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Miércoles, 19 de Enero de 2022

Cómo viví sin medicación

 

Cómo viví sin medicación y cómo casi me mato por ella.

Yo solo era una persona con percepciones especiales.

Cuando tenía 4 años, me encontraba en el club náutico de oficiales de Ferrol habiendo nadado ya en alguna ocasión, me tiro a la piscina «de los mayores», en ese momento escucho gritos histéricos diciendo cosas como «¡¡hay un niño en el agua!!» «¡¡se va a ahogar!!»; entro en pánico, estoy muy cerca de la escalera pero no consigo avanzar y creo que efectivamente me voy a ahogar, cuando de repente veo una figura venir hacia mí y me agarra, identifico a esa figura como la Virgen María que viene a salvarme. Poco después soy consciente que quien me está abrazando es mi madre, entiendo que mi madre es mi Virgen María.

Otro día, en el mismo lugar, estando de pie al lado de la piscina, noto que me pongo paralelo al suelo, me parece una experiencia fantástica y voy emocionado a contárselo a mi madre, ella se encuentra con unas amigas, al decírselo ella dice algo así como “tonterías de niños”… “imaginación”…. Me dolió muchísimo ese rechazo, recuerdo perfectamente que pensé, no me creen pero yo se que lo que he vivido es cierto. En ese momento creí que mi cuerpo se había puesto paralelo al suelo, ahora creo que me puse paralelo al suelo solo en “alma”.

A partir de esa época, me ocurre que dejo de comer bien, estoy triste y desganado, me llevan a médicos que nunca supieron que era lo que me pasaba.

Cuando tenía 7 años, me encontraba un día en casa de unos amigos de mis padres en la que vive un amigo de mi edad. Resulta que hacía unos dos meses que había ido al médico porque me dolía mucho el estómago, sin yo saberlo, a mi padre le estaban haciendo otras pruebas médicas, nos dieron los resultados el mismo día, mi diagnóstico fue de úlcera de estómago y el de mi padre cáncer de pulmón con metástasis.

Estando cenando en casa de dicho amigo, llaman al teléfono, que está en la otra punta de la casa. Mi amigo va a cogerlo y escucho “está muerto” (creo que fue algo telepático o algo así, no creo que mi amigo hablara), siento la certeza de que mi padre ha fallecido, inmediatamente me pongo a llorar, el padre de familia sorprendido, me pregunta ¿qué te pasa? a lo que respondo que mi padre está muerto. Él me dice que no, que mi padre está muy grave pero no está muerto y le creo, pero cuando me llevan a mi casa mi madre me dice lo que en el fondo yo ya sabía, que “papa está en el cielo”.

No sé si antes o después del fallecimiento de mi padre, estando en la misma casa, vemos una película de Tarzán, al terminar me doy cuenta de que la gente habla de la película y yo no me he enterado de nada, entiendo que soy raro, en aquella fecha, creo que aún no se había inventado el trastorno de déficit de atención, pero es el primer síntoma que recuerdo de ese tipo de hiperia.

Muchos años después, le cuento a mi hermana, que también experimenta hiperias, lo que viví, ella me explica que ella también supo del fallecimiento de nuestro padre antes de que se lo comunicaran.

Cuando tenía 10 años, en el aula del colegio de Maristas de Cartagena, el “hermano” (profesor del clero) nos cuenta que existe una energía y hace un experimento, nos coge a mí, que soy un niño flaco con escasa fuerza y al niño más fuerte de la clase. El hermano me pide que ponga el brazo paralelo al suelo y lo mantenga así lo más fuerte que pueda, le dice al otro chico que me lo doble y lo hace sin problemas.

A continuación, me dice que imagine una energía recorriendo el brazo, como si fuera una manguera con mucha presión y les pide al resto de alumnos que enfoquen su atención en mi brazo, siento mucha energía en el brazo, le vuelve a pedir al chico fuerte que me doble el brazo y éste es incapaz de hacerlo.

Con 22 años, cuando hacía unos meses que terminó mi relación con mi primer amor, llevaba estos meses fumando mucho hachís, los porros me empezaron a sentar de una manera diferente, en vez de relajarme y darme sueño, me ponían más activo y con menos necesidad de dormir, me sentía muy bien, enérgico, seguro de mi mismo (hipomaníaco).

Llegué a un punto en el que no dormía nada, pasaron hasta tres días sin conciliar el sueño ni un segundo, me encontraba en un estado intermedio entre el sueño y la vigilia, notaba los sentidos increíblemente agudizados; mientras no dormía en la cama, podía escuchar la respiración de los vecinos, mi cabeza funcionaba a una velocidad de vértigo y a ella llegaba muchísima información.

Había momentos en los que me encontraba en la calle y si había varios grupos de personas, hablando cada grupo de sus cosas, yo escuchaba todas a la vez y las relacionaba, para mi todas las conversaciones formaban parte de una conversación mayor que al parecer solo yo entendía, la información que yo percibía era un popurrí de todas y sentía que tenía sentido, que todos estábamos conectados de una manera que se escapaba a mi razón.

Empiezo a actuar de manera “extraña”, estando en el piso de estudiantes de unos amigos, fumando porros, me percato de que un chico que tenía en frente y no conocía de nada es igual que yo, que somos lo mismo… De repente digo lo que siento, le digo delante de los presentes (amigos y desconocidos) que somos iguales, que somos hermanos y siento que mis amigos no me entienden y de alguna manera reprochan este tipo de actitudes.

Percibo una energía, todo es mágico, las conversaciones de la gente me parecen banales y lo son, puesto que el mundo que estoy descubriendo es realmente apasionante, noto la energía de la gente, no me centro en lo que dicen sino en la energía que transmiten, me fijo mucho en las posturas que adoptan las personas, como sitúan los pies, apuntando unos a otros y me percato de que la gente inconscientemente adopta esas posturas para transmitir o recibir la energía, me recuerda a las imágenes de gente haciendo “huija” en las que hacen un círculo y se agarran de las manos para repartir la energía. Estando yo mirando al suelo y ajeno a las palabras que se dicen, noto sin fallo cuando otro quiere hablar, entonces lo miro y justo empieza a hacerlo, así continuamente, parece como si yo fuera el que diera permiso para que otro hablara o por lo menos sabía cuando iba a intervenir;

Mis amigos se preocupan por mí, el más inseparable de ellos, me dice que me estoy quedando “pillado” (En nuestro argot es que te estás quedando loco) y yo le digo que si es así me estoy quedando felizmente pillado, a lo que él me responde que eso no existe, que nadie puede estar felizmente pillado.

Estando en un limbo entre la vigilia y el sueño, noté que me encontraba en un “lugar” en el que estaba todo el conocimiento, en el que cualquier pregunta que hacía era respondida, entendí que cuando muriera iría a ese “lugar” todas mis dudas tendrían respuesta.

Recupero la fe que había perdido y decido bautizarme de nuevo, pero yo solo en mi casa.

Mi madre también me ve raro y le cuento que no duermo, me pregunta si quiero ir al médico o ver a un cura, le digo que no, pues ya sabía que la gente que había tenido este tipo de experiencias y habían estado en un psiquiátrico habían salido mucho peor y de los curas no quería saber nada, puesto que se habían empeñado toda la vida en obligarme a creer en lo que ellos creen y no necesito a nadie que interfiera por mí ante Dios, puesto que siento que mi conexión con Dios y mi fe es mucho mayor que los que recitan de memoria sermones y credos sin sentirlo.

Tras las experiencias anteriores, pasé una etapa de incertidumbre, no sabía entender que me había pasado ni lo que era real o imaginación, aunque algo en mí había cambiado para siempre, sabía que el humano es algo más que el cuerpo físico. Como afortunadamente no fui al médico, no vi mermadas mis facultades ni físicas ni intelectuales, meses después de mis experiencias aprobé la oposición de Guardia Civil, en la que hacen unos test psicológicos en los que descartan a mucha gente, pero como sabía perfectamente que si respondía la verdad me descartarían, me inventé un perfil psicológico parecido al mío, pero ocultando mis experiencias hipéricas así como mis contactos con las drogas y mi rebeldía.

Con la edad de 26 años, llevaba unos cuatro años viviendo una vida normal, aunque había vuelto a fumar porros intermitentemente, en el momento de la experiencia que relato a continuación, llevaba tiempo sin fumar ni beber.

Era la noche entre el 10 y el 11 de marzo de 2004, me encuentro en la cama y noto de repente una fortísima energía que entra por un punto de mi cuerpo, lo recorre y sale por otro (antes recordaba los puntos de entrada y salida, ahora ya no), me sentía hiper energético y tuve tres pesadillas espeluznantes, yo nunca tenía pesadillas, me impactaron muchísimo, también escuché en mi cabeza la voz de mi madre llamándome, aunque sabía perfectamente que ella no estaba ahí y que mis oídos no lo habían escuchado, pero mi mente recreó perfectamente su voz de una manera que yo conscientemente no puedo recrear, aun a día de hoy no sé explicar si fue algo telepático, simple imaginación o que mi subconsciente trataba de decirme algo.

Tras esa agitada noche, entré a trabajar a las 06:00, estaba nervioso y cuando estando en un bar vi las noticias de los atentados de Madrid, relacioné mis pesadillas con los atentados.

Por la noche fui a ver al que era mi mejor amigo de la G.C., le dije que estaba muy nervioso y me acompañó al médico (realmente hasta yo sabía que no estaba en buen estado para trabajar con una pistola).

El médico me dio la baja y volví a Cartagena, en estado hipérico y en los días que pasaron desde que me dieron la baja hasta que me examinó un psiquiatra, me llegó una carta de una prima de mi edad (a la que le dio un brote hipérico que yo viví con ella), me dijo que ella era bipolar y que posiblemente yo también lo sería que le habían dado una medicación y estaba bien. Se lo dije al médico y me recetó trileptal, volví a trabajar y entré en la peor de las depresiones de mi vida, un auténtico infierno, aunque seguí trabajando hasta que decidí retirarme del oficio por propia voluntad.

Una vez me di cuenta que en este planeta hay una guerra entre el mundo espiritual y el mundo material, interpreté que nos encontrábamos en la tercera guerra mundial. Ahora creo que en parte me equivoqué, puesto que la guerra del mundo material y espiritual ha estado siempre, aunque nunca dejaré de creer en que los hackers y la informática traerán (ya lo hacen) el conocimiento que le ha sido vetado al pueblo y con ello llegará la verdadera libertad, puesto que el conocimiento te hará libre.

Jesús Bueno

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