años antes que podría dejar la medicación con uno o dos años de psicoterapia intensiva.  Aunque lo intenté en ese momento, con dos niños pequeños, vi que no era posible y pensé que no era necesario, ¡pero él había plantado la semilla de la idea de que podía!

Había comenzado a meditar unos años antes de dejar el litio, no de una manera regular o intensiva, pero esto ayudó a calmar mi mente. Dieciséis sesiones de coaching de vida y profesional también cambiaron realmente mi visión de mí misma, me dieron confianza en mí misma, me ayudaron a ajustar mi forma de pensar negativa y autocrítica y me ayudaron a detener el patrón de pensamientos repetitivos negativos y autocríticos. Me estoy repitiendo aquí, lo sé; pero siento que esta fue realmente la clave de mi recuperación. El ejercicio y una dieta saludable siempre han sido una parte importante de mi vida y creo que estos factores, junto con obtener el sueño suficiente, también son importantes para mantenerme estable. Finalmente, mi maravilloso nuevo marido, con su ejemplo, me ha enseñado cómo incorporar una filosofía Zen tranquilizadora y “aceptadora” en mi vida.

Ahora reconozco cuando estoy subiendo (demasiado feliz / “emocionada” / positiva) y entonces me desacelero, ya que siempre he pensado que mis depresiones eran, en muchas ocasiones, el resultado de estar física y mentalmente exhausta por las subidas. Mi teoría es que, en mi caso por lo menos, las emociones fuertes tienen que ver con ser una persona muy analítica y creativa, que nunca deja de pensar, combinado con una alta empatía y emocionalidad, todo lo cual hace que mi cerebro experimente la vida de una manera un poco demasiado intensa … obligándome a reducir la velocidad durante las depresiones para recuperarme.

Dejar el litio también ha mejorado enormemente mi salud física. Ya no tengo esa diarrea crónica severa, varios problemas de circulación, infecciones urinarias frecuentes y otras infecciones menores e irritaciones de la piel. Especialmente la diarrea, durante los últimos tres años con litio, se había vuelto bastante debilitante.  El problema era que mientras tomaba el litio no sabía / nunca me había dado cuenta de que esto podría ser un efecto secundario del litio y después de visitar a muchos especialistas, la conclusión fue que probablemente era celíaca y que tenía una intolerancia a la lactosa, el café, el chocolate, el alcohol y una gran variedad de otros alimentos y bebidas.

Hoy me he recuperado de todos estos problemas de salud física. ¡No os podéis imaginar lo mucho que disfruto de mi café y un poco de chocolate cada día después de comer! Es una verdadera celebración de todo lo que he superado y de mi nueva vida más sana y feliz. Hoy todavía tengo la tendencia a “rumiar obsesivo-compulsivamente” y me considero una “persona bipolar”, con tendencia a “subir y bajar” (¿quién no?). Pero al mismo tiempo, ya no sufro de un «trastorno». Soy capaz de gestionar la rumiación, y los altibajos no llegan a los extremos ni son debilitantes.

No quiero sugerir de ninguna manera que todo el mundo debe o puede dejar de tomar litio u otros medicamentos para controlar un trastorno bipolar. Y es muy importante que cualquier persona que desee hacerlo consulte con su psiquiatra o especialista. Solo me gustaría sugerir que en ciertos casos es posible y que, al menos algunas veces, las causas de fondo de un trastorno bipolar u otras enfermedades mentales pueden tener más que ver con cómo hemos aprendido a pensar e interpretar lo que experimentamos (de forma negativa, autocrítica, repetitiva) que con un desequilibrio químico. De hecho, creo que los patrones de pensamiento a largo plazo pueden cambiar la «forma física del cerebro» o cómo procesamos el pensamiento, o los caminos que creamos en nuestro cerebro, pero que estos caminos pueden ser redirigidos, gestionando nuestro pensamiento o patrones de pensar, y no (sólo) por medios químicos.   Para mí, el coaching “de vida” (life coaching) fue clave para cambiar mis «malos hábitos / patrones de pensamiento». ¡Puede ayudar a otros!

Me encantaría saber de cualquier persona que haya tenido una experiencia similar o que se suscriba algunas / cualquiera de estas teorías.

Esther de Boef

To Top

POST RELACIONADOS