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Miércoles, 07 de Diciembre de 2022

Personas Altamente Sensibles

 

Personas Altamente Sensibles y para nada locos, quizás filogenéticamente más evolucionados: Cómo llegué a ser vegetariana

Mi nombre es Isabel Rebollo, tengo 39 años, soy psicóloga, funcionaria y trabajo en un instituto de secundaria. Me considero una persona normal con una vida normal, aún así he vivido experiencias que deseo compartir porque me consta que no todo el mundo llega a vivirlas con la normalidad que las viví yo.

Siempre he sido una persona muy sensible, a la que le preocupaban especialmente los problemas del mundo. Desde muy niña tampoco podía comprender porqué en este mundo aparte de los seres humanos, quedan en libertad pocas especies animales, pues sólo perduran las que están al servicio del hombre. ¡qué egocentrismo de especie! ¿no?.

En este contexto, siendo de lágrima fácil desde temprana edad, ya me costaba comerme animales que habíamos criado en casa, ¡me era imposible!, o animales como los gorriones que eran tan pequeños que no tenían carne apenas. ¿Por qué acabar con una vida de tan poca carne y con tanta belleza? me preguntaba con apenas 4 ó 5 años. Me hacía muchas preguntas al respecto, ¿Cómo los cazadores o los toreros pueden decir que aman la naturaleza?. ¿Cómo puede pensar el hombre que vive sólo en la tierra y en el universo?. ¿Caballos esclavos, porqué los obligamos a trabajar, los encerramos, pegamos y les ponemos hierros en la boca para torturarlos y que sean nuestros esclavos?, ¿Habéis pensado lo que significa montar a caballo o montar en un carruaje tirado por ellos?. ¡Si son bellísimos en libertad!.

Cuando llegué a los 23 años, decidí convertirme en vegetariana tras una experiencia muy intensa en un supermercado. Resulta que caminaba por uno de los supermercados más grandes de Sevilla, concretamente llegué al pasillo donde estaban las carnes. Y pude sentir en mí cómo aquellas carnes que procedían de aquellos animales gritaban, y emitían alaridos de dolor, llegué a conectar energéticamente con aquellas carnes y sentí la angustiosa y desesperante vida que habían llevado. Además sentí tal nivel de empatía con estos animales que lo viví como si fuera carne procedente de seres humanos. Me explico mejor, sabía que la carne no era humana obviamente pero lo sentí empatizando con el dolor que pasaríamos nosotros y la angustia si fuéramos quienes viviéramos así, en esos campos de concentración que llamamos granjas sin ver la luz del sol jamás, siendo destetados nada más nacer y apartados de nuestra madre, hormonados y obligados a ingerir productos para engordar y así podernos matar para comernos. ¡Sería algo insoportable, atroz!. ¿Qué barbaridad estamos haciendo con nuestros hermanos los animales?, si se supone que somos los seres más evolucionados, ¿no deberíamos de cuidar de los más débiles?, ¿Cómo podemos alimentarnos de una carne infectada de dolor?, ¿Cómo puede ser bueno para la salud una carne infectada de sufrimiento y dolor?. ¿Estamos locos los seres humanos?, ¿Cómo podemos hacer tal brutalidad con otros seres vivos para alimentarnos de ellos? ,¿nadie se da cuenta?.

Fue una experiencia tan impactante que mi vida cambió por completo, ya no pude volver a comer carne. Al principio me daban ganas de coger un megáfono y salir a la calle a explicarles a todos. Que todos salieran de este estado somnoliente donde nadie se da cuenta de nada de lo que pasa en el mundo. Cuando estaba en un bar, comiendo con amigos se me caían las lágrimas de ver como la gente pedía carne y más platos de carne sin darse cuenta de dónde procede esa carne. Al principio sufrí muchísimo.

Con el tiempo fuí aprendiendo y dándome cuenta, que la gente no iba a dejar de comer carne porque yo se lo dijera. Comprendí que cada persona tiene un grado de consciencia sobre el mundo, la vida, las personas, etc. Y que está en constante evolución y que la vida y las experiencias vividas hacen que poco a poco vayamos tomando consciencia.

Así que empecé a aceptar que yo misma comía carne antes y que los demás lo hacían por ignorancia, igual que yo misma en otro tiempo. Seguí siendo vegana en la intimidad, y dejé de comprar todo tipo de productos que implicaran el sufrimiento de otro ser vivo. Me dí cuenta que lo único que yo puedo aportar al mundo es a mí misma, y mi conducta. Y eso hice, esforzarme por ser mejor persona cada día sin compararme con nadie y respetando que los demás lo hagan al ritmo que quieran.

Si hubiera ido al psiquiatra probablemente me hubiera diagnosticado una psicosis, me hubiera medicado y quien sabe cómo me podría encontrar ahora… Afortunadamente no fuí y mi vida siguió igual que sigue la mayoría de las vidas de la gente.

No es la única experiencia “especial” que he tenido. He tenido otras: comunicarme con árboles y otros seres, he visto fantasmas, personas que han fallecido o desencarnados, y algunas otras vivencias que no toca relatar en este breve artículo. Y os puedo asegurar que no estoy loca, que cada vez yo diría que estoy más cuerda.

Me consta que como yo hay muchísimas personas que están siendo etiquetadas y medicadas paralizando sus vidas, y confundiéndolas con locos cuando son simplemente personas a mi juicio, más evolucionadas filogenéticamente que las demás. De ahí su rareza o su fortaleza según se mire.

Creo que el ser humano sigue su evolución filogenética imparablemente y que no todos lo hacemos al mismo ritmo. Hay unos que van a la cabeza y son pioneros de estas nuevas sensibilidades y capacidades, que a mi juicio son maravillosas, y no hacen daño a nadie, al contrario son signos de seres humanos moralmente sensibles, y pioneros de una nueva humanidad más humana y desarrollada que la que hemos visto todos históricamente hasta el día de hoy.

Por ello, me parece una gran barbaridad etiquetarlos como locos, pues estas personas pueden ser quienes vengan a cambiar el mundo y a transformarlo en un lugar más habitable para todos los seres que la habitan y el futuro de esta humanidad. Y si no fuera así, simplemente déjenlos vivir y sentir lo que les plazca pues si los dejan vivir libremente como ellos sienten serán felices con sus vidas, pero si intentan etiquetarlos con diagnósticos del DSM-V acabarán creyéndose raros, locos, y como tales se comportarán, pues todos los tratarán como tales. Acabarán perdiendo trabajo, parejas, amigos, familia y su propia vida porque la medicación convierte en zombis a las personas, como ya atestiguan multitud de estudios como los realizados por Francisco Appiani, o los muchos mostrados por Robert Whitaker, Javier Álvarez, Stuart Shipko, o los que Peter C. Gøtzsche critica en su libro «Psicofarmacos que matan y denegacion organizada». Todos hablan de los efectos nocivos de los psicofármacos, y el enriquecimiento de las farmacéuticas en relación al asombroso aumento del número de personas con diagnósticos de enfermedades mentales, un 50% ya en EE.UU. ¿Y en qué les han ayudado? ¡en nada!. Simplemente les han destrozado la vida.

Quien es el loco, ¿El que se adapta a un mundo como este que ha perdido el norte en casi todo, o el que se da cuenta del absurdo y no se siente parte de él?.

Si tú lector te identificas conmigo, respira hondo y tómate todo esto con calma, cambiar el mundo requiere que la humanidad cambie de consciencia y eso no depende de ti, sino de cada uno. Además eso no se hace en 2 días, sigue viviendo en coherencia y haz lo posible en tu día a día para favorecer este mundo nuevo que ya toca, sobre todo en ti y en tu vida cotidiana. Vívelo con paciencia, y respeta que los demás no vean las cosas como tú y vivan de forma diferente, igual que no podemos obligar a una rosa a que abra su capullo y florezca más rápido de lo que le toca. Eso sí, vive ya, aquí y ahora, tal y como lo sientes, porque cuando lo hagamos muchos y solo con eso, el mundo ya será otro. Un abrazo a todos.

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